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Arquitectos que naturalizan patios y proponen abrir huecos en los colegios de Canarias para combatir el calor extremo

Toni Ferrera

Las Palmas de Gran Canaria —
11 de octubre de 2026 20:11 h (Hora canaria)

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Guayarmina Rijo y Fermín Blanco ya compartían una misma inquietud: cómo influye el entorno físico en el aprendizaje. Ambos participaron en la creación de la Asociación Ludantia, una organización de ámbito estatal que reúne a arquitectos, educadores y otros profesionales para fomentar el diálogo entre la arquitectura, la educación y la infancia. Blanco fue su primer presidente. Ahora ese cargo lo ocupa Rijo. Y después de muchos años de experiencia, los dos se han unido para fundar Movimiento Perenquén, un programa que aspira a transformar los patios de los colegios de Canarias.

El detonante de la formalización del proyecto fue la convocatoria de subvenciones e iniciativas de naturalización lanzada por el Gobierno de Canarias dentro de su Plan de Adaptación de los Centros Educativos a las Altas Temperaturas. No es novedad que la mayoría de los colegios e institutos del Archipiélago carecen de las herramientas para hacer frente a las altas temperaturas, cada vez más extremas y frecuentes a causa del cambio climático. Pero Guayarmina Rijo y Fermín Blanco tienen un plan: retirar el asfalto y el hormigón de las zonas de recreo para recuperar el suelo vegetal, plantar especies autóctonas y colocar telas náuticas que proporcionen sombra sin impedir la ventilación. Esa es la base. La solución concreta, no obstante, debe estudiarse en cada centro.

“No es lo mismo un colegio en Tejeda que uno en Mogán. No tienen nada que ver sus condiciones climáticas, físicas o geográficas. Todos los centros son diferentes”, señala Rijo. “Un buen diagnóstico y proyecto permite priorizar mejor la inversión. Quizá no hay que hacer muchas cosas ni gastar más, sino decidir bien dónde se interviene. Nuestro objetivo es destinar cada euro con sentido, teniendo en cuenta el funcionamiento global del espacio escolar”.

Movimiento Perenquén surge también para acompañar a los equipos directivos de los centros educativos que obtuvieron las subvenciones y tuvieron que redactar sus propias propuestas de naturalización. Rijo asegura que muchos de esos proyectos estaban “muy bien”, pero que podían surgir problemas al trasladarlos al plano técnico. Ella y Blanco, ambos arquitectos, se encargan de “traducir” las ideas del profesorado a planes viables, ajustando los presupuestos sin renunciar a la ambición de las propuestas.

El caso más reciente es el del CEIP Playa de Mogán, en el municipio sureño de Gran Canaria. El colegio obtuvo la ayuda máxima de 40.000 euros de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias y la dirección “tenía muy claro lo que quería”, apunta Rijo. Pero cuando empezó a pedir presupuestos para instalar toldos (principalmente), el proyecto se disparó económicamente. Movimiento Perenquén ha incorporado esa idea en coordinación con el Ayuntamiento para ajustar la propuesta tras múltiples sesiones participativas con el propio alumnado del centro, que ha contribuido en el diseño a través de maquetas, dibujos y diagnósticos compartidos.

El resultado es un boceto que plantea instalar pérgolas inspiradas en las nasas tradicionales de la cofradía de pescadores de Mogán, concebidas como “mesas en el aire”. En su base se abrirán alcorques para plantar cornical, una especie que “responde muy bien a la incidencia solar y requiere de poca agua, lo que se traduce en bajo mantenimiento”, en palabras de Rijo. La intervención contempla a su vez repintar la cancha deportiva, reubicar la pista de baloncesto e incorporar geometrías para juegos libres y tradicionales, además de áreas de descanso.

