El historiador Manuel Hernández ahonda en el peso de la Ilustración en las Islas y su influencia en América Latina
En pleno impacto por los terremotos de Venezuela en esa contrarreloj en busca de supervivientes y pendientes aún de un balance más preciso de la enorme catástrofe, a veces conviene hacer un paréntesis y hasta un viaje en el tiempo precisamente al país hermano, al resto de América Latina y su ligazón con Canarias en planos mucho más edificantes. Es lo que hace estos días el incansable catedrático de Historia de América de la Universidad de La Laguna y prolijo escritor orotavense Manuel Hernández González, quien presenta este jueves en el Liceo Taoro de la Villa, tras hacerlo en la lagunera Sociedad Económica de Amigos del País, su última obra: La Ilustración en Canarias y su proyección en América.
Como siempre en su copiosa obra, un trabajo minucioso de investigación con fuentes documentales de los dos lados del Atlántico y que, como él mismo remarca, bucea en el movimiento cultural “más importante de la historia de Canarias”, con diversas aportaciones en primicia en la bibliografía sobre el Siglo de las Luces en las Islas y su gran influencia fuera, “pues tuvo más proyección en América y la Península que en el propio Archipiélago”. Entre éstas, sobresalen su estudio de la influencia y relaciones con Estados Unidos en pleno proceso independentista o el papel de dos obispos canarios (uno de La Orotava, Pedro Agustín Estévez Ugarte, y otro de Las Palmas de Gran Canaria, Luis Gonzaga de la Encina, que tuvieron un gran peso en México y Perú. Agustín, por ejemplo, fue el creador del Seminario y la Universidad de Mérida, apoyó la independencia y murió como obispo en la independencia. Luis Gonzaga de la Encina, obispo de Arequipa, no la apoyó en Perú, pero murió aún con el liberalismo porque allí duró hasta alrededor de 1820, fue elegido representante de Perú en las Cortes de Cádiz, aunque renunció, y trajo a una serie de personajes interesantes que publicaron libros allá, como Antonio Perera, que hizo una historia de Arequipa, y hasta un tío de Galdós, Pedro María Galdós, que murió prematuramente pero registra cómo fue la independencia y también fue a Buenos Aires.
Por supuesto, el libro se detiene a fondo en los principales pensadores y autores ilustrados de esta época, desde mediados del siglo XVIII a la Restauración borbónica (de 1814 a 1833), con un Fernando VII repuesto que tanto hizo en su segunda etapa de su reinado (salvo el trienio liberal) por ir en contra, precisamente, de los avances ilustrados intentados y aplicados antes, lo que ahora ha inspirado incluso a algún juez en algunos de sus impactantes autos. Así, nos encontramos con Juan de Iriarte (Puerto de la Cruz, 1702, Madrid, 1771), Juan del Hoyo o Miguel del Hoyo Solorza, “el famoso marqués de la Villa de San Andrés”.
El impulso de ciertas élites frente a siglos de Escolástica
También ahonda en movimientos que desarrollan la Ilustración en las Islas, como las tertulias de Nava, “que que hacen las élites busquen nuevas alternativas frente a la Escolástica, buscando la armonización entre la razón y la fe, el experimentalismo… Se crean también las reales sociedades económicas con Carlos III, con algunas de las más importantes en Tenerife (La Laguna), la de Las Palmas y Santa Cruz de La Palma, así como los problemas que tuvo la de La Gomera con el señorío”.
A su vez, la obra se detiene en el llamado catolicismo ilustrado, “que tiene entre sus puntos más relevantes la creación del Seminario Conciliar de Las Palmas, en 1757, que trae las nuevas ideas, con un clero secular que instaura las enseñanzas de Agricultura, Física Experimental, Desarrollo de la Ciencia… Esta gente tiene un gran peso aquí y en América. De hecho, hubo cuatro ministros del Consejo de Indias que eran canarios, como José de Gálvez, Antonio Pourlier, el lagunero Francisco Machado Fiejo o el portuense y afrancesado (debió exiliarse en Francia) Bernardo de Iriarte (hermano de Tomás). Son algunos de los ilustrados que se proyectaron en la Corte, como Estanislao de Lugo (otro afrancesado que tuvo que exiliarse en Burdeos), director de los reales estudios orotavenses y de San Isidro, o José Fajardo, el gran revolucionario del periodismo y traductor de la Historia Natural del Bufón, director del Gabinete de Historia Natural y del teatro de los Reales Sitios”.
