TOMA DE TIERRA
Quevedo explicado a 'los Góngora'
Observo en mi generación y un poco más allá un miedo legítimo y humano a relacionarse con el fenómeno innegable del cantante Quevedo. Yo pasé por ahí y de ahí se sale. Fue el día en que tuve que cubrir un concierto suyo en el estadio de Gran Canaria. Él ahí entonces tendría unos 22 o 23 años y subió al escenario a Los Gofiones. Yo aún no sé cómo ni por qué aquel recinto no se vino abajo cuando empezaron a sonar las chácaras que anuncian un himno, como ocho podrían tener estas islas, y cantaron juntos Gran Canaria y, fue en ese preciso momento cuando mi intuición, a la que le tengo más fe que a mi inteligencia, me dijo que allí estaba pasando algo a lo que, al menos, los comunicadores no deberíamos ser ajenos aunque no lo entendamos.
No se trata (solo) de la música que haga Quevedo, que, por cierto, en su género ya ha llegado a lo más alto que se puede llegar en la música urbana y latina sin cambiar ni un ápice su vocabulario le está diciendo al mundo qué es un baifo, explicando palabras de un lugar tan frágil que alberga más de la mitad de las especies naturales amenazadas de todo el país. Se trata de una manera de comunicar que ha dado en el clavo y el clavo es una generación que lo tiene bastante jodido y que a falta de referentes que les inspiren confianza, podrían abrazar las ideas más egoístas convertidas en programas electorales que amenazan los derechos y libertades. En ese contexto, en medio de ese ruido, Quevedo hace un vídeo donde dos chicos, uno con una camiseta del Tenerife y otro con la de la Unión Deportiva Las Palmas, se besan en la boca y que siga la verbena.
Los canarios, las canarias crecemos con un anhelo que no se puede explicar. Es como no saber cómo te llamas exactamente, pero sí saber que tienes nombre propio. Una mezcla de sentido de la identidad, dolor por lo que se ha permitido que hagan con nuestro paisaje, con la autoestima de nuestra gente, un acento, que no es solo aspirar las eses, sino una mirada, y a todo eso hemos querido darle forma desesperadamente, como el que busca algo que ha perdido. No siempre se encuentra. Es el Roque Nublo, es El Teide, César Manrique, un bucio, las chácaras, son las tradiciones que resisten en la intimidad de los hogares, es la indignación colectiva de que atenten contra el patrimonio o talen un drago milenario, pero es abstracto, porque la identidad no se puede pensar, es algo más emocional, por eso reconocerla a través del arte nos resulta más sencillo que entenderla, y más sencillo que encontrar un criterio único de identidad para todos los canarios.
Quevedo lo que ha detectado son esos elementos que sí son comunes a todas las que nos sentimos canarias, cada una con sus matices, y los expone sin complejos, sin romantizar, sin edulcorar, pero sin ninguna inflexión en la voz. Le está diciendo a los canarios con la excusa de hablar con el mundo: “eso de lo que han dicho que te tienes que avergonzar, ese acento que te han dicho que tienes que ”neutralizar“, eso que te han dicho que no es importante, lo es, y si no lo fuera, es tuyo, es propio y merece la pena ser expresado”.
Señores, un chance
El miedo a lo que hacen los jóvenes y cómo lo hacen, es más viejo que algunos países de Europa. Esa desconfianza forma parte del instinto de supervivencia, nadie quiere que desaparezcan las estructuras que dan forma a lo que nos mantiene en el mundo. Queremos seguir en el mundo y no queremos que nada cambie (por eso la nostalgia en tiempos de guerra es el negocio más rentable y está estudiado por gente que sabe; la ola de remakes, tributos y versiones de clásicos invaden el mundo). Pero yo creo que hay algo muy interesante en respetar lo que no se entiende y no atenta contra la integridad de nadie. (Qué aburrido sería entender todo y movernos solo en aquello que conocemos, incluso movernos solo cerca de aquello que amamos).
Al día siguiente del concierto en que Quevedo subió a Los Gofiones al escenario, los Góngora, salieron en tertulias y columnas diciendo que aquello no era música, que si Quevedo no vocaliza, que cómo Los Gofiones “se prestaron a aquello”. Y un gofión, añurgado todavía por lo que había vivido la noche anterior, salió en otro medio de comunicación y explicó que Quevedo es el único que les había pedido hacer algo así. Sentí que Los Gofiones lo entendieron todo y por eso en este último disco colaboran en la canción más bonita.
Como deberes para casa, que me apunto yo también, y ahora que se acerca el 30 de mayo y vamos a escuchar un montón de tonterías en una tierra masificada, asfixiada, escachada, sin acceso a la vivienda y con problemas estructurales serios, pensemos en quién está haciendo un esfuerzo sincero por la idea de canariedad tan manida y baboseada, y vamos a no descargar con un artista de 24 años las frustraciones que tenemos con los responsables políticos “nacionalistas” que nos han llevado a que parezca una revolución que un disco se llame El Baifo y recordando siempre que lo malo de ser purista de lo único que se conoce, aunque sea mucho, es que nunca será todo lo que hay por conocer.
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