Las Palmas impone su ley y vuelve a hacer suyo el clásico canario

Sin discusión, el clásico recuperó el color amarillo. Superior en todas las líneas y en todos los órdenes, vencedora hasta en los cambios, Las Palmas exprimió con éxito su argumentario y fue paciente en lo que acabó encontrando a Pejiño una vez en cada tiempo, sobresaliente con sus dos goles. Enfrente, el Tenerife solo tuvo veinte minutos en los que llevó el partido a su propuesta. En lo demás, su flojera solo permitió abrillantar el juego de la Unión Deportiva.

La victoria de Las Palmas, que vuelve a ganar después de un mes, le hará salir revitaminada de un derbi decepcionante en el que solo estuvo en su nivel un equipo. El Tenerife –entre atemorizado y desconectado– volvió a la versión sin chispa de sus peores citas de este curso. Encajó el primer gol después de conceder hasta cinco remates, no se corrigió tras la pausa y después del 2-0 rozó a ratos el bochorno que no tapa el tardío gol de Dauda, ya con todo resuelto.

Ramis sorprendió dejando fuera del once a Sipic y Iván Romero y por ahí comenzó a facilitarle el triunfo a Las Palmas. La primera parte de Carlos Ruiz, sobreexcitado pese a los galones en un clásico en el que tanto hizo otras veces, metió más inseguridades que certezas a la zaga del Tenerife. Y el concurso de Elady fue un remedo frente a lo que venía dando Iván Romero, ni una pugna ganada ni un control con el que fabricar un ataque con algo de sentido.

Pimienta, como se esperaba, armó una línea por delante de los medios con Moleiro, Viera y Pejiño y recuperó para la punta a Marc Cardona. La consecuencia fue que Las Palmas hizo del toque corto y la movilidad virtud, especialmente por los flancos para combinar hacia dentro por donde le fueron cayendo los remates a Soriano.

Muy pronto Cardona (m.5) –como luego Moleiro (m.14) o Pejiño (m.16)– en el partido a pecho descubierto con el que coqueteó el Tenerife en el primer sexto pudo salir peor parado de no ser por las manos que metió Soriano. Y como no le duraba el balón más de tres pases –solo lo que pasó por Teto amenazó con ser génesis de alguna jugada con sentido–, los amarillos jugaron encantados de que su rival corrigiera espacios continuamente cuando le llegaban de cara.

Así que para el minuto 20, el Tenerife ya se había aculado definitivamente para juntarse en un tercio de campo. La fórmula no le fue mal durante un rato que pareció hasta enorme. Las Palmas perdió un punto de aceleración y se adormeció el clásico entre la voluntad de los locales para sacar petróleo de las asociaciones y la determinación del grupo de Ramis porque pasara nada cerca de su puerta.

Pero apareció la enésima combinación a la corta y una mala basculación del Tenerife –Carlos Ruiz sobrepasado, blando para cortar, todos tarde para corregir– habilitó un tiro en la frontal de Pejiño, imposible para Soriano, justo premio a la voluntad de los suyos por no entender el 0-0 como un destino, sino como un simple punto de partida.

El gol de Pejiño fue una consecuencia de la querencia de Las Palmas por la pelota y de la incapacidad del Tenerife para discutirle el guion, antes concediéndole un remate tras otro y siempre perdedor de cualquier pugna que impidiera la segunda jugada local o una salida con sentido que superara a los centrales. Sin Romero en el campo, se quedó una noche idílica para Curbelo y Coco, superiores en los duelos.

De la pausa volvió el Tenerife corrigiendo el once para sentar a Carlos Ruiz y meter a Sipcic. Nada más, así que el partido siguió por el mismo cauce. Moleiro se estrenó con otro desborde por su flanco y una vaselina de pícaro que no cogió puerta (m.47) y antes del cuarto de hora le puso el sello de archívese el clásico Pejiño, cómo no. En una pelota que le cayó por la calle del ocho, salvó la entrada –de aquella manera los cruces de Buñuel y Aitor Sanz–, condujo unos metros y le clavó a Soriano un tirazo desde treinta metros pegadito al poste.

Pejiño mató el partido con 2-0 y todo lo que vino después le sobró a un Tenerife que ni con el segundo guantazo se sacó una baza con pinta de ganadora. La rotación de Pimienta, hasta en ventaja, fue anterior a la de Ramis. Metió a Marvin Park para seguir sometiendo el flanco de Mellot y a Andone, que acabaría encontrando premio ganando la carrera y el forcejeo a Sergio para hacer un 3-0 hiriente. Cuando Ramis se decidió a hacer algo, andaría pensando en el Tenerife-Oviedo del próximo miércoles. Quitó primero a Aitor Sanz y Gallego, luego a Waldo y con un cuarto de hora por jugar reapareció Shashoua como quinto relevo y última opción.