También destaca a Pablo de Iriarte, su tío Juan, que dirigió la Biblioteca Nacional, ingenieros como Agustín de Betancourt (fundador Iriarte de la Escuela de Ingenieros de Caminos y figura clave en la Rusia de Catalina La Grande), Agustín Ricardo Madam, que desarrolla los estudios de hebreo. Por supuesto, Viera y Clavijo, que educó en la Península al marqués de Santa Cruz, aunque gran parte de su vida la hizo en Canarias y fue canónigo de la catedral de Las Palmas, participó en la tertulia de Nava, dirigió los periódicos de carácter ilustrado, satíricos y burlescos como La Gaceta de Daute. Sin duda, el pensador más importante en las Islas del catolicismo ilustrado, aunque también destaco, de la etapa preilustrada, a Cristóbal del Hoyo, marqués de San Andrés, que publicó Madrid por dentro, un retrato absolutamente radical de la sociedad de aquella época y por el que fue procesado por la Inquisición con un expediente enorme“.
También remarca, evidentemente, a Tomás de Nava, fundador de la sociedad económica de Tenerife, de la famosa tertulia y con “una biblioteca gigantesca con todas las obras prohibidas y requisadas por la Inquisición. También está su hijo Alonso, que fundó junto a su tío Antonio, el jardín botánico de La Orotava, que financió hasta su muerte y que es, junto al de Madrid, el mayor del país”.
“Enorme contestación en las Islas contra la Inquisición”
Sobre el peso de la Inquisición, remarca que en las Islas hubo “una enorme contestación desde el propio clero, con personajes como el clérigo ilustrado Manuel Verdugo y Albiturría, último obispo de Canarias antes de la división en dos obispados y que era un declarado antiinquisición. De hecho, cuando se abolió, hizo una fiesta con voladores en Las Palmas y quitó las cárceles de la Inquisición”.
Respecto al peso en y de América, recalca que “muchos canarios fueron a estudiar allá porque ir a la Península era muy caro para las clases medias, en las Islas no había universidad, el seminario surge en 1777, pero muchos iban a Caracas y La Habana, donde tuvieron un gran papel, por ejemplo, los médicos canarios, como Juan Perdomo Betancourt, de Garachico y procesado por la Inquisición, que ya hablaba de cuestiones independentistas en 1780, tenía un montón de libros prohibidos y inoculación de la viruela, uno de los grandes avances antes de la vacuna… Un personaje muy importante”.
Además, ahonda mucho en las relaciones con Estados Unidos antes y después de la independencia, “ya que, cuando entra en crisis el comercio con Inglaterra, se buscó con EEUU y, de hecho, hubo una reconversión pasándose del malvasía al vidueño para vender los vinos en este mercado y para allá se fueron muchos ilustrados isleños, como Ruiz de Padrón, un clérigo que hizo el dictamen de la abolición de la Inquisición junto a Franklyn y Washington en Filadelfia, en plena ebullición de la independencia, o el portuense Eduardo Barri, que escribió muchos libros allá, habló de la masonería y, de hecho, el primer proceso contra masones en todas las Españas se le hace a un comerciante portuense (Alejando French) en Boston”.
Por supuesto, en las Islas hubo “un gran impacto y miedo” de la posterior Revolución francesa, “aunque un sector del clero, de las élites y los comerciantes canarios apoyaron el liberalismo de las Cortes de Cádiz (1810-1814). De hecho, en el trienio liberal, un clérigo orotavense, Graciliano Afonso, plantea una estrategia liberal, aparte de destacar también José Murphy, comerciante de Santa Cruz, que también tuvieron que exiliarse con la vuelta de Fernando VII, aunque en este caso en América, si bien Graciliano volvió con la reina Isabel. Murhpy sí murió en Mexico y fue el primer cónsul general de España cuando, en 1835, se recuperan las relaciones”.
“En el absolutismo, hubo ilustrados con mucho peso, como los hermanos Bencomo. Es más, Cristóbal Bencomo fue educador de Fernando VII, inquisidor general, aunque consiguió para La Laguna la Universidad Literaria de San Fernando en 1817 y el Obispado”.
Sin duda, un nuevo motivo para detenerse en cómo las ideas ilustradas influyeron en Canarias y, por ende, en América por los múltiples lazos que unen a las dos orillas del Atlántico, como estos días queda más que patente tras los trágicos terremotos en Venezuela.