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El secreto desvestido de la Virgen de las Nieves: la búsqueda del maestro y el nacimiento de un clon del siglo XV

Santa Cruz de La Palma —
16 de agosto de 2025 16:52 h

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En lo alto de Santa Cruz de La Palma, rodeado del verde perpetuo de los pinos, se alza un santuario que es epicentro de la fe y la identidad de toda una isla. Dentro, reside la Patrona, Nuestra Señora de las Nieves. Para el devoto y el visitante, su imagen es inconfundible: una figura hierática y majestuosa, de silueta triangular, cubierta por mantos de rica tela y joyas deslumbrantes que ocultan casi por completo su forma. Es el icono de la Bajada Lustral, la Reina de La Palma. Sin embargo, bajo esa apariencia barroca, construida a lo largo de siglos de devoción, se esconde una verdad artística mucho más antigua y frágil: una delicada escultura de terracota del siglo XV, obra de uno de los más grandes maestros que trabajaron en la península.

Esta es la crónica de un doble descubrimiento. El de un escultor y profesor universitario que, como un detective, siguió las pistas de unas viejas fotografías hasta identificar al genio que modeló el barro. Y el de un ambicioso proyecto que logró lo que parecía imposible: reproducir la terracota original, recreando con exactitud las técnicas de hace más de quinientos años para que hoy todos podamos contemplar a la Virgen de las Nieves tal y como fue concebida. Es la historia de cómo la ciencia y el arte desvistieron a la patrona para revelarnos su secreto mejor guardado.

La Patrona y su leyenda: un origen entre la fe y la bruma

Antes de la ciencia, fue la leyenda. La tradición oral palmera, transmitida con el calor de la costumbre, cuenta que la imagen de la Virgen ya era venerada en la isla antes de la llegada de los conquistadores castellanos a finales del siglo XV. Según este relato, los awaras, los pobladores aborígenes de Benahoare (el nombre indígena de La Palma), habrían encontrado la estatua en una cueva cercana al actual santuario y, sobrecogidos por su belleza, le rindieron culto.

La historia, con el tiempo, se adornó. Se hablaba de una enigmática inscripción en la espalda de la talla, “ASIETA”, que un ingenio popular tradujo como el acrónimo de “Alma Santa Inmaculada En Tedote Aparecida”, siendo Tedote el nombre aborigen de la comarca donde se asienta la capital.

Aunque estas leyendas carecen de confirmación documental, infunden un aura de misterio y arraigo profundo al origen de la devoción. Lo que sí confirman los documentos es la antigüedad del culto. El historiador Viera y Clavijo ya citaba una bula del Papa Martín V que en 1424 mencionaba una capilla dedicada a “Santa María de La Palma”. La primera referencia explícita a la imagen que hoy conocemos aparece en un inventario de los bienes del templo fechado en 1517, lo que demuestra que para entonces la terracota ya ocupaba un lugar preeminente en la vida espiritual de la isla.

¿Cómo llegó hasta allí? La hipótesis más plausible apunta a que la escultura fue traída por los primeros colonos o comerciantes, probablemente andaluces, que se asentaron en la isla y establecieron relaciones comerciales con los grandes puertos europeos, especialmente Sevilla, el gran centro artístico y económico de la época. La Virgen de terracota, un material más ligero y fácil de transportar que el mármol o la madera, sería una candidata ideal para un largo viaje por mar.

El misterio de la autoría: El investigador que vio a través del manto

Durante siglos, la identidad del autor de la Virgen de las Nieves permaneció en el anonimato. La costumbre de vestir la imagen, consolidada a partir del siglo XVII siguiendo la estética barroca, terminó por ocultar la escultura original. Lo que se veneraba era el “vestido”, el icono triangular y fastuoso. La talla gótica que se escondía debajo era un secreto conocido solo por unos pocos.

