Un vaso de agua bajo la cúpula del Gran Telescopio Canarias
Una astronauta, una premio Nobel y otras cinco figuras de la ciencia y la cultura conversaron en La Palma, en el observatorio del Roque de los Muchachos, sobre la verdad, el conocimiento y la inteligencia artificial. La conversación duró 108 minutos y dejó un desacuerdo pendiente.
Uno de los ponentes, Aneeshwar Kunchala, cogió un vaso de agua que tenía en la mesa y pidió al público que lo mirara ¿Cómo lo describiría cada uno? A su juicio, las respuestas serían distintas porque nadie observa al margen de su propia experiencia. Garik Israelian le puso una objeción: el agua es transparente. Esa propiedad se puede comprobar, la mire quien la mire.
«No creo que nuestra experiencia de la verdad esté construida únicamente a partir de hechos», respondió Kunchala, el más joven de la mesa.
Lo paradójico de su afirmación era que tenían a su espalda el espejo primario del Gran Telescopio Canarias: 36 segmentos hexagonales y 75,7 metros cuadrados de superficie reflectante. Bajo la cúpula del telescopio, unas sesenta personas seguían el último debate de STARMUS VIII. Hacía frío. Nadie del público se quitó el abrigo y, entre la gente sentada estaban algunos de los directores de los telescopios, trabajadores del observatorio e invitados al acto, además, se distinguían los característicos abrigos rojos del personal del GTC atentos a todo lo que sucedía.
El festival que fundaron el astrofísico Garik Israelian y el músico Brian May había llegado a La Palma después de tres días de conferencias en Tenerife. La búsqueda de la verdad era el lema de esta edición. En el Observatorio del Roque de los Muchachos, la conversación abarcó desde la cooperación entre países enemigos hasta la confianza que depositamos en un avión sin saber qué lo mantiene en el aire.
Antes de todo eso se habló del Sol. Valentín Martínez Pillet, director del Instituto de Astrofísica de Canarias, recordó su etapa al frente del Observatorio Solar Nacional de Estados Unidos. Allí está el telescopio Daniel K. Inouye, en Maui, con un espejo de cuatro metros. Contó que en Canarias se trabaja en otro de tamaño parecido.
La astronauta Julie Payette empezó su intervención en español y siguió en inglés. La astronauta viajó al espacio en 1999 y en 2009, en dos misiones dedicadas a la construcción de la Estación Espacial Internacional. También fue gobernadora general de Canadá, pero fue su experiencia como astronauta la que contó en la mesa. «Cuando estás en el espacio, hay algo de lo que te das cuenta inmediatamente: no existe ningún otro lugar donde podamos vivir que no sea nuestro planeta Tierra». Afirmó.
A Payette la opinión de llamar frágil al planeta no le convence, no la compartía. La Tierra llevaba miles de millones de años existiendo sin nosotros y probablemente continuaría aquí después de que dejemos de existir los humanos.
Israelian quiso poner a prueba el alcance de esa experiencia y lanzo la pregunta de si dos personas con ideas políticas opuestas viajaran juntas al espacio, ¿regresarían pensando de otra manera?
La respuesta de Payette fue que más de 25 años de ocupación permanente en la estación espacial habían obligado a convivir a tripulantes cuyos países se enfrentaban en la Tierra. A bordo se necesitan unos a otros. Hay momentos en los que atender al compañero es más importante que atenderse a uno mismo. Le sorprendía que esa cooperación recibiera tan poca atención en los medios de comunicación. «Tal vez la Estación Espacial Internacional esté intentando enseñarnos algo».
La neurocientífica May-Britt Moser reconocía algo de esa experiencia en la vida cotidiana. Para la premio Nobel de Medicina en 2014, el trato reduce el peso de las diferencias. No le extrañaba que rusos y ucranianos mantuvieran su amistad pese a la guerra entre los dos países. Su confianza en las personas era mayor que la que le inspiraban quienes ejercen el poder.
Kunchala sugirió, entre sonrisas, meter a los dirigentes mundiales en una nave espacial y obligarlos a colaborar para sobrevivir.
