‘Saquen sus muertos’, el cómic que rescata la epidemia de cólera en ‘una isla atlántica’ en el verano de de 1851
Hay frases que nunca deberían normalizarse ni decirse con desdén, pero hay situaciones en la vida, normalmente en las que se juntan todas las penurias, en que se vuelve cotidiano lo tenebroso y lo triste y se une con el propio impulso del mundo y la vida de seguir adelante. Tan trágico como necesario.
Saquen sus muertos (Astiberri, 2026) es el título de la última publicación de Rayco Pulido, Premio Nacional del Cómic 2027, y es una frase que se tornó cotidiana durante la epidemia de cólera que azotó a una isla del Atlántico, dejándola incomunicada, en el terrible verano de 1851.
La muerte se ceba especialmente en la capital que apilaba sus muertos sin que tuvieran ya acomodo en el cementerio de la ciudad. Basado en los acontecimientos reales durante la epidemia de cólera que azotó la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria en 1851, el lugar del relato no es necesariamente la ciudad de Las Palmas (o tal vez sí), pero eso, para el autor del cómic y para el de la novela en la que se basa, Verano de Juan el chino, de Claudio de la Torre, no es lo más importante para contar una historia que transcurre en un clima apocalíptico donde surge, de repente, una dinámica de convivencia con la muerte, un héroe anónimo vagabundo y una historia de amor, ya que en palabras de Pulido: “Cuando la muerte está arrasando tu mundo, enamorarse es un acto de rebeldía”.
¿Qué historia se cuenta en Saquen sus muertos?
Es la historia de un personaje que se llama Juan, apodado El Chino. Es un personaje anónimo, no tiene familia, no tiene pasado, no tiene tierras; un desheredado que vive en un escenario casi apocalíptico, un momento especial en una isla atlántica a mitad del siglo XIX, donde una epidemia de peste cólera mata a gran parte de la población. Esa isla y ese evento se inspira en una epidemia real que tuvo lugar en Gran Canaria el verano de 1851, enfermedad que en apenas tres meses diezmó la población de la isla, en el caso de la capital, murió el 20% de sus habitantes.
Las clases sociales se simplifican a dos, la de los vivos y la de los muertos
En ese escenario, el que tiene posibles o una finca donde refugiarse, abandona el entorno urbano, y eso generó en la ciudad un orden social alternativo, propiciado por ausencia de autoridad que controle a la ciudadanía y el devenir de la ciudad. Las clases sociales se simplifican a dos, la de los vivos y la de los muertos. En ese “mundo nuevo” de supervivencia se desarrolla esta historia. Tanto en novela como en el cómic la crítica social tiene un peso específico, también habla sobre la condición humana, cómo tendemos a comportarnos ante crisis reales o cómo nos comportamos cuando nuestros actos no acarrean consecuencias negativas. Hay bastante misantropía en esta historia pero aún así, Juan aguanta el tipo e incluso se permite algo de idealismo romántico.
A la hora de la creación, ¿qué elementos has elegido como artista para contar esta historia, por el hecho de ser concretamente esta historia?; ¿Hubo alguna decisión especial en el uso del color, la elección de unas frases y no otras? ¿Algún recurso que como creador hayas empleado por primera vez en Saquen sus muertos?
La decisión inicial era que iba a ser blanco y negro, eso siempre lo tuve claro por el elemento central, que es la muerte y lo que se genera en torno a situaciones de pánico colectivo. Habitualmente trabajo en blanco y negro, salvo unos pocos casos el color se limita a un efecto ambiental o decorativo y yo quiero simplificar al máximo mi relación con el dibujo y también con el lector. En este caso, al contrario de lo que sucedía con mi anterior trabajo, Lamia, la imagen parte desde el blanco, desde la luz y los espacios vacíos. La historia transcurre en verano y aparte del calor sofocante debía representar el vacío propio de los terrenos de medianías, terrenos baldíos, páramos, polvo, etc.
Las variables isla y siglo XIX son relevantes porque cerrando el puerto incomunicas a la población
También la presencia del mar es importante, en este caso es una simple línea que transmite la sensación de horizontalidad a la composición y aporta calma, eso nosotros apenas lo percibimos porque es nuestro día a día, sólo cuando pasamos mucho tiempo fuera, en sitios sin mar, sentimos esa falta. La luz y belleza visual contrasta con la historia, ese contrapunto fue algo buscado, las viñetas apestan a enfermedad y muerte. También el hecho de que haya gran cantidad de escenario rural y natural hace que el dibujo sea también más orgánico, con mucha menos geometría de lo que es habitual en mi trabajo. Así que por ahí también fue un reto. Y luego la toma de decisiones de lo que se queda y lo que se va, en mi trabajo prima la narración visual e intento no utilizar textos a menos que sea estrictamente necesario, cuando no puedo transmitir la información de otra manera, pero condenso los diálogos todo lo que puedo intentando no perder el estilo y el tono.