La clave para resolver el enigma apareció, como suele ocurrir en las grandes historias, casi por casualidad. En 1964, con motivo de una procesión extraordinaria de la Virgen por toda la isla para recaudar fondos para el Seminario Diocesano de La Laguna, se tomaron unas fotografías de la imagen sin sus vestiduras. El objetivo era puramente práctico: certificar su estado de conservación antes de tan largo periplo y garantizar que no sufriera daños. Esas fotografías, que mostraban una figura de una belleza y un estilo muy definidos, nunca se publicaron y cayeron en un relativo olvido.

Unas copias, sin embargo, llegaron a manos del profesor Jesús Hernández Perera, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna. Él fue el primero en intuir la pista correcta. En un texto de 1984, basándose en el material del barro cocido y su estilo, apuntó a la escuela sevillana y sugirió la posible conexión con escultores de origen franco-flamenco activos en la ciudad, como Lorenzo Mercadante de Bretaña o Miguel Perrín.

Por su parte, Miguel Ángel Martín Sánchez, escultor y entonces profesor titular en la universidad de La Laguna, abordó el estudio desde una perspectiva distinta; el contexto, histórico, artístico y devocional. Analizó el origen de la advocación en Canarias, las rutas comerciales que pudieron traer la imagen a la isla, y el significado iconográfico de la talla en el marco del gótico hispanoflamenco.

Aquellas fotografías, de 1964, hechas a la imagen sin los paños, fueron reencontradas por el historiador del arte Carlos Rodríguez Morales, que investigaba en el Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife y fue quien dio la noticia a Miguel Ángel Martín.

Martín reconoció en los pliegues, en el volumen y en la técnica del modelado la huella inconfundible de Lorenzo Mercadante de Bretaña, maestro del gótico activo en Sevilla en el siglo XV, descartando la duda entre los dos posibles autores mencionados por Hernández Perera.

Armado con esas imágenes y un profundo conocimiento del gótico tardío, inició un meticuloso análisis estilístico comparativo. Comparó cada detalle de la Virgen de las Nieves con las obras documentadas de Lorenzo Mercadante en Sevilla, especialmente con sus famosas esculturas de la catedral de Sevilla, como la Virgen del Madroño o el sepulcro del cardenal Cervantes. Las coincidencias eran abrumadoras y no dejaban lugar a dudas:

  • El rostro: Ovalado, de facciones suaves, con unos ojos almendrados y una leve, casi melancólica sonrisa, idéntico al de otras vírgenes de Mercadante.
  • El cabello: Una melena larga y ondulada, tratada con naturalismo, con mechones que caen sobre los hombros, una firma inconfundible del artista.
  • Las manos: De dedos largos y finos, modeladas con una elegancia exquisita, que transmiten ternura al sostener al Niño.
  • Los ropajes: Aunque ocultos, en las fotografías se apreciaban los pliegues característicos del estilo de Mercadante: angulosos, casi metálicos, pero que dotan a la figura de un volumen y una monumentalidad extraordinarios.

La conclusión rotunda: la Virgen de las Nieves de La Palma era, sin duda, una obra salida del taller de Lorenzo Mercadante de Bretaña, datable entre 1460 y 1468, los años de máxima actividad del maestro en Sevilla... Su investigación culminó con la publicación del libro El imaginero Lorenzo Mercadante. Estudio de la obra y claves de su huella en la Virgen de las Nieves, Asphodel, La Esperanza, 2009, donde argumenta y fundamenta esta atribución con un exhaustivo estudio comparativo. El misterio de más de 500 años había sido resuelto

Lorenzo Mercadante de Bretaña: Las manos del gótico que dieron alma al barro

Pero, ¿quién era este maestro redescubierto? Lorenzo Mercadante de Bretaña no era un artista cualquiera. Era un escultor de origen bretón, formado en los talleres de Borgoña bajo la influencia del gran Claus Sluter. Llegó a Sevilla hacia 1454 para trabajar en las obras de la Catedral, trayendo consigo las últimas novedades del gótico europeo: un naturalismo que rompía con la rigidez anterior, una capacidad para dotar a sus figuras de sentimiento y ternura, y una elegancia cortesana inconfundible.

