ENTREVISTA

Aitana Sánchez-Gijón: “Hay un retroceso brutal que nos amenaza con políticas que boicotean los derechos de las mujeres”

Carlota Martínez

18 de septiembre de 2026 17:06 h (Hora canaria)

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Corría el año 1988 cuando una joven pero ya empoderada actriz de 19 años subía a un reforzado suelo de madera que vestía el Teatro Español de Madrid. Por aquel entonces, la España teatral vivía un momento de profunda renovación, espoleado por la naciente democracia y la inminente proyección internacional del país. Aitana Sánchez-Gijón fue testigo y protagonista de ello y hoy vuelve para recordar todo aquello que ha cambiado, pero que permanece intacto bajo las tablas.

El papel de Acacia en La malquerida (1988) fue un punto de inflexión en su carrera. Ya había debutado en televisión con Segunda enseñanza, pero aquel montaje de Jacinto Benavente dirigido por Miguel Narros supuso su primer gran reto dramático en el teatro profesional. Si entonces dio vida a una joven de una auténtica complejidad psicológica, atrapada entre el resentimiento, la pureza y el deseo culposo, hoy se pone al otro lado del espejo para interpretar a Raimunda, una mujer adulta y fuerte que representa el pilar del hogar, pero también la ceguera emocional ante la traición y el desgarro del amor maternal. Esta evolución le ha permitido descubrir en sí misma “una dimensión que ya percibía con Acacia”, reconoce en conversación con Canarias Ahora, “sobre todo porque cada noche me empapaba de la maestría de Ana Marzoa”, quien hace 38 años interpretaba el personaje que hoy encarna Sánchez-Gijón en el Teatro Cuyás (Las Palmas de Gran Canaria), en la primera de las dos funciones que tiene programadas.

“Ahora al colocarme en la piel de ese personaje, es una manera de completar el cuadro y de tener una visión mucho más compleja, con todos los elementos que cobran una dimensión que para mí, claro, era mucho más parcial”, sostiene.

La obra pone en valor la fortaleza emocional y la dignidad de los personajes femeninos, pero también expone cómo el sistema de la época anulaba por completo a la mujer ante la opresión del hombre y la tragedia o muerte como única salida. Sánchez-Gijón cree feacientemente que, desde entonces, “hemos avanzado mucho. En cien años ha habido avances evidentes y en derechos y en roles, etc.”, pero también es consciente de que “hay muchas luces rojas por el camino” y de que existe “un retroceso brutal que nos va amenazando y haciéndose realidad en muchos casos, con políticas, políticos que están llegando al poder, que están recortando y boicoteando los derechos conseguidos con tanto esfuerzo por las mujeres. Habla incluso de ”una vuelta nostálgica a un pasado que me parece muy peligroso“, con estilos de vida que están volviendo, ”como las tradewives“.

Pero, más allá de esa lectura sobre la situación de la mujer, la actriz encuentra en la función una reflexión más insondable sobre la naturaleza de las pasiones humanas. “Creo que eso sí está en la función, por supuesto, pero creo que hay algo mucho más profundo que es el cómo, si no ponemos límites a las pasiones desbocadas, a las pulsiones devoradoras, podemos hacer mucho daño al otro”, explica. “Podemos ser como ríos de lava destructivos y podemos destrozar la vida de la gente a la que se supone que más queremos”. En su opinión, “de eso habla también la función y eso es lo que hace que tenga esta dimensión trágica”.

Una Malquerida sin costumbrismo

La adaptación de este clásico de los 80 también está dirigido por una mujer, Natalia Menéndez, que de la mano de Juan Carlos Rubio buscó despojarse de ese costumbrismo que acompañaba a una obra ya un poco empolvada, reducir personajes y ampliar otros que podían tener más recorrido. Es por ello, que, una vez culminados los ajustes, ambos optaron por quitarle el artículo al título original y llamarlo Malquerida, sin el 'la' que lo precede en la de Benavente. El atisbo de Menéndez y Rubio al comprobar que no solo había una malquerida, les llevó a ampliar aún más la historia con ese cambio.

La conversación con Aitana lleva también a territorio regional. Para la actriz, Canarias y, en general, “todas las islas y muchas otras zonas de España” debería tener un mayor peso en los circuitos de las grandes producciones teatrales. La razón, sostiene, está sobre todo en las limitaciones presupuestarias: “Hay cuestiones de presupuesto que no dedican los ayuntamientos o las diputaciones a sus agendas culturales”, lo que hace que “no siempre puedan viajar las compañías”. En Gran Canaria, sin embargo, considera que se ha hecho “un esfuerzo muy grande”, tanto por parte de Producciones OFF, responsable de una producción con un elenco de ocho actores, que “para una productora privada es una barbaridad”, como del Cabildo y del propio teatro, que han apostado por traer “un espectáculo de esta envergadura”.

