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EL BOLETÍN DE SOMOS MADRID

El Madrid de las zonas VIP y el de la 'pelouse'

Masajes y sombra en la zona VIP de La Monumental (izda), junto a la tierra de la 'pelouse' (dcha)

Diego Casado

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Mientras la ciudad camina de evento en evento (hoy llega la residencia de Shakira) todavía nos quedan los ecos del más paradigmático de todos ellos, aquel que ejemplifica lo que los gobernantes -Ayuso y Almeida- buscan para Madrid. Hablo de la Fórmula 1 y ese gran premio celebrado en Ifema que en lo deportivo fue la carrera más soporífera del campeonato y que en lo económico -dicen- ha dejado cientos de millones de euros aquí, según un informe económico que nadie quiere enseñar a los medios, no sea que le veamos las costuras y alguna que otra vergüenza. 

Lo que más me ha llamado la atención de todo lo que hemos publicado en Somos Madrid sobre lo que rodea a esta competición ha sido este interesante reportaje de mi compañero Guillermo Hormigo, donde documenta la perspectiva de la carrera desde una zona VIP (ahora llamada hospitality) en la que las entradas costaban 4.200 euros por cabeza para todo el fin de semana y se ofrecían menús especiales, masajes y vistas a La Monumental, la gran curva emblema del circuito en la que no se produjo ni un solo adelantamiento.

“A mí nunca me ha sabido tan bien un gin tonic como hoy con el calor que hace”, es una de las frases recogidas en el artículo, pronunciada por un espectador de esta zona mientras agarraba una copa de la bandeja de una trabajadora y depositaba la que tenía vacía. Como en toda la ciudad, en el Madring también ha habido clases y mientras los VIP disfrutaban de sombras y del frescor los que compraron las entradas más baratas se intentaban acomodar sobre bancales de tierra unos metros más abajo.

Las entradas para el terruño de abajo no eran precisamente baratas. Costaba entre 300 y 590 euros acceder a una zona que los circuitos denominan pelouse y que suele estar dotada de césped sobre el que poner las posaderas, a falta de asientos. No era el caso en Madrid, que ofrecía buenas dosis de polvo y temperaturas de 33ºC sin una sombra.

La distancia entre los VIP de arriba y los de la pelouse de abajo es la misma que se empieza a notar en muchas partes y ámbitos de esta ciudad, cuyo modelo neoliberal ya implícito a cualquier urbe, potenciado desde sus gobernantes, está llevando a unas distancias sociales cada vez más grandes. En la parte alta, la del Madrid para ricos, se combate el calor a base de copazos. En la zona baja intentan esquivar las lipotimias como pueden. Y entre medias se atisba cada vez más un gran eco, porque empieza a no quedar nadie.

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