Christiana Figueres no aceptó la distinción entre la gente y sus gobernantes. Los gobiernos también están hechos de personas, recordó la diplomática costarricense, que participó en la negociación del Acuerdo de París sobre el cambio climático. Defendió que la violencia forma parte de la conducta humana y comprenderla requiere el trabajo conjunto de distintas disciplinas.
A Martínez Pillet le preocupaba, además, la imagen del mundo que reciben los jóvenes. Citó los avances en educación, salud y esperanza de vida registrados en buena parte del planeta y como era evidente que el Mundo es ahora mucho mejor que hace décadas y preguntó ¿Por qué, pese a todos estos avances, encontraba tanto pesimismo? Apuntó que quizás parte de ese pesimismo fuera debido a los móviles, internet y al flujo de malas noticias que llega por sus pantallas inmediatamente.
Kunchala se mostró más confiado. El joven presentador británico de documentales de naturaleza y defensor de la biodiversidad habló de la responsabilidad con la que usamos la tecnología. La inteligencia artificial era un ejemplo: «Podemos utilizar nuestros descubrimientos para construir o para destruir». También encontraba motivos de esperanza en lo que ya se había logrado. «Creo que hemos creado una civilización maravillosa. Estoy orgulloso de formar parte de ella».
Sin embargo, para Alicia Adams, disponer de pruebas favorables nunca había garantizado una decisión. Lo sabía por sus años al frente de la programación internacional al frente del Kennedy Center de Washington, cuando debía convencer a políticos de que apoyaran la cultura. «Los hechos y los datos, por sí solos, no siempre consiguen cambiar las cosas», advirtió.
Israelian había comentó que había hecho su propia prueba con ChatGPT y Gemini: trató de convencerlos de que la Tierra era plana. No lo consiguió. Consideraba que ambas herramientas respondían bien cuando se trataba de conocimiento consolidado de las ciencias naturales. Sin embargo, tenía más dudas sobre su comportamiento ante las creencias políticas o religiosas. Le inquietaba que una afirmación contraria a los hechos pudiera obtener el respaldo de buena parte de la población.
Moser se detuvo en algo anterior incluso a la discusión de los datos: las palabras disponibles para describirlos. Recordó los distintos términos que utilizan los inuit para hablar de la nieve. Se preguntaba si conocer ese vocabulario ayuda a distinguir lo que otros no llegan a percibir.
Contó también lo que le había relatado una astronauta sobre la oscuridad del espacio y las estrellas y como podía observarlas sin parpadeo y con colores que no se aprecian desde el suelo. Lo que interesaba a Moser era el cambio en las condiciones de observación. Conocer los datos de un hecho, sostuvo Moser, no basta para comprenderlo.
Kunchala trasladó el ejemplo a los instrumentos del observatorio: dos telescopios distintos, de diferente tamaño, ofrecerían versiones diferentes de una misma realidad. La descripción dependería del instrumento con el que se observara. Israelian insistió en que esas diferencias no modifican las propiedades físicas de lo observado. Garik Israelian seguía en desacuerdo con esta afirmación del joven Kunchala.
Martínez Pillet recurrió a una experiencia común: nadie conoce, salvo los ingenieros aeronáuticos, las ecuaciones que permiten volar a un avión y, sin embargo, los pasajeros suben a bordo. Confían en los especialistas. El director del IAC mencionó el efecto Dunning-Kruger para ilustrar cómo la confianza inicial puede ceder al profundizar en una materia y descubrir cuánto queda por aprender. Defendió la necesidad de confiar en quienes han dedicado su vida a un campo de conocimiento y dejarles hacer su trabajo. También animó a afrontar sin miedo los nuevos aprendizajes, incluidos los relacionados con la inteligencia artificial.
Adams aceptó el argumento, aunque añadió un matiz: saber cómo funciona un teléfono móvil no resuelve qué hacemos con él. «En las relaciones humanas no todo es verdadero o falso. No todo es uno o cero».
Habían pasado 108 minutos y la discrepancia entre Kunchala e Israelian seguía abierta. No hubo una conclusión sobre el vaso de agua ni sobre qué es la verdad, pero Israelian cerró la mesa redonda con un mensaje esperanzador y emplazó a los presentes a continuar la conversación en el próximo Starmus.