Movimiento Perenquén también intervendrá en la Escuela Infantil de Mogán, con un diseño que contempla la creación de refugios climáticos frente al calor extremo característico del lugar donde está ubicado el centro, cerca del cauce del Barranco de Mogán. Y han actuado asimismo en el CEIP Lucía Jiménez, en Telde, donde han ideado “artefactos de juego y sombra” inspirados en los cerramientos semicirculares que protegen el cultivo de la vid en La Geria, en Lanzarote. Estas estructuras resguardan al alumnado del viento y favorecen la creación de microclimas más frescos.

“El problema más grave de los centros educativos de Canarias son los materiales: patios totalmente pavimentados y sin sombra”, recalca Rijo. “Donde hay jardín, hay tierra, y eso absorbe mejor el calor y reduce muchísimo la temperatura”.

El hormigón y el asfalto, en cambio, captan la radiación solar y retienen el calor durante horas. Esto eleva lo que se conoce como Temperatura Radiante Media (MRT, en sus siglas en inglés), un indicador de la radiación térmica que recibe el cuerpo desde las superficies calientes que lo rodean, explica Rijo. Unas condiciones que, según relatan las propias familias, llegan a resultar asfixiantes para el alumnado.

“El colegio está en un barranco y eso es un infierno. Yo a mis hijos a veces no los mando cuando hay ola de calor. La temperatura exterior es la misma que en el interior. Salen sudados, superrojos, apáticos…”, afirma Antonio Bernardino, padre del AMPA Acorán, del CEIP Miraflor, en Teror.

“Mi hijo llegó el primer día del curso asfixiado a casa. Tuvimos una reunión de padres esa misma semana y lo vivimos en primera persona. No corre el aire”, añade Iñaki Lavandera, padre del AMPA Bajo Montaña, del CEIP Antoñito ‘El Farero’, en La Oliva. “Necesitamos también fuentes de agua potable, porque los niños de momento tienen que llevar su propia botella. Y esto se hace cada vez más necesario por la que se nos viene encima”, concluye, en referencia a la crisis climática.

Los arquitectos de Movimiento Perenquén plantean como medida prioritaria para enfriar los patios escolares retirar el hormigón, recuperar el suelo vegetal y plantar especies autóctonas. Si esta opción resulta inviable por su coste, proponen instalar un pavimento de corcho natural con capas capaces de absorber el calor. Como solución inmediata mientras crece la vegetación, apuestan por velas de sombra en lugar de toldos rígidos o cerrados, que pueden llegar a convertirse en auténticos “hornos” o “campanas de calor”.

Eso en el exterior. Dentro de los recursos educativos del Archipiélago, la historia cambia. La mayoría de los colegios de Canarias se construyeron bajo normativas antiguas que no exigían determinados estándares de aislamiento debido a sus “especiales condiciones climáticas”, una alusión al tópico de la eterna primavera de las Islas, con días soleados, cielos azules y temperaturas estables, ahora amenazado por el calentamiento global.

El propio plan de adaptación de la Consejería de Educación reconoce que “un elevado porcentaje” de los colegios e institutos de Canarias “carecen del aislamiento térmico necesario para afrontar temperaturas extremas”. Y el problema se agrava por la posibilidad de que se produzcan olas de calor durante el periodo lectivo, algo que diferencia al Archipiélago del resto de España.

La arquitecta e investigadora Aurora Monge, de la Universidad de Navarra, recuerda que en la Península y Baleares todos los episodios extremos de calor se registran normalmente entre junio y septiembre. En Canarias, en cambio, se contabilizaron trece olas de calor fuera de ese periodo entre 1975 y 2014: diez en octubre y otras tres repartidas entre abril, mayo y noviembre, según los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).

La solución más sencilla sería dotar ahora a todos los centros de aislamiento en fachadas y cubiertas. Pero eso supondría un elevado coste económico, advierte Rijo. La arquitecta plantea otra alternativa para refrescar las aulas: recurrir a la ventilación cruzada, abriendo huecos donde sea necesario para generar una corriente constante de aire.