Mercadante era un maestro del barro cocido (terracota), una técnica que dominaba a la perfección y que le permitía modelar con una libertad y un detallismo asombrosos. Su estilo, que fusionaba la fuerza expresiva flamenca con la dulzura borgoñona, dejó una huella imborrable en la escultura sevillana de finales del siglo XV y sentó las bases para los grandes maestros del Renacimiento. Atribuir la Virgen de las Nieves a su taller no era solo darle un nombre, era inscribirla en la primera línea de la historia del arte hispano.

El clon del siglo XV: el reto de recrear una obra maestra

La investigación abrió una puerta fascinante: ¿sería posible ver a la Virgen como la vio Mercadante? La idea de crear una réplica de la terracota original, despojada de sus añadidos posteriores, comenzó a tomar forma. Era un proyecto de una audacia y una complejidad enormes, un viaje en el tiempo a un taller del siglo XV.

El proyecto contó con el permiso del obispado y del rector del santuario y con la colaboración del equipo del museo de arte sacro, formado por dos historiadores, dos restauradoras y un profesor de escultura, para despojar a la imagen de sus postizos y así poder estudiar su estado de conservación y medirla. El 4 de septiembre de 2015 se despojó por primera vez la imagen de sus ropajes desde 1964.

El objetivo no era hacer una copia, sino una recreación arqueológica, utilizando exclusivamente los materiales y las técnicas de la época. La reproducción en terracota que se muestra desde 2016 en el museo camarín del santuario, sin policromar, es obra de Miguel Ángel Martín, quién le añadió una cabeza al niño Jesús, que faltaba en la pieza original, siguiendo el estilo de Mercadante.

El proceso constituyó una auténtica lección de arqueología experimental y de artesanía. Todo comenzó con un minucioso análisis de las fotografías tomadas en 1964, que fueron estudiadas al detalle para desentrañar cada volumen, cada pliegue y cada rasgo de la imagen original.

El siguiente paso fue el modelado, un ejercicio de fidelidad absoluta. No se trataba de interpretar, sino de obedecer al original. Cada golpe de espátula y cada presión de los dedos buscaban reproducir el gesto de Mercadante, con el enorme reto de capturar no solo la forma, sino también el “alma” de la escultura: esa mezcla inconfundible de majestad y ternura que caracteriza al maestro.

Una vez concluido el modelado, llegó el delicado proceso del vaciado y la cocción. La pieza tuvo que ser cuidadosamente vaciada por dentro para asegurar un grosor de pared uniforme, condición indispensable para evitar que estallara por la presión del vapor. La cocción se realizó en horno a temperaturas cercanas a los 1000 °C, un proceso controlado con precisión durante varios días.

El resultado final es sobrecogedor. La réplica expuesta en el Museo Camarín del Santuario de las Nieves no es una simple estatua, sino un verdadero documento histórico hecho materia. Por primera vez en siglos, permite mirar a los ojos a la Virgen de las Nieves tal y como fue concebida, admirar la fuerza de sus ropajes góticos y comprender la revolución artística que representó la obra de Lorenzo Mercadante.

A este trabajo se sumó un proyecto paralelo de carácter tecnológico: la reproducción digital en 3D de la imagen. Encargada por el Cabildo de La Palma, fue realizada en el estudio madrileño Factum Arte / Factum Foundation, y tenía un doble objetivo: generar un facsímil de la escultura y crear una cáscara protectora que permitiera vestirla y trasladarla sin necesidad de manipular la terracota original. El proceso comenzó en el propio santuario, donde el equipo efectuó un registro tridimensional de alta resolución mediante fotografía controlada y escaneado sin contacto. Con ello se obtuvo un modelo digital extremadamente preciso, acompañado de un registro de policromía que captaba los matices de la superficie. A partir de esos datos se realizó un modelado y control geométrico, depurando el volumen y preparando los archivos necesarios para reproducir con exactitud tanto la forma como la textura de la talla. La fase siguiente tuvo lugar en Madrid, en los talleres de Factum, donde se procedió a la materialización del facsímil. El modelo digital sirvió de base para imprimir, colar y finalmente reconstruir la superficie con el color original documentado en La Palma, siguiendo un flujo de trabajo que unía tecnología y acabado artesanal. Finalmente, se diseñó una cáscara protectora: una armadura de resina, ventilada y modular, que se adapta al cuerpo y cuello de la Virgen, junto con un maniquí acolchado destinado a soportar los mantos. Gracias a este sistema, la imagen puede ser vestida y procesionada sin riesgo para la escultura primitiva, garantizando su preservación para las generaciones futuras.

