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OPINIÓN | 'Faltamos nosotros', por Enric González

Regalos con salud

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Admito que eso de comprar las zanahorias de aspecto impoluto y de origen incierto, las uvas que duran semanas en la nevera (a saber lo que le han echado), las lechugas acartonadas y plastificadas o las manzanas de Chile, me parece un verdadero disparate. Durante el confinamiento, me entusiasmé con comprar verduras y frutas localmente. El estar encerrados, facilitó el ingenio y algunos comerciantes y agricultores locales se pusieron las pilas. Así que podías pedir por teléfono la compra semanal en la tienda de siempre, comprar regalos localmente o incluso en librerías. Y yo probé las cajas de verduras del mercadillo de Puntallana. Una furgoneta traía cajas de verduras frescas empaquetadas con cariño. Incluso a veces, estas cajas traían un queso palmero, otras el pan tierno y otras veces venía un postre así, sin avisar, para ponerte una sonrisa. 

Pero la ilusión me duró, lo que duró el confinamiento porque de repente esas furgonetas llenas de cajas de salud, ya no llevaban productos a domicilio. Se acabó. Si quería volver a comer productos locales de calidad, tenía que volver al mercadillo “físicamente”. Que si para algunos dedicar un sábado de mercadillo es un placer, a mí me da mucha pereza y francamente no dispongo de tiempo. Así que termino yendo, casi siempre, al supermercado, para encontrar en el mismo sitio todo lo que necesito. 

A lo que voy. Como no soy la única que busca entre las ofertas del supermercado, ni la única con poco tiempo, compramos lo global a precios baratos. A cambio se nos ha nublado el sentido gustativo, hemos acabado acostumbrándonos a que haya todo el año toda clase de frutas y verduras: naranjas en verano, melones en invierno, sal del Himalaya, bollería industrial cargada de azúcar y de grasas saturadas... No creo, sin embargo, que esto haya mejorado nuestra calidad de vida, porque comer manzanas cultivadas en nevera y chupar el plástico en el que viene envuelto viene a ser casi lo mismo. Pero por ahora parece ser la única alternativa asequible, cómoda o fácil. 

Así que ante el declive evidente de la producción agrícola local, hace unos años se puso de moda esto de los mercadillos de agricultores en La Palma. Cada ayuntamiento quería uno. Comenzaron los mercadillos de Villa de Mazo y Puntagorda y luego se han ido sumando otros. Supongo que la idea subyacente era facilitar la venta directa de los agricultores, dinamizando zonas rurales. Pero, en mi opinión, a la comercialización de productos locales, le falta un paso más. Por supuesto, evitar la picaresca con un sello distintivo de producto de kilómetro cero o similar. Pero además, organizar otras maneras de comercialización y dinamización de venta de productos locales más allá de los mercadillos. Cajas de productos de temporada personalizadas para cada cliente, con o sin intermediarios...ecocajas de productos distribuidas en centros de trabajo o en la misma finca, en cooperativas, ecoventas, venta online, a la vez que conseguir vender productos locales en los supermercados que pueda competir en calidad, sabor y salud con verduras de plástico importadas al mayor. 

Alternativamente, se debería ampliar la oferta de los mercadillos. En Europa, es fácil encontrar en el mismo mercadillo, puestos de carne, pescado, artesanía y repostería, además de fruta y verduras locales, con lo cual, encuentras la compra de perecederos semanal en el mismo sitio...a la vez que contribuyes a usar menos plásticos y carburantes, contribuyendo al cuidado del medio ambiente, al comercio justo y solidario y al mantenimiento de un sector vital para cualquier economía. Pero la ganadería y la pesca locales también están resentidas. Faltan zonas ganaderas, de nuevo cuesta comercializar estos productos frente a los importados y no hay incipiente cantera de reemplazo. 

Me consta que la comercialización de productos locales se ha intentado de diferentes maneras pero es hora de que ya no sean experimentos sino realidades. Sin agricultores, no se come, ni con sabor a plástico o sin plastificar. Y dado que tenemos una crisis climática en ciernes, no nos podemos permitir comer almendras de Estados Unidos, cuando Puntagorda está llena de almendros. Y si hablamos de precio, el precio de la energía seguirá subiendo, de los carburantes también y eso se traducirá en incremento de portes de alimentos, de fertilizantes, etc, Así pues, hay que buscar maneras de garantizar nuestro sustento y eliminar costes derivados de la energía, de nuestra huella de carbono y de garantizar la soberanía alimentaria. 

Si a esto añadimos, la muerte lenta del cultivo del plátano, totalmente dependiente de las ayudas al transporte y que, admitámoslo, ahora mismo solo es rentable para algunos, se hace necesario una agricultura y ganadería que garantice las necesidades de la población local, producida localmente y que además, proporcione salarios dignos para toda la cadena de valor. 

Y desde luego, los monocultivos no garantizan las necesidades de la población local, ya que a cambio deben importarse cantidades ingentes de alimentos. El problema del monocultivo en Canarias, lleva siglos. Es casi una tradición. Se nos acaba uno, empezamos con el siguiente. Primero azúcar, hasta que Brasil lo produjo más barato usando esclavos. Luego el vino, hasta que los aranceles y las enfermedades lo encarecieron. Luego la cochinilla que duró poco y luego los plátanos. Con cada auge de un monocultivo, se enriquecen unos pocos y se crea dependencia para muchos. Con cada declive, hemos tenido crisis y emigración masiva. De hecho, los monocultivos, son herencias coloniales y si me pillas hasta feudalistas. Y son más propios de zonas subdesarrolladas que no transforman productos sino los venden en bruto. En cambio, las economías más ricas, son más diversificadas. 

Pero hay otros disparates a solucionar que no hemos creado nosotros, sino la globalización o un sistema europeo que piensa que toda la unión europea es el “mercado local” y transportamos mercancías de aquí para allá sin mucho sentido y todo ello subvencionado: que cultivemos tomates, se vayan a Inglaterra (antes del Brexit) y nos los devuelvan enlatados, que produzcamos plátanos y nos lo devuelvan en licor, que produzcamos aguacates y nos devuelvan guacamole, que importemos papas subvencionadas y tengamos huertas sin cultivar, que no tengamos vacas para leche pero que venga de península, el queso de Holanda y la carne de Brasil??, que los huevos de la península sean más baratos que los de Barlovento y que si por un casual, no llegan los barcos, la comida en esta isla nos dé para dos semanas justas. 

Éste es el verdadero problema. La total dependencia del exterior. Hemos tenido dos crisis económicas seguidas y no tenemos garantizado nuestro propio sustento. Pero ahora tenemos que refundar esta isla, forzados por una crisis nueva, la del volcán. Hay 63 millones de euros para empleo y si en algún momento tenemos la oportunidad de enmendar errores pasados, es éste. Si tenemos que empezar de cero, se hace, pero hagámoslo bien. Con una economía sostenible y circular, más diversificada, menos dependiente del exterior y menos sensible a las crisis. Y esto también debe hacerse extensible a la energía, ya que tampoco somos independientes energéticamente. Lo que sería incluso más fácil puesto que tenemos sol a raudales, viento y geotermia.... 

Para empezar, me pido a los Reyes Magos que no me traigan un regalo enlatado de Aliexpress o de Amazon sino uno que sea producido aquí porque así serán dos regalos: el mío y el de la persona que lo ha creado.