Mayor Oreja: valores de siempre para un nuevo mundo

El mundo se ha derrumbado y hay que revivirlo, lo dice una y otra vez en sus discursos. Dice Jaime Mayor Oreja que la crisis económica ha puesto al descubierto una grave crisis moral y él, principal candidato del PP en las elecciones europeas, tiene claro dónde está la solución: en los valores de siempre.

Y cita “el trabajo bien hecho”, “el mérito”, “el respeto”, el “sacrificio”, el “ahorro”, “la austeridad”, “saber vivir felices con menos” y un largo etcétera de valores de siempre, los que seguramente aprendió en su educación cristiana y que ahora, náufragos en plena crisis, él quiere rescatar del hundimiento que sufrieron cuando el mundo se daba a la buena vida.

Las elecciones europeas, a las que se presenta por segunda vez consecutiva tras los comicios de 2004, han aparecido como el escenario idóneo para que Mayor Oreja, 57 años, ofrezca su visión de las cosas.

Donostiarra de nacimiento, hombre de larguísima militancia en la derecha democristiana, desde UCD en 1977 al PP, Jaime Mayor Oreja conoció el estrellato en el primer Gobierno de José María Aznar, el de 1996, cuando ocupó un Ministerio, el de Interior, que afrontó diversos asesinatos de ETA.

Abanderó una política antiterrorista basada sólo en la ley, en todo el peso de la ley, y los terroristas empezaron a sentir el aliento de las Fuerzas de Seguridad en cada una de sus acciones. Pese a todo, sufrió el golpe de la muerte de Miguel Ángel Blanco.

Su imagen pública era inmaculada, uno de los políticos mejor valorados en las encuestas, y Aznar, quizá impulsado por el reconocimiento social de su “amigo”, pidió a Mayor en 2001 que fuera al País Vasco a liderar el PP y restablecerle en un convulso panorama político.

En esa pelea estuvo hasta que Mariano Rajoy, tras ser derrotado en las elecciones generales de 2004, le designó cabeza de lista del PP para las europeas de ese mismo año.

Derrota ante Borrell

Tuvo enfrente a Josep Borrell como principal candidato del PSOE y perdió por muy poco. Así que se fue al Parlamento europeo con la cabeza bien alta, y allí, en estos cinco años, no ha titubeado nunca cuando ha debido dejar clara su visión política de las cosas.

Porque así ha sido siempre Mayor Oreja, nunca ha sido infiel con sus principios, gusten o no gusten, y por ello, como hace pocos días con unas declaraciones del cardenal Cañizares, no se anda por las ramas, sobre todo si el asunto que aletea al fondo de la conversación es el aborto.

Y pese a todo, es un superviviente: Ningún político de su promoción, salvo Mariano Rajoy, sigue activo en política.

Ahora, cerca de los 60 años, afronta un nuevo reto, aunque para abordarlo con la determinación que acostumbra tuvo que superar épocas de incertidumbre, la de su nombramiento como número uno de la lista europea, ya que Rajoy no lo tenía muy claro.

No haber formado parte de la candidatura hubiera significado el adiós a una carrera política de más de 30 años, la toalla blanca a una larga pelea por enarbolar los valores en los que cree firmemente, pero al final el presidente nacional del PP, tras un almuerzo juntos y un sinfín de consejos, decidió darle una oportunidad más, quizá la última.

Con una campaña propia, aunque muy respaldado por Rajoy hasta quedar a su espalda en ocasiones, Mayor va de ciudad en ciudad mostrándose como lo que es, serio y concienzudo, sin caretas, salvador para unos, enemigo para otros.

Sabe que, a diferencia de las últimas europeas, en estas elecciones tiene la victoria al alcance de la mano, pero sólo mentarlo desata el rigor de su rostro: nada de euforias, dice.