La entrada del inglés, como las demás, solo sirvió para hurgar en la herida de la fallida propuesta del Tenerife, por más que cayó más cerca de Domínguez. No cambiaron el paisaje del clásico y Las Palmas se dedicó con éxito a que los de negro corrieran como pollos descabezados detrás del balón. Y aunque el buen tanto de Dauda –primer tiro entre los palos ya con el partido moribundo– mantendrá el 3-0 de 2014 en el Heliodoro como la victoria más amplia en 71 encuentros de rivalidad, ni saca de pobre al Tenerife, ni oscurece la faena de Las Palmas, mejor este sábado en todos los órdenes y brillante cuando tocaba.

(3) UD LAS PALMAS: Álex Domínguez; Álex Suárez, Saúl Coco (Sidnei, m.84), Eric Curbelo, Sergi Cardona; Loidice, Mfulu; Pejiño (Park, m.60), Jonathan Viera, Moleiro (Fabio, m.71); y Marc Cardona (Andone, m.61).

(1) CD TENERIFE: Soriano; Aitor Buñuel, Carlos Ruiz (Sipcic, m.46), Sergio González, Mellot; Teto, Aitor Sanz (José Ángel, m.64), Javi Alonso, Waldo (Mo Dauda, m.71); Elady (Shashoua, m.77) y Enric Gallego (Iván Romero, m.64).

GOLES: 1-0, m.39: Pejiño. 2-0, m.57: Pejiño. 3-0, m.89: Andone. 3-1, m.90+3: Mo Dauda.

ÁRBITRO: Francisco José Hernández Maeso (Comité Extremeño). Amonestó a Jonathan Viera (m.35), Coco (m.42), Mfulu (m.68) y Andone (m.89) y a los visitantes Waldo (m.17) y Enric Gallego (m.21),

INCIDENCIAS: Partido de la décimo séptima jornada de LaLiga SmartBank 22-23 disputado en el estadio de Gran Canaria ante 31.047 espectadores, de ellos 700 seguidores del CD Tenerife. Realizó el saque de honor el cantante Pedro Quevedo.

Sin discusión, el clásico recuperó el color amarillo. Superior en todas las líneas y en todos los órdenes, vencedora hasta en los cambios, Las Palmas exprimió con éxito su argumentario y fue paciente en lo que acabó encontrando a Pejiño una vez en cada tiempo, sobresaliente con sus dos goles. Enfrente, el Tenerife solo tuvo veinte minutos en los que llevó el partido a su propuesta. En lo demás, su flojera solo permitió abrillantar el juego de la Unión Deportiva.

La victoria de Las Palmas, que vuelve a ganar después de un mes, le hará salir revitaminada de un derbi decepcionante en el que solo estuvo en su nivel un equipo. El Tenerife –entre atemorizado y desconectado– volvió a la versión sin chispa de sus peores citas de este curso. Encajó el primer gol después de conceder hasta cinco remates, no se corrigió tras la pausa y después del 2-0 rozó a ratos el bochorno que no tapa el tardío gol de Dauda, ya con todo resuelto.

Ramis sorprendió dejando fuera del once a Sipic y Iván Romero y por ahí comenzó a facilitarle el triunfo a Las Palmas. La primera parte de Carlos Ruiz, sobreexcitado pese a los galones en un clásico en el que tanto hizo otras veces, metió más inseguridades que certezas a la zaga del Tenerife. Y el concurso de Elady fue un remedo frente a lo que venía dando Iván Romero, ni una pugna ganada ni un control con el que fabricar un ataque con algo de sentido.

Pimienta, como se esperaba, armó una línea por delante de los medios con Moleiro, Viera y Pejiño y recuperó para la punta a Marc Cardona. La consecuencia fue que Las Palmas hizo del toque corto y la movilidad virtud, especialmente por los flancos para combinar hacia dentro por donde le fueron cayendo los remates a Soriano.

Muy pronto Cardona (m.5) –como luego Moleiro (m.14) o Pejiño (m.16)– en el partido a pecho descubierto con el que coqueteó el Tenerife en el primer sexto pudo salir peor parado de no ser por las manos que metió Soriano. Y como no le duraba el balón más de tres pases –solo lo que pasó por Teto amenazó con ser génesis de alguna jugada con sentido–, los amarillos jugaron encantados de que su rival corrigiera espacios continuamente cuando le llegaban de cara.

Así que para el minuto 20, el Tenerife ya se había aculado definitivamente para juntarse en un tercio de campo. La fórmula no le fue mal durante un rato que pareció hasta enorme. Las Palmas perdió un punto de aceleración y se adormeció el clásico entre la voluntad de los locales para sacar petróleo de las asociaciones y la determinación del grupo de Ramis porque pasara nada cerca de su puerta.

Pero apareció la enésima combinación a la corta y una mala basculación del Tenerife –Carlos Ruiz sobrepasado, blando para cortar, todos tarde para corregir– habilitó un tiro en la frontal de Pejiño, imposible para Soriano, justo premio a la voluntad de los suyos por no entender el 0-0 como un destino, sino como un simple punto de partida.

