Pido que nuestras autoridades exijan la denominación de origen ‘Retranca Palmera’ para nuestra retranca, concepto que sólo existe al menos con este nombre y estas características antropológicas en Galicia y aquí, en nuestra isla, como ese humor defensivo, sutil, aunque puede ir de la ironía al sarcasmo, pleno de dobles sentidos en lo que se dice a veces no es lo importante, sino lo que se finge ocultar, se oculta algo precisamente para que se vea más claro, esa es la gran paradoja de la retranca, y tanto en Galicia como aquí es algo más que humor, es un habla popular, una característica de nuestra personalidad y un modo de relacionarnos con los demás, esto último me lo dijo al oído la IA, y por una vez estamos de acuerdo. Cito algunas de las anécdotas últimas de retranca que he escuchado de entre las decenas que he ido recopilando. No doy nombres, pero son reales, pues los retranquistas confesos respetamos. En un pueblo de la isla un municipal se acerca a un coche mal aparcado y además que está hecho un desastre, una verdadera ruina aparente y funcional. En eso llega el dueño del coche, el municipal se le queda mirando y le dice: “¿Y a esto cómo lo llamamos…?”. Y esta es la última que me contaron: un amigo sube por las medianías del mismo municipio, saluda a un paisano que está trabajando una huerta y le dice: “Qué bonito es esto, un paisaje maravilloso”. El campesino lo mira, se seca el sudor y le larga: “Eso dicen los que acaban de llegar”. El otro es tradicional, lo he oído contar varias veces, ayer mismo me lo recordaron. Un paisano irrumpe bruscamente en la carretera general saliendo de su finca, choca con un señor que va tranquilamente conduciendo y cuando el otro le pide explicaciones, le dice: “Yo salgo de lo mío”.
Hay algo que define perfectamente la retranca palmera y son los versadores, su ingenio y su disciplina poética encadenando dos cuartetas y un pareado son una cumbre de la retranca y del folk.