Maty Chevrière desafía al algoritmo de Instagram con NUDETOPIA, su exposición más íntima en Canarias
El cuerpo femenino nunca ha dejado de negociarse. Cambian las épocas, cambian los escenarios y cambian los censores. Antes eran las instituciones; hoy también son los algoritmos. Mientras prepara una de las exposiciones más personales de su carrera, la fotógrafa canaria Maty Chevrière (Las Palmas de Gran Canaria, 1990) ha visto cómo Instagram limitaba el alcance de varias de las imágenes con las que anunciaba NUDETOPIA. Una vez más, el desnudo artístico queda atrapado en ese extraño territorio donde la belleza todavía necesita justificarse.
La estadística también desafía los prejuicios. Casi nueve de cada diez personas que siguen a Chevrière en Instagram son hombres. Y, sin embargo, su obra nunca ha nacido para satisfacer esa mirada, sino para interpelarla. Para preguntarse qué ocurre cuando el cuerpo femenino deja de ser un objeto de consumo y recupera su condición de memoria, libertad y autoconocimiento.
Chevrière no renuncia al erotismo. Lo reivindica. Pero lo libera de muchos de los códigos con los que históricamente se ha representado el cuerpo femenino. En sus fotografías hay deseo, sí, pero también maternidad, fragilidad, autoestima y paso del tiempo. Todo aquello que rara vez ocupa el centro del relato cuando la piel entra en escena. En una sociedad obsesionada con la apariencia, su cámara propone otra forma de mirar, una que sustituye el juicio por la aceptación y convierte el cuerpo en un lugar de encuentro con uno mismo.
“NUDETOPIA es un universo para quererte”, resume en una conversación con Canarias Ahora. El proyecto, asegura, trasciende la fotografía para dialogar con la literatura, la poesía, la danza, el cine, la música, la ciencia o la gastronomía. Todo parte del mismo lugar porque, para ella, el cuerpo es el primer hogar, el primer lenguaje y la primera forma de relacionarnos con el mundo.
Aprender a habitar el cuerpo
Ese viaje comenzó mucho antes de que sus fotografías recorrieran galerías de Barcelona, Tokio, París o Milán. Nació de la soledad y de una búsqueda íntima. Antes de fotografiar a otras mujeres, tuvo que reconciliarse consigo misma. Con apenas 16 años cayó en sus manos una cámara analógica y descubrió una forma de entender el mundo. En 2011 compró su primera cámara digital y, tres años después, aquella necesidad personal se transformó en una profesión. Desde entonces, la cámara ha dejado de ser para ella un instrumento con el que capturar imágenes para convertirse en una herramienta con la que cuestionar cómo nos relacionamos con nuestro propio cuerpo.
Quizá por eso Soho House la invitó a dirigir una experiencia de fotografía erótica concebida como una terapia de reconexión con el propio cuerpo. Allí la cámara dejaba de ser un instrumento para producir imágenes y se convertía en una herramienta para derribar el juicio, abandonar la vergüenza y volver a habitar la piel desde un lugar más honesto. “La gente no se conoce”, reflexiona. “Vivimos pendientes del césped del vecino y nos olvidamos del nuestro”, convencida de que el ser humano está profundamente desconectado de su cuerpo. Su trabajo nace precisamente de esa necesidad de volver a mirarnos con compasión.
Un orgasmo universal llamado Canarias
Después de años desarrollando su carrera fuera del Archipiélago, regresar tiene para Chevrière un significado difícil de traducir. Ella lo resume en cuatro palabras: “Es un orgasmo universal”. No habla únicamente de volver a exponer en casa. Habla de cerrar un círculo. De devolver a Canarias parte de un universo creativo que comenzó a construirse lejos de las Islas, pero que nunca dejó de alimentarse de ellas. “Toda mi obra está inspirada por los paisajes volcánicos y la fuerza visual de Canarias”, explica a este periódico.