El gol de Pejiño fue una consecuencia de la querencia de Las Palmas por la pelota y de la incapacidad del Tenerife para discutirle el guion, antes concediéndole un remate tras otro y siempre perdedor de cualquier pugna que impidiera la segunda jugada local o una salida con sentido que superara a los centrales. Sin Romero en el campo, se quedó una noche idílica para Curbelo y Coco, superiores en los duelos.

De la pausa volvió el Tenerife corrigiendo el once para sentar a Carlos Ruiz y meter a Sipcic. Nada más, así que el partido siguió por el mismo cauce. Moleiro se estrenó con otro desborde por su flanco y una vaselina de pícaro que no cogió puerta (m.47) y antes del cuarto de hora le puso el sello de archívese el clásico Pejiño, cómo no. En una pelota que le cayó por la calle del ocho, salvó la entrada –de aquella manera los cruces de Buñuel y Aitor Sanz–, condujo unos metros y le clavó a Soriano un tirazo desde treinta metros pegadito al poste.

Pejiño mató el partido con 2-0 y todo lo que vino después le sobró a un Tenerife que ni con el segundo guantazo se sacó una baza con pinta de ganadora. La rotación de Pimienta, hasta en ventaja, fue anterior a la de Ramis. Metió a Marvin Park para seguir sometiendo el flanco de Mellot y a Andone, que acabaría encontrando premio ganando la carrera y el forcejeo a Sergio para hacer un 3-0 hiriente. Cuando Ramis se decidió a hacer algo, andaría pensando en el Tenerife-Oviedo del próximo miércoles. Quitó primero a Aitor Sanz y Gallego, luego a Waldo y con un cuarto de hora por jugar reapareció Shashoua como quinto relevo y última opción.

La entrada del inglés, como las demás, solo sirvió para hurgar en la herida de la fallida propuesta del Tenerife, por más que cayó más cerca de Domínguez. No cambiaron el paisaje del clásico y Las Palmas se dedicó con éxito a que los de negro corrieran como pollos descabezados detrás del balón. Y aunque el buen tanto de Dauda –primer tiro entre los palos ya con el partido moribundo– mantendrá el 3-0 de 2014 en el Heliodoro como la victoria más amplia en 71 encuentros de rivalidad, ni saca de pobre al Tenerife, ni oscurece la faena de Las Palmas, mejor este sábado en todos los órdenes y brillante cuando tocaba.

(3) UD LAS PALMAS: Álex Domínguez; Álex Suárez, Saúl Coco (Sidnei, m.84), Eric Curbelo, Sergi Cardona; Loidice, Mfulu; Pejiño (Park, m.60), Jonathan Viera, Moleiro (Fabio, m.71); y Marc Cardona (Andone, m.61).

(1) CD TENERIFE: Soriano; Aitor Buñuel, Carlos Ruiz (Sipcic, m.46), Sergio González, Mellot; Teto, Aitor Sanz (José Ángel, m.64), Javi Alonso, Waldo (Mo Dauda, m.71); Elady (Shashoua, m.77) y Enric Gallego (Iván Romero, m.64).

GOLES: 1-0, m.39: Pejiño. 2-0, m.57: Pejiño. 3-0, m.89: Andone. 3-1, m.90+3: Mo Dauda.

ÁRBITRO: Francisco José Hernández Maeso (Comité Extremeño). Amonestó a Jonathan Viera (m.35), Coco (m.42), Mfulu (m.68) y Andone (m.89) y a los visitantes Waldo (m.17) y Enric Gallego (m.21),

INCIDENCIAS: Partido de la décimo séptima jornada de LaLiga SmartBank 22-23 disputado en el estadio de Gran Canaria ante 31.047 espectadores, de ellos 700 seguidores del CD Tenerife. Realizó el saque de honor el cantante Pedro Quevedo.

Sin discusión, el clásico recuperó el color amarillo. Superior en todas las líneas y en todos los órdenes, vencedora hasta en los cambios, Las Palmas exprimió con éxito su argumentario y fue paciente en lo que acabó encontrando a Pejiño una vez en cada tiempo, sobresaliente con sus dos goles. Enfrente, el Tenerife solo tuvo veinte minutos en los que llevó el partido a su propuesta. En lo demás, su flojera solo permitió abrillantar el juego de la Unión Deportiva.

La victoria de Las Palmas, que vuelve a ganar después de un mes, le hará salir revitaminada de un derbi decepcionante en el que solo estuvo en su nivel un equipo. El Tenerife –entre atemorizado y desconectado– volvió a la versión sin chispa de sus peores citas de este curso. Encajó el primer gol después de conceder hasta cinco remates, no se corrigió tras la pausa y después del 2-0 rozó a ratos el bochorno que no tapa el tardío gol de Dauda, ya con todo resuelto.