Los vecinos de Telde quieren saldar la deuda histórica con el comunista Juan Tejera

Juan Tejera marcha en Jinámar junto a compañeros y compañeras portando una corona de flores para depositarla en la Sima, lugar donde fueron arrojados represaliados canarios tras el golpe fascista de 1936.

Gara Santana

Las Palmas de Gran Canaria —

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La Asociación de Vecinos del barrio de Jinámar, en el municipio grancanario de Telde, reclaman desde hace años que el callejero municipal refleje los nombres de tres de sus vecinos por su contribución al progreso del barrio y la lucha por valores de igualdad y justicia social. Ayudar a traer niños al mundo o arreglar la madre, en momentos del siglo XX donde la sanidad pública no llegaba ni de lejos a todos los hogares como fue el caso de Pino Calderín; contribuir al movimiento vecinal y la promoción del deporte como Pablo Rodríguez Hernández; o en la historia que nos ocupa, poner el cuerpo y en riesgo la propia vida por la lucha por la democracia, el caso de Juan Tejera Santana.

Detenido por comunista en su casa de Jinámar

En julio de 1936, en la misma isla desde la que Franco partió para liderar el golpe de Estado contra el gobierno de la II República, dos hermanos fueron detenidos por la Guardia Civil en lo que, entre los comunistas, era conocido como “la Rusia chica” como un guiño de humor exagerado a la cantidad de opositores al franquismo que podían encontrarse entonces por metro cuadrado en el barrio. Eran Juan y José Tejera. José había sido Teniente de Alcalde en el Ayuntamiento de Telde durante la Segunda República y Juan sería concejal del segundo gobierno democrático en el municipio tras la dictadura. Pero lo que sucede entre esos dos hechos es un periplo de represión, dolor y poca gloria, aunque no se le escucha en el relato ni lamentos ni una pizca de autocompasión. “A mí me cogieron el 7 de agosto”, contaba Juan Tejera en una entrevista, grabada en los años 90, a su compañera de corporación municipal Nieves Suárez. “El mismo que tenía escondido a mi hermano, lo delató y ese mismo día lo mataron, sin consejo de guerra y sin nada”. 

Esos días, su madre, Mariquita Jesús Santana, que había escondido a sus hijos hasta en el aljibe de la casa, que llegó a estar presa por no entregarles, se preguntaba dónde estarían, sin saber que José estaba muy cerca, a pocos metros, arrojado al tubo volcánico de la Sima de Jinámar con un tiro en la cabeza.

Por su parte, Juan empezaría un periplo penitenciario de 14 años, esquivando todo el tiempo una muerte segura. Entró preso con tan solo 21 años y salió en libertad con 35.

“Así caí yo”

Varias veces le dieron por muerto, los falangistas le dispararon y escapó “brincando” tras un mostrador y escabulléndose por la parte de atrás de una tienda de Jinámar, pero el día 6 de agosto, estando Tejera en una zona del barrio conocida como Hornos del Rey, los falangistas le detienen y le llevan a la comandancia. “¿Usted es un Tejera”, le preguntan allí. A todo respondió que no. Incluso a la pregunta de si conocía a su hermano. “Yo no tenía miedo ninguno, yo no sabía qué era eso”, relata. Tras días alimentándose de pan y agua y tras un consejo de guerra celebrado en el cuartel de San Francisco -actual conservatorio de música de la ciudad de Las Palmas- que encauzaba a otros diez compañeros, le condenaron sólo a él a 30 años de cárcel porque asume voluntariamente los cargos de toda la causa. 

Archivo - Entrada de acceso a la basílica del Valle de los Caídos, a 17 de noviembre de 2021, en San Lorenzo de El Escorial, Madrid (España). El complejo monumental del Valle de los Caídos volverá a su denominación original de Valle de Cuelgamuros, según

“Vale más que caiga uno a que caigan cuatro”. Tejera sabía que en estado de guerra si el grupo supera en número las ocho personas, habría ejecuciones. Lo que siguió fue un periplo penitenciario por Barranco Seco (Las Palmas de Gran Canaria), Penal de Santa María (Cádiz), Melilla -donde perdió la audición de un oído a causa del paludismo-, Islas Chafarinas, Astorga (León); y el Valle de los Caídos en 1942, donde la pena incluía los trabajos previos a la construcción de la cruz del mausoleo y la privación de libertad. “Allí el que se caía [trabajando], nadie lo recogía, allí mismo se le enterraba en los riscos”, contaría Tejera en las grabaciones. “Por cada día trabajado, se restaban dos de condena”, explica en referencia a las normas del Patronato Central de Redención de Penas por el Trabajo al que Tejera y otros 20.000 presos se aferraron para salir de aquel infierno en la tierra.

Vuelta a Jinámar

Cuando fue puesto en libertad regresó a la Isla, a su Jinámar natal, y se echó a la espalda la tarea de la vecindad, militante y miembro del Partido Comunista, albañil y concejal en el segundo gobierno democrático del municipio de Telde, en donde su partido gobernó con Asamblea Canaria. 

Juan Tejera en un banco de la plaza de Jinámar, en Telde, muy cerca de su casa.

Desde la Asociación de Vecinos La Concepción no sólo recuerdan la faceta política de Tejera sino su dimensión humana, su carácter, su lucha por las mejoras de las infraestructuras del pueblo, como las alcantarillas y el alumbrado público. 

Faltan tres calles en Telde

Desde este periódico nos hemos puesto en contacto con el Consistorio para conocer el estado en que se encuentra la solicitud vecinal para las tres calles de los recordados vecinos de Jinámar. “No hay calles disponibles”, responden. Y añaden: “Las tendencias en los últimos años es la de solicitar la nominación de un espacio público”. Agregan que “un cambio de calles lleva un perjuicio a los residentes, cambio de escrituras, testamentos o DNI” y que, “ a no ser que exista aceptación por parte de los vecinos de esta circunstancia”, se trata de un proceso complicado. 

El vecino Juan Tejera

Desde la Asociación, su presidente Tomás Santana Borrego, explica que “existe gente que ha contribuido durante mucho tiempo y durante muchas generaciones al bienestar del pueblo, personas que han prestado su ayuda por la causa que sea y que el pueblo los conoce y los reconoce, que es lo más importante”. Para Santana, en el barrio hay muchas calles “que para ellos no significan nada aunque tienen su valor”. Sin ir más lejos, la calle Granada donde se encuentra el local de la Asociación, pero añade que el barrio tiene una serie de personajes esperando ser recordados que “tienen una historia que está totalmente enraizada con el pueblo”. Recuerda que Juan Tejera luchó junto al resto de vecinos para que Jinámar tuviera agua corriente y alumbrado público.

La Asociación ha reiterado recientemente al Ayuntamiento de Telde la demanda histórica de una calle para cada uno de los tres vecinos, respaldadas todas las solicitudes con la firma de más de 700 vecinos. “En Jinámar se ha cambiado el nombre a calles y no es un agravio para la mayoría de vecinos, incluso, se puede hacer constar durante un tiempo la nueva y la antigua denominación”, expresan. 

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