La magnitud del montaje se entiende también al mirar lo que ha quedado fuera. “Esta obra tenía veintipico personajes”, explica Aitana. El reparto ya ha sido reducido para hacer viable la producción, una muestra de hasta qué punto las compañías trabajan, dice, “como siempre, un poco con las habas contadas”. Pero la actriz cuestiona que la cultura deba medirse únicamente en términos de coste: “Luego resulta que llenamos los teatros y que también se recupera mucho por taquilla de lo que se invierte. No es una inversión a fondo perdido en ningún caso y, si lo fuera, creo que la cultura es un bien que no tiene que medirse”, destaca. “Solo desde lo económico, debería ser un lugar absolutamente secundario porque la riqueza y el alimento que nos proporciona pasa por encima de eso, y es absolutamente necesario y muy vertebrador tener una agenda cultural rica”.

El escenario frente a la inteligencia artificial

Y es que, en tiempos donde la IA amenaza con comerse el mundo y los cerebros que lo sostienen, Sánchez-Gijón garantiza que el teatro es el refugio frente a ello: “Jugamos con ventaja en el teatro porque ahora, con la IA y con todo esto que nos amenaza tan brutalmente, también en el sector audiovisual estamos un poco temblando. Llegará el momento en que nos sustituyan. De hecho, ya está sucediendo, y no sé en qué va a acabar todo esto”, reconoce. De esta manera, reivindica aquello que ninguna tecnología puede reproducir por completo: “El hecho teatral, o el de un concierto en vivo, tiene algo que no puede tener el audiovisual. No se puede sustituir a alguien vivo que está ahí, ante tus ojos, casi salpicándote con su emoción, con su voz. Eso es algo que va a sobrevivir, yo creo, siempre”. Y concluye: “Todo lo demás avanza técnicamente de una manera que tiende a sustituirnos en todos los ámbitos profesionales y artísticos, incluso. Y es muy peligroso”.

Una función que provoca un “espasmo” en el público

La actriz, de madre italiana y padre español exiliado del franquismo, se eleva frente al público de Las Palmas de Gran Canaria este viernes a partir de las 19.30. El sábado repetirá a la misma hora y a los que se acerquen solo les queda esperar “un torrente emocional, un texto clásico de una potencia que no ha hecho más que aumentar con el paso del tiempo y un elenco entregado en cuerpo y alma a ese río emocional y apasionado”. También promete “personajes complejos, contradictorios, sorpresas y giros argumentales”: una combinación, dice, de “teatro popular y teatro de altura” que convierte la función en “una bomba, un espasmos en el público”.

Junto a ella, habrá un elenco de grandes actores: Juan Carlos Vellido interpretará a Esteban, Lucía Juárez será Acacia, Goizalde Núñez le dará vida a Juliana, José Luis Alcobendas será Eusebio, Dani Pérez Prada interpretará a El Rubio, por su parte, Álex Mola hará de Norberto y Antonio Hernández Fimia será Faustino. 

Aitana Sánchez-Gijón, una carrera entre las tablas y la pantalla

Nacida en Roma en 1968, Aitana Sánchez-Gijón lleva casi cuatro décadas transitando entre el cine, el teatro y la televisión. Debutó en la gran pantalla en 1986 con Romanza final (Gayarre), de José María Forqué, y poco después se convirtió en uno de los rostros de su generación gracias a Bajarse al moro, de Fernando Colomo. Desde entonces ha trabajado con algunos de los grandes nombres del cine español e internacional, como Fernando Fernán-Gómez, Pilar Miró, Bigas Luna, Gonzalo Suárez, Pedro Almodóvar o Imanol Uribe, y ha rodado también en inglés, francés e italiano. Entre sus trabajos destacan La camarera del TitanicVolavérunt, por la que obtuvo la Concha de Plata a la mejor actriz en San Sebastián, Un paseo por las nubesMadres paralelas o Que nadie duerma. En 2025 recibió el Goya de Honor por una trayectoria que ha mantenido siempre un pie en los escenarios.

Su relación con la industria cinematográfica no se ha limitado a la interpretación. En 1998, con apenas 30 años, se convirtió en la primera mujer en presidir la Academia de Cine, cargo que ocupó hasta 2000. Durante su mandato se consolidó la institución en la calle Zurbano de Madrid como su nueva sede, concebida como un espacio de encuentro y actividad en torno al cine, y los Premios Goya salieron por primera vez de la capital: la ceremonia de 2000 se celebró en Barcelona. Aquel paso por la presidencia convirtió a Sánchez-Gijón en una figura también vinculada a la defensa y vertebración del sector, una dimensión institucional que se suma a una carrera interpretativa reconocida con la Medalla de Oro de la Academia en 2015 y, una década después, con el Goya de Honor, que recibió en Granada como la actriz más joven hasta entonces en obtenerlo.