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OPINIÓN | 'Una juventud frustrada', por Enric González

Una foto icónica sobre la proclamación de la II República

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Hoy 14 de abril de 2024 se cumplen 93 años de la proclamación de la II República, que tuvo como primera consecuencia el exilio del hasta entonces rey de España, Alfonso XIII. Cinco años después un golpe militar contra el Gobierno de la República provocaría la Guerra Civil. En esta magnífica fotografía de Benítez Casaus se refleja la euforia de la población en Madrid. La imagen fue captada en la calle Sevilla, con el fondo de la Plaza de Canalejas. Sobre el coche se encuentra mi padre, debajo de la bandera que él mismo había confeccionado improvisando en una tienda de telas que se encontraba próxima, cortó trozos con los colores de la República y los cosió y la bandera la sujetó a un metro de madera que le dejaron en el comercio de tejidos. Aparece agachado, con gabardina. Lo sabemos porque en vida él se identificó, en una foto que publicó el periódico El País. Entonces mi padre se encontraba estudiando en Madrid. Durante la Guerra Civil  fue capturado, encarcelado y condenado a muerte en Consejo de Guerra, pero no lo ejecutaron, nos contaba que todas las noches escuchaba cómo se abrían las puertas de las celdas de otros presos, siempre de madrugada, y poco después oía la descarga de fusilería en el patio de la prisión.

Mi padre estuvo 14 años en las terribles prisiones franquista, enfermó de tuberculosis como tantos presos políticos, que vivían en condiciones penosas. La última prisión donde estuvo fue el Castillo de Cuéllar. Al salir de prisión vino a Gran Canaria, al Sanatorio del Sabinal, a recuperarse de tanto sufrimiento. Allí conoció a mi madre, que era enfermera, e iniciaron una nueva vida. Pero siempre fue un represaliado político, no le permitieron tener pasaporte ni carnet de conducir, ni trabajo, salvo lo que le ofrecieron desde Cataluña, que era de donde procedía. En mi casa la poca de la puerta no ponía el nombre de mi padre, sino el hijo de Miguel Cuenca, su padre, porque hasta eso lo tenía prohibido. No me explico cómo pudo darnos estudios, a no ser que fuera por los grandes sacrificios que hizo. Nosotros seguimos su estela, luchamos contra el franquismo desde la Universidad, donde me detuvieron y me sometieron a un proceso del Tribunal de Orden Público, creado por el aparato franquista para reprimir a la oposición al Régimen. Algunos serían también entonces condenados a muerte o a largas penas de cárcel. A mí me quitaron la prórroga militar y me enviaron a lo que entonces era un pelotón disciplinario. Tuve que parar los estudios universitarios, que luego retomé con grandes dificultades, porque no tenía de derecho a becas de estudio.

Ahora, sin embargo, ironías del destino,  cuando debería estar disfrutando de un trabajo estable por haber conseguido, después de una larga trayectoria profesional. que 14.000 hectáreas del centro montañoso de Gran Canaria fueran declarados por la UNESCO como Patrimonio de La Humanidad, a raíz del descubrimiento del Templo Astronómico de Artevigua, ahora, digo, me encuentro como al principio, perseguido y sufriendo violencia política, pero no por el Régimen Franquista, sino por unos advenedizos, políticos del tres al cuarto que controlan el Cabildo de Gran Canaria, que no perdonan el que nos hayamos posicionado en contra del proyecto aberrante de la Ecoísla con la destrucción, entre otros muchos espacios, del Gran Arguineguín.  En consecuencia, me han sometido al ostracismo más absoluto y hace ya cinco años que no puedo trabajar en los proyectos que yo puse en marcha ni en ningún otro, dejándome en una situación de precariedad inaceptable. Es probable que, como sucedió con mi padre, me vea obligado también a poner en la placa de la puerta de mi casa lo de “Hijo de José María Cuenca,”, en vez de mi nombre, tal vez así el Cabildo de Gran Canaria, en manos de los que ahora me persiguen, Antonio Morales y Teodoro Sosa, se olviden entonces pronto de mí. Cruzo los dedos

Hoy 14 de abril de 2024 se cumplen 93 años de la proclamación de la II República, que tuvo como primera consecuencia el exilio del hasta entonces rey de España, Alfonso XIII. Cinco años después un golpe militar contra el Gobierno de la República provocaría la Guerra Civil. En esta magnífica fotografía de Benítez Casaus se refleja la euforia de la población en Madrid. La imagen fue captada en la calle Sevilla, con el fondo de la Plaza de Canalejas. Sobre el coche se encuentra mi padre, debajo de la bandera que él mismo había confeccionado improvisando en una tienda de telas que se encontraba próxima, cortó trozos con los colores de la República y los cosió y la bandera la sujetó a un metro de madera que le dejaron en el comercio de tejidos. Aparece agachado, con gabardina. Lo sabemos porque en vida él se identificó, en una foto que publicó el periódico El País. Entonces mi padre se encontraba estudiando en Madrid. Durante la Guerra Civil  fue capturado, encarcelado y condenado a muerte en Consejo de Guerra, pero no lo ejecutaron, nos contaba que todas las noches escuchaba cómo se abrían las puertas de las celdas de otros presos, siempre de madrugada, y poco después oía la descarga de fusilería en el patio de la prisión.