Has comentado en la presentación algo que parece honesto en los tiempos que corren de relato, redes y SEO, que es que en tu proceso de contar la historia, cuando tú ves que la cosa se sube de emotividad o de drama, tú mismo la rebajas
Sí, es un poco no recrearse en la emoción y el dolor, en la parte dramática. Usar los personajes para atacar más a la tripa del lector que a su cabeza. Eso es algo que ejecuté en Nela, mi adaptación de la Marianela de Galdós, un texto que enfrié mucho, especialmente la parte final. Supongo que también tiene que ver con mi carácter, más bien seco.
Cuando leo cómics o libros demasiado emotivos, me desconecto y los abandono, yo hago los libros pensando en mí como primer lector e intento replicar lo que a mí me gusta ver en las historias. Además, a medida que te interesas por los procesos de creación, las estructuras de las historias y empiezas a releer desde un punto de vista analítico ya no hay vuelta atrás, le ves el andamiaje a casi todo, es sencillo encontrar el “emociónese aquí” de muchos autores y autoras e intento huir de eso. Hoy muchos productos de éxito siguen esta tendencia, yo no vivo del cómic, así que me puedo permitir andar mi senda.
Mencionabas al principio que, tal como hizo Claudio de la Torre en la novela, el cómic evita nombrar la ciudad real en la que están basadas todas las desgracias. ¿Qué te resulta a ti interesante del recurso narrativo de la omisión de la ubicación?
Primero respetar al autor del texto original, porque fue su decisión. El localismo hoy es un valor, las historias desde la periferia venden y se protegen. Pero en los setenta supongo que era un lastre. Verano de Juan El chino se publica en la prestigiosa Revista de Occidente que fundó Ortega y Gasset donde han publicado algunos de los más grandes de las letras hispánicas, esa una editorial tenía una buena distribución en latinoamérica e incluso para el caribe, tenía vocación internacional, de manera que intuyo una estrategia para no quedar relegado a las estanterías de la sección de literaturas locales.
También porque creo que a Claudio de la Torre para esta historia le interesan los ingredientes isla, S.XIX y epidemia, no un lugar concreto que lo aleje de la ficción. Lo que necesita es meter a un grupo de personajes en un entorno adecuado para que surjan los conflictos. De hecho, no se documentó demasiado, todo parte de una serie de artículos que escribió Néstor Álamo para la revista Falange en el 1962, esa fue su inspiración, una ficción basada en un evento real. Es como una matrioska, una ficción que sale de otra y ahora mi adaptación es una capa más.
Has recreado un universo asfixiante con algunas grietas por las que el lector respira para ir ansioso a la siguiente página, pero personalmente tú que tuviste que recrear ese ambiente que el lector percibe así, ¿qué opinas de lo que debieron ser aquellas largas horas de un verano caluroso de epidemia?
Yo creo que se lo puede imaginar cualquiera, la COVID19 no fue nada comparado con esto y mira el caos que generó. El cólera mata por deshidratación, mueres por vómito y diarrea, sin medicamentos debe ser una muerte horrible. Las variables isla y siglo XIX son relevantes porque cerrando el puerto incomunicas a la población. Sin puerto no hay mercancías, también pueblos y municipios estaban cercados para que nadie pudiera entrar ni salir. Esa situación se prolongó de junio a febrero, debieron pasar mucha hambre. En mi libro hay una escena de una madre y su hijo cazando palomas y ratas, esa escena es cosa mía, no sale en la novela original pero supongo que comerían cosas peores.
La guinda de esta historia es que tiene tintes de pleito insular…
Sí, es un hecho anecdótico, algo que encontré buscando documentación anexa para un posible texto que funcionara de epílogo, pero que al final descarté. Esta epidemia aparece como uno de los eventos fundacionales del pleito. Lo dejé en la presentación como una curiosidad. Hay un libro del historiador Agustín Millares Cantero, Santa Cruz dominadora*, que especifica todos los movimientos que se hicieron para mantener el bloqueo con vistas a quitarle o al menos deteriorar el negocio del puerto de Gran Canaria, que era el gran negocio de las islas. Ese artículo defiende que hubo bastante mala fe y que maniobraron para prolongar el bloque más de lo necesario, el último muerto es de septiembre y hasta febrero no entró un barco al puerto de Las Palmas. Pero bueno, eso lo dejo para investigadores, divulgadores, periodistas e historiadores, lo mío es la ficción.
*Millares Cantero, A. (2007). Santa Cruz dominadora: el centralismo interno y la provincia imposible en el XIX canario. Ediciones Idea.
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