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Apatrullando y haciendo el bien

Ha causado estupefacción en un amplio sector de la Policía Local de Las Palmas de Gran Canaria la sentencia dictada la semana pasada tras un juicio con jurado en el que estaban acusados un subinspector y un agente de ese cuerpo por tráfico de influencias, amenazas y coacciones. La estupefacción viene dada por el general conocimiento que tienen en ese cuerpo de los hechos ocurridos el 25 de febrero de 2009, en plenos carnavales, así como de los sucesos posteriores que condujeron a reabrir algunas rencillas internas y a acrecentar los abusos de autoridad, cuando no directamente las ilegalidades, de algunos cargos, carguillos y guindillas de a pie. Esos abusos y comportamientos nocivos para el buen nombre del cuerpo se van a incrementar ahora porque, como comprobarán cuando les contemos la historia completa, los que se conducen por la vida como pistoleros se van a crecer una barbaridad. Todo empezó, como les decíamos, en los carnavales de hace dos años, cuando una patrulla de la Policía Local, la X-06, hacía su ronda en el barrio de Guanarteme y daba el alto a dos motoristas que conducían sus respectivos ciclomotores de manera “irregular”, según recoge la sentencia en sus hechos probados.