“Sí, vamos, hablando mal y pronto, que haya dos agujeros enfrentados. Un hueco en una pared, o sea, una ventana, y otra en la pared de enfrente, pero no justo delante, sino movida, oblicua, inclinada. Eso garantiza la ventilación cruzada”, explica. “Y a lo mejor lo que tenemos que hacer es eso, abrir agujeros, haciendo perforaciones en los forjados cuando se permita. Si el aula da a una cubierta, pues abrimos una claraboya [una ventana en el techo]. Si da a un patio interior, pues lo naturalizamos”.

Monge destaca también la importancia de evaluar cada centro de forma individualizada. “Los colegios construidos para unas condiciones climáticas más suaves deben evaluarse caso a caso para optimizar las medidas (sombreamiento, aislamiento, vidrios con bajo factor solar…)”

La experta, investigadora principal del proyecto europeo COL3NATUR, centrado en la adaptación de los espacios escolares al cambio climático, defiende que estas actuaciones se estudien “en conjunto” con las medidas de naturalización de los patios, para analizar cómo interactúan y qué efectos tienen sobre el edificio.

Por el momento, llenar las aulas de ventiladores es la solución más socorrida por las familias. Rijo cree que su uso podría reducirse o incluso evitarse si se realizara un diagnóstico previo y se mejorara el confort térmico mediante estrategias pasivas. Estas medidas permitirían reducir el consumo energético, todavía muy dependiente de los combustibles fósiles, que representan alrededor del 90% de la producción eléctrica en islas como Lanzarote o La Palma.

La arquitecta defiende que el mismo planteamiento debería aplicarse al aire acondicionado. Si no queda más remedio que instalarlo, Monge, por su parte, propone hacerlo “según la necesidad docente”, priorizando las aulas frente a espacios comunes.

“Con el cambio climático, las condiciones han cambiado, tanto por el aumento de las temperaturas como por la concurrencia de olas de calor cada vez más largas, extensas y severas. Hay que rediseñar, rehabilitar y acondicionar los edificios para adaptarlos a estas nuevas condiciones, y los centros escolares son una tipología especialmente vulnerable”, remacha Monge.

El consejero de Educación del Gobierno de Canarias, Poli Suárez (PP), reconoció recientemente que la adaptación climática es “un problema en los centros educativos” de las Islas. Pero también defendió en el Parlamento autonómico que su departamento ha comenzado la senda del cambio y que “de aquí para atrás no se había hecho nada”.

Fuentes de la Consejería de Suárez detallan que el plan de adaptación de los centros educativos de las Islas al calor extremo ha permitido poner en marcha un protocolo de actuación ante las altas temperaturas y crear espacios de sombra en 346 colegios e institutos, además de impulsar proyectos de naturalización en otros 84. También se han instalado sistemas adiabáticos y aplicado tratamientos en los cristales, a modo de prueba piloto, en dos recursos. La Consejería asegura que está a la espera de fondos estatales para ampliar estas actuaciones.

El plan incluye asimismo la instalación de cubiertas en las canchas deportivas de 39 colegios y la monitorización de la temperatura, la humedad y el dióxido de carbono en otros 120. La compra de ventiladores, precisan las mismas fuentes, corre a cargo de cada centro.

A la vista de las protestas de las últimas semanas y de la recogida de más de 6.000 firmas impulsada por la Federación de AMPAS de Gran Canaria para exigir soluciones frente al calor, las medidas adoptadas siguen siendo insuficientes para parte de la comunidad educativa.

“Se han sombreado algunas zonas de algunos centros, algunos patios, algunos pasillos… Pero no creemos que sea esa una medida central, sino una que se puede incorporar a otras muchas que se tendrían que haber hecho”, denuncia Gerardo Rodríguez, del sindicato STEC-IC.

“En muchos lugares de trabajo ubicados en el interior de edificios no se concibe que no exista aire acondicionado (...) ¿Por qué el alumnado y el profesorado no pueden disponer también de aire acondicionado en sus aulas? Son también lugares de trabajo en los que se pasan muchas horas al día, y debemos garantizar unas condiciones que protejan la salud y permitan desarrollar la actividad educativa con normalidad”, concluye Pedro Crespo, de ANPE.