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Ceuta

2 de octubre de 2026 18:03 h (Hora canaria)

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Ceuta es un holograma, poco parece auténtico, porque la realidad está al mismo tiempo presente y ausente. Recuerda al capitán Renault en la película Casablanca, cuando grita el secreto de polichinela, aquel secreto que todos conocían pero todos callaban : “aquí se juega”. Claro, tonto. Todos lo sabemos todo, aunque muchos tienen la mirada envenenada. Galdós en Tormentas del 48 escribió que muchos políticos o eran tontos o se pasaban de listos.

Eugenio d’Ors proponía una forma de acertar: entre dos explicaciones, elegimos la más clara, y entre dos de igual claridad, la más elemental, y en último término, la más breve. Entendiendo que lo más breve y claro en Ceuta es que se trata de una invasión que lleva dentro un tremendo drama migratorio que pagó por adelantado con ciento cuarenta muertos. Y recordemos, una vida no vale nada, pero nada en este mundo vale más que una sola vida.

Se alza el telón y estamos en el circo. Aparece Aznar y hace definitivas sus conclusiones: invasión y traición. Aznar no, oh cielos, Leoncio, que horror. Tú no. El campeón de la mentira y de la soberbia. Ese Dorian Gray al que no le importa el desatino ni el ridículo porque cree que quien sufre no es él sino el cuadro con su retrato colgado en FAES.

Se baja y se alza el telón, Feijóo concluye invasión. Pero qué patriotismo es el tuyo que ante una invasión te dedicas a darle leña al Gobierno. Había más payasos en el circo. Aparece una ONG en Ceuta que resulta apedreada por estar su camión rotulado en vasco. La ETA. Y aquí tiramos de Churchill: un fanático no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema. O lo que es lo mismo, el territorio de pensamiento fronterizo fanático que colinda con PP y Vox que ni puede cambiar de opinión ni quiere cambiar de tema cuando huele la sombra de ETA.

Pero hay una buena noticia. En España y por mucho tiempo la última palabra la tenía Felipe González. Ahora valoramos más su silencio. En cosas de Marruecos, Felipe calla. Pero el silencio más productivo es el de la tonta del culo de Madrid que calló, anestesiada por su ático.

Un sistema sin valores alcanza su equilibrio con el máximo desorden en simulación del segundo principio de la termodinámica. Eso no nos puede pasar, abandonar nuestros principios. Lo más claro, lo más elemental y lo más breve es aceptar que Marruecos vio por un hueco la posibilidad de poner a España a prueba. Como hace Putin con sus drones, para ver cómo es la reacción.

El que resiste, gana. A pesar de tanto tonto pasado de listo, algunos resistimos y no veremos el canal de las Berrocal ni iremos a un concierto de Bertín Osborne.