Confieso que ha llovido, señoría, están desconcertadas las cabañuelas, los climáticos y anticlimáticos ajustan constantemente sus pronósticos a la realidad de un clima cambiante dentro de un cierto orden. Ha llovido como hace tiempo que no llovía y no te digo nada el ‘virujo’, un frío como si Trump hubiera derretido Groenlandia y al final la isla más grande se hubiese convertido en un peñasco desolado sobre un mar de hielo, llueve, pero basta de meteorología que esto va de retranca. Quería comentar esa noticia tan friki de hace días en que en la costa gallega llegó un submarino cargado de miles de kilos de coca y se bajaron tres individuos con trajes de neopreno de esos que al quitártelos te depilan, esto es de mi admirado Leo Harlem, los tres cogen un taxi al centro de la ciudad y le dicen al taxista que están haciendo el camino de Santiago acuático. Creo que esto es memorable y los tres deberían tener una rebaja de condena por inaugurar el camino acuático jacobeo, que no es lo mismo jacobeo que veo jaco. Creo que también inaugura el humor acuático, como el de ese amigo que encargó un submarino por Amazon o ese desaprensivo, a mí no me miren, que dijo que pese a estar tan cerca del mar en el Cabildo no se mojan mucho o que las mejores vistas marinas se ven en casa Goyo, o esa novela de García Márquez en que los gringos compran el mar a un país del sur y se lo llevan en cuadritos. En fin, las aguas de Las Angustias bajaban turbias pero no pasó flotando ninguna dulce Ofelia como en el poema de Rimbaud. Perdóneseme la cita cultureta impropia de mi emblemática humildad.