No quiere que el visitante entre en una exposición. Quiere que atraviese una experiencia. Que salga preguntándose por qué le incomoda un cuerpo desnudo y no otras violencias mucho más normalizadas. Que el arte sirva, aunque solo sea durante unas horas, para despertar una pequeña conciencia colectiva.
Por eso NUDETOPIA aterriza por primera vez en Gran Canaria como una experiencia concebida para existir únicamente aquí y ahora. El próximo 8 de agosto, La Escarlata (calle Galicia nº9) acogerá, de la mano de Zaguanes Art, una velada exclusiva en la que fotografía, la poesía, el vino y la música de Javier Carballo y Pablo Delnü convivirán en un mismo espacio. No habrá una segunda oportunidad. “O vienes o te lo pierdes”, resume la propia artista, reivindicando el valor de lo efímero en una época donde todo parece quedar almacenado para siempre.
Las 34 fotografías convivirán con una performance creada junto a Violeta Vargas, bailarina, escritora, artista y una de las grandes musas del universo NUDETOPIA. La pieza trasladará al cuerpo aquello que las imágenes apenas insinúan, que el erotismo puede ser también un acto de presencia, de escucha y de libertad. En la muestra se podrán adquirir además prints limitados en formato DIN A3 a precios reducidos.
Hay, sin embargo, una contradicción que sigue acompañando a Chevrière. Mientras el algoritmo reduce el alcance de las imágenes con las que anuncia la exposición, también ha sentido cómo parte de ese silencio se trasladaba a quienes la rodean. “Me he sentido un poco objetivizada”, reconoce. No porque rechacen su trabajo, sino porque todavía cuesta compartir públicamente un desnudo artístico sin miedo al juicio ajeno. Como si el cuerpo siguiera siendo más fácil de consumir que de defender.
Y, pese a todo, continúa fotografiando cuerpos que no piden permiso para existir. Porque el verdadero desnudo, sostiene, nunca ha tenido que ver con la ropa. “Tiene que ver con la posibilidad de mirarse sin miedo”. Quizá esa sea la verdadera utopía a la que lleva años poniendo nombre, un universo donde, antes de aprender a desear el cuerpo, volvamos a aprender a quererlo.
La cita será un inolvidable espectáculo de un sólo día que abrazará el talento canario entre las 17.00 y las 23.00 horas.
¿Quién es Maty Chevrière?
Antes de llegar a la fotografía, a Maty Chevrière la guiaba otra pulsión: la pintura. Nunca decidió conscientemente convertirse en artista. Simplemente creó desde que tiene memoria. Dibujaba como quien juega, fascinada por los paisajes volcánicos, la luz atlántica y la fuerza visual de Canarias, un imaginario que sigue atravesando toda su obra.
Durante años creyó que su camino estaría frente a un lienzo. Sin embargo, terminó descubriendo que la fotografía le permitía expresar las mismas emociones con una inmediatez que la pintura no tenía. Así llegó a definir la fotografía “como una forma de crear pintura rápida”.
Sus primeras imágenes tampoco nacieron en un estudio. De adolescente comenzó retratando a sus amigos, pero aquellas imágenes que incialmente resultaron espontáneas, fueron adquirendo un carácter más artístico y erótico. Fue entonces cuando sintió la necesidad de dejar de posar delante de la cámara para colocarse tras ella y construir sus propias narrativas audiovisuales.
Con el tiempo desarrollo un lenguaje muy personal, centrado en el cuerpo humano, la identidad, la libertad sexual y la vulnerabilidad. Ha trabajado para marcas como Vogue, The North Face, Desigual, Lefties, Madame Figaro Japan o ID Spain. Esta última tomó un camino relevante en su carrera después de fotografiar durante el confinamiento de 2020 historias personales marcadas por el aislamiento en Tokio.
Esa evolución cristalizó en 2024 con la publicación de NUDETOPIA: The A to Z of Erotism Through the Eyes of Maty Chevrière, un libro de 208 páginas en el que el erotismo deja de ser un fin para convertirse en una forma de hablar del cuerpo, la identidad y la condición humana. Una filosofía que ahora regresa a casa con su primera exposición en Canarias.