Celebrar África, ¡África Vive!
Para Casa África, el mes de mayo es sinónimo tanto de reivindicación como de celebración. Escribimos estas líneas momentos después de habernos reunido en Madrid con la mayor parte de los Embajadores africanos acreditados en nuestro país, que forman parte del Consejo Diplomático de Casa África. Es un encuentro que sirve para dejarles clara una cosa: que, desde nuestra perspectiva de diplomacia pública, nos corresponde la preciosa tarea de celebrar África, de compartir lo mejor que este inmenso continente tiene para ofrecernos, y, sobre todo, de aprender juntos y conocernos mutuamente.
La esencia de nuestra celebración del continente es nuestro programa África Vive, pensado para recorrer la riqueza y diversidad del continente africano a través de un amplio programa de propuestas culturales abiertas, participativas y profundamente compartidas con la ciudadanía. La elección del mes de mayo es lógica: el pasado lunes, 25 de mayo, fue el Día de África, que conmemora la creación de la Unión Africana.
Desde finales de abril y a lo largo de todo el mes de mayo, hemos celebrado África a través de sus expresiones culturales más diversas, comenzando por dos exposiciones, que han servido de puerta de entrada visual y simbólica, tanto al continente como nuestra Casa. La primera ha permitido decorar con ilustraciones y textos de la escritora marfileña Veronique Tadjo las ventanas exteriores de nuestra sede. Si se acerca a Casa África, rodéela y disfrute. “Si fuese reina, no habría ni sur, ni norte ni este ni oeste, solo habría una nación, un mundo”, nos propone la imaginación de esta consagrada escritora, que ha colaborado ya en diversas ocasiones con Casa África.
También hemos acogido una exposición de la que les hablé en un reciente artículo y que deberíamos convertir en una parada obligatoria para pensar y empatizar junto a 13 de los cerca de 6.000 menores migrantes llegados a Canarias en patera o cayuco desde África occidental y que acogemos en nuestra tierra. “Travesías”, con textos del periodista José Naranjo y fotografías de Juan Luis Rod, una exposición transformadora, reconfortante, y, sobre todo, una receta infalible contra los que impulsan discursos de odio.
La programación continuó adentrándonos en diferentes lenguajes y formatos: empezando por el textil. Descubrimos la grandísima diversidad de las telas africanas, su significado, los procesos para fabricarlas, su trasfondo. Las tocamos, las sentimos y las entendimos, gracias a una preciosa conferencia de Laura de La Carrera, de Mamah Africa, en la que iba mostrando cómo son las telas africanas en función del país de procedencia, qué significado tienen sus estampados, etc...
El programa incluyó también el disfrute de los más pequeños a través de las narrativas africanas, gracias a la tradición oral con los cuentos de Deborah Ekoka, capaces de conectar generaciones y trasladar al público a las raíces culturales africanas a través de la palabra, la música y el movimiento, o un divertido taller con alumnos de diversos centros de Primaria cercanos a nuestra institución en la que los más pequeños pintaron y bailaron al ritmo de músicas africanas.
A medida que avanzaba mayo, el programa fue ganando pulso y participación con algunas de sus citas más esperadas. Hemos celebrado África a través del cine, con el ciclo «This is Nigeria!», que organizmos en el Elder con el Festival de Cine Africano de Tarifa y Tánger y que permitió descubrir la fuerza de ese gigante cultural y su capacidad para contar historias profundamente conectadas con la realidad contemporánea. Al mismo tiempo, el patio de Casa África se transformó en un espacio de encuentro creativo con la Pasarela de Moda Africana y Market Place, donde diseñadores africanos afincados en Canarias mostraron propuestas que dialogan entre tradición y modernidad, identidad y emprendimiento.
El recorrido continuó con una de las dimensiones más participativas y sensoriales del programa: el Rincón Gastronómico Africano, que reunió a público de todas las edades en torno a platos representativos de Guinea Ecuatorial, Mauritania, Marruecos, Nigeria, Senegal y Sierra Leona, convirtiendo la experiencia culinaria en una forma directa de conocimiento y acercamiento cultural. Desde el pollo yassa senegalés a las albóndigas de pescado ecuatoguineanas, nuestro bonito patio olía y sabía a África. A este ambiente se sumaron talleres, música y danza, consolidando espacios donde el aprendizaje se produce desde la experiencia compartida. El sabar senegalés que cada año organizan los Hermanos Thioune en su festival Ci La Bokk fue de nuevo un éxito de público, y este año trajimos por primera vez un taller de danzas urbanas de los especialistas de Oyofe, para pulsar cómo se bailan estos nuevos ritmos musicales africanos (como ampiano, azonto o coupé decalé) que están conquistando el mundo.
En paralelo, el programa reforzó su vertiente intelectual y pedagógica. Hemos celebrado África a través del conocimiento y el pensamiento crítico, con encuentros literarios, clubes de lectura y diálogos con autores, así como con el llamado Bridge to Africa, proyecto liderado por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, tanto por su rector, Lluis Serra, como por su activo y ya muy africanista vicerrector de Internacionalización Jin Taira. Estos días hemos disfrutado y aprendido con el IV Congreso Internacional de Jóvenes Investigadores sobre África, dirigido por el investigador de esa misma universidad Dagauh Komenan, que reunió a especialistas, estudiantes y público general en torno a debates sobre arte, devolución y miradas académicas especializadas sobre la economía y el Sahel.
Me alegra muchísimo constatar el empuje universitario canario hacia el continente, al que se ha sumado generosamente la Universidad de La Laguna a través de su rector, Francisco García. Todo ello, completado con iniciativas educativas que acercan África a las aulas y a la sociedad, contribuyendo a desmontar estereotipos y a generar conocimiento riguroso. Intentando, como les digo, que Casa África siga ejerciendo como un espacio de reflexión y de conversaciones en el que nos miremos a los ojos, nos conozcamos y conectemos.
Quisiera concluir agradeciendo a la ciudadanía el que, si algo ha caracterizado esta edición de África Vive, ha sido, sin duda, la respuesta del público. La gran mayoría de actividades no solo alcanzaron el aforo completo, sino que en muchos casos obligaron a gestionar colas y esperas en la entrada, e incluso a dejar público fuera por motivos de seguridad, reflejando el enorme interés que despierta este programa y el lugar que ocupa ya en la agenda cultural de Canarias.
En conjunto, esta edición ha vuelto a demostrar que África Vive no es solo un programa de actividades, sino una experiencia colectiva que, a través del cine, la literatura, la gastronomía, la música, la moda o el pensamiento, contribuye a acercar realidades, generar diálogo y fortalecer los vínculos entre Canarias y África en un clima de respeto, curiosidad y celebración compartida. Gracias a todas y todos los que lo han hecho posible.