En la sala, el visitante puede contemplar las dos versiones complementarias. La primera es una reproducción en terracota sin policromar, realizada por el propio Miguel Ángel Martín Sánchez, según la técnica de Mercadante y que revela la pureza del modelado original antes de recibir el color, con recuperación de material cerámico perdido, como la cabeza del niño y la base de la falda. La segunda es una reproducción en color, obtenida mediante impresión 3D, que recrea con precisión la forma actual y lo que queda de la policromía original, dejando entrever el esplendor cromático que debió lucir en el siglo XV.

Estas piezas permiten contemplar a la Virgen como pudo verla su creador en el siglo XV y entender mejor el valor artístico de la talla original.

Dos vírgenes, una devoción: el futuro del pasado

Hoy, La Palma tiene dos Vírgenes de las Nieves. Una, la visible, la de la devoción secular, sigue en su trono, cubierta por sus mantos, presidiendo las celebraciones y siendo el faro espiritual de la isla.

La otra, la que se esconde bajo los ropajes, es la Virgen del arte y de la historia. Es la que nos cuenta la verdad sobre su origen, la que nos conecta con la Europa del siglo XV y la que nos permite valorar en su justa medida el tesoro que los palmeros han custodiado durante más de quinientos años. Pero su estado de conservación es delicado. La fragilidad de la terracota, una estructura interna que ha soportado siglos de peso y manipulaciones, y las posibles afecciones ocultas bajo las vestiduras, hacen que muchos expertos clamen por una restauración integral que asegure su supervivencia para las generaciones futuras.

El viaje de la Virgen de las Nieves desde un taller de Sevilla hasta su doble presente en La Palma es una metáfora de cómo la fe, la historia y la ciencia pueden converger para enriquecer nuestro patrimonio. La imagen de la patrona desvestida en el museo no le resta un ápice de divinidad a la que venera; al contrario, le añade una nueva capa de significado, la de ser una obra maestra universal que, gracias a la pasión de un investigador y la habilidad de unos artesanos, ha podido finalmente contarnos su secreto.

Nota: Conviene señalar algunos aspectos complementarios. En primer lugar, las reproducciones se realizaron con una leve reducción de tamaño, a fin de evitar confusiones con la obra original. En el caso de la réplica en terracota, se incorporó además una cabeza al Niño siguiendo el estilo de Mercadante —pues la pérdida de ese elemento pudo ser la causa de que se cubriera la imagen primitiva— y se completaron las zonas más erosionadas o desaparecidas, especialmente en los bajos de la túnica y del manto. En segundo lugar, debe distinguirse entre las dos reproducciones actualmente conservadas en el Museo Camarín del Santuario: la primera, en terracota, fue realizada por Miguel Ángel Martín Sánchez y expuesta en 2016; la segunda, posterior, corresponde al facsímil en color obtenido mediante digitalización 3D y escaneo de precisión milimétrica, concluido en 2018. Por último, el proyecto contó con un amplio equipo interdisciplinar. Además del entonces rector del Santuario, Antonio Hernández, participaron Jesús Pérez Morera, profesor de Historia del Arte de la ULL; el historiador Alejandro Martín; el escultor y profesor de la ULL Miguel Ángel Martín Sánchez; y las restauradoras del Cabildo de La Palma Isabel Concepción e Isabel Santos, junto a otros colaboradores del santuario. Asimismo, el técnico del Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma Víctor Correa levantó acta oficial de todo el proceso.