Crítica de cine

‘Digger’, de Tom Cruise

Yo mismo me he metido en este lío. Yo soy el único responsable de haber propuesto a este periódico que mi artículo artículo mensual versara sobre Digger, de Tom Cruise. Sí, lo digo a la manera popular, a la manera en que se expresan los que no atribuyen la firma de una película al director de la misma. La película de Tom Cruise. Y lo digo con conciencia, a sabiendas de que a la película dirigida por Alejandro González Iñárritu sería más aceptable mencionarla como Digger, la película de Iñárritu. También podría referirme a ella como Digger, la película de Lubezki, que aunque no sería una fórmula popular la de referirse a una película atribuyéndosela a su director de fotografía, tampoco es que yo pretenda aludir a la película de un modo popular. Me refiero así a ella no por menospreciar a Iñárritu, que es un gran director, sino porque en este caso los valores más destacados para un cinéfilo son la soberbia interpretación de Tom Cruise, que es, en criterios hollywoodienses, probablemente la estrella más grande de los últimos treinta años o así. Y porque la fotografía de Lubezki hace las delicias de cualquier amante del cine.

Digo que me he metido yo mismo en este lío porque no es fácil aconsejar o no su visionado. La película tiene unas cuantas virtudes muy gordas pero que posiblemente no sean suficientes como para decirle a cualquiera “¡Eh, tienes que ver esta película!”. De entre sus virtudes está el trabajo de cámara, fotografía y puesta en escena, así como las interpretaciones de todos y cada uno de las actrices y los actores; la originalidad de la propuesta estética y formal, la propuesta de algo que está fuera del canon del algoritmo. Todo eso es muy valorable… para un cinéfilo. Pero las películas no se hacen sólo para los que se fijan en el color de la imagen, en el montaje o en el movimiento de la cámara. Las películas tienen que conmover y, sobre todo, tienen que tener una propuesta narrativa sólida.

Y tampoco es que el guion de Digger sea nefasto, de hecho diría que tiene una arquitectura impecable; es coherente, tiene buenos diálogos y personajes aceptablemente construidos. El problema está (y aquí tengo que hacer malabarismos para no hacer espóiler) en el mensaje de fondo. “Mensaje” es otro término popular. Así que tenemos: a) película de Tom Cruise y b) película con mensaje. Aquí hay mensaje. Esto tira un poco para atrás en su valoración, una vez la película ha finalizado, cuando el mensaje ya se ha revelado en toda su magnitud. Porque éste no aporta nada que no sepamos a los que no somos, como Digger, unos ultracapitalistas sin conciencia ecológica. Así que el mensaje resulta un tanto ingenuo, sin demasiadas dobleces. Es cierto que hay una escena, quizá la mejor de la película, en la que el protagonista ofrece un punto de vista que nos apela directamente a todos y que podría hacernos pensar en nuestra posible hipocresía. Pero el contenido de ese monólogo no es que sea tampoco el descubrimiento de la pólvora. A poco que hayamos pensado, nos habremos dado cuenta de que no somos ciudadanos sin tachas en nuestra coherencia personal.

El guion, como decía, tiene una arquitectura sólida en cuanto a que juega muy bien con el espectador, dosificando la información clave para generar expectativas y mantener cierta tensión, pero no deja de ser un juego meramente narrativo. Efectista, para entendernos. Un poco a lo Shyamalan. Mantiene la tensión dentro de la propia obra sin salirse del marco de la misma. Aunque lo pretende. Sí, pretende abarcar toda nuestra realidad, nuestra actualidad, nuestro destino como especie. Pero no lo logra. Quizá esta película, tal cual es, lo habría conseguido hace treinta o cuarenta años, si se hubiera realizado en la época de Brazil, de Terry Gilliam, por ejemplo. Cuando no estábamos tan informados, tan saturados de información, cuando éramos más ingenuos.

Quizás Iñárritu se quedó enganchado a Birdman (quizá su mejor película), y quiso dar un paso más allá, retorciendo más la narrativa y anhelando transmitir un mensaje urgente, acorde con los tiempos en los que vivimos. Pero al menos en ese aspecto, y ese es el pivote alrededor del que gira toda la historia, le salió mal. Porque el cine es mal amigo de la actualidad, sobre todo en tiempos como los que vivimos, saturados de información y acostumbrados a una realidad que ya supera cualquier imaginación, donde el presidente del país más poderoso del mundo cambia el nombre del Golfo de México a Golfo de América, se burla de los incapacitados o supuestamente hace comentarios sobre cómo sería tener sexo con Ivanka… Trump. La realidad es tan delirante que se hace difícil hacer una nueva predicción sorprendente sobre hacia dónde nos dirigimos. Quizá Iñárritu eligió un modo demasiado directo y evidente para hacerlo. Eso sí, que le den el Óscar a Tom Cruise. Y a Lubezki.