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El Papa visita Canarias por la migración: ¿es turista, migrante o ‘digital nomad’?

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Desde la aparición de nuestra especie, los homo sapiens nos hemos movido por la superficie del planeta tierra buscando recursos con los que sostener a nuestra comunidad. Esto podría considerarse un fenómeno natural, innato a una especie que originariamente era nómada, hasta que nos sedentarizamos con el desarrollo de la agricultura y la ganadería. Sin embargo, la creación de fronteras políticas, que separan a unos territorios de otros, y de fronteras conceptuales, que caracterizan a unos movimientos como turismo y a otros como migraciones, es una construcción social que vino mucho después. Los seres humanos no habitamos un espacio meramente físico, sino un espacio social, que es a la vez socialmente determinado y socialmente determinante. Socialmente determinado, porque es percibido a través de categorías que se adquieren a través del proceso de socialización y que llevan a ver unos espacios como feos o bonitos, productivos o improductivos, buenos para vivir entre gente que piensa como yo o guetos o espacios gentrificados que no son para gente como yo. Y socialmente determinante, porque la relación con el espacio determina el acceso a los recursos y las condiciones materiales de la existencia de los individuos y de los grupos sociales: ¿Quién tiene derecho a obtener una ganancia económica del petróleo que está en el subsuelo de Irán o Venezuela, de los materiales raros que están en montes submarinos en el Atlántico o a lucrarse de los peces que surcan lo que hasta antes de ayer se tendía a denominar el “banco pesquero canario- sahariano”?

Desde el punto de vista sociológico podría plantearse que el espacio social que habitamos los seres humanos viene definido por dos pares contrapuestos de conceptos: fronteras/conexiones y derechos/obligaciones. La concepción de algo como una frontera o una conexión es una construcción social que está siempre sujeta a discusión. En función de cómo se defina la cuestión, se generan derechos que acaban teniendo consecuencias muy importantes en la vida de las personas y son un factor clave a la hora de entender quién está dónde, tanto en la estructura social como en el territorio. Por ello es necesario abandonar esquemas de percepción de la realidad, que, como planteara Urry, corresponden a una concepción de la sociedad como estado-nación que está hoy claramente superada, y desarrollar nuevos conceptos para entender todo el abanico de movilidades contemporáneas. Y Canarias es un muy buen lugar para entender esto. 

Pongamos que es usted residente en Tenerife. Desde 2026 puede visitar los senderos del Teide sin pagar nada, a diferencia de quienes residen en otras islas, que pagan entre 3 y 6 euros, y de quienes no residen en las islas, que pagan 25. Si quiere visitar el Parque Nacional de Timanfaya, en Lanzarote, tiene derecho a que el Estado (español) le subvencione el 75% del transporte hasta esa isla. Pero tendrá que pagar 24 euros por el acceso a Montañas del Fuego, a diferencia de quienes residen en Lanzarote, que pagan 2, y de quienes residen en cualquier otro lugar, que pagan 30. Pongamos que es usted residente en Turín: como ciudadano comunitario tiene derecho a venir a Canarias, permanecer aquí durante 90 días, y, si hace los trámites pertinentes, extender su estancia prácticamente el tiempo que quiera. Y si quiere emprender alguna actividad económica y ganar dinero aquí, la cosa tampoco le resultará muy complicada. En la actualidad en Canarias viven más personas nacidas en Venezuela que en Italia, y, sin embargo, las personas con nacionalidad italiana son las más numerosas entre las personas con nacionalidad extranjera en Canarias, simplemente, porque muchas de las personas residentes en Canarias nacidas en la república bolivariana tienen nacionalidad española. 

Fronteras, conexiones, derechos y obligaciones. Hay muchas personas que vinieron primero a Canarias como turistas y que vieron la relación entre lugar de origen y de destino como una conexión, más que como una frontera, y han visto en ello una fuente de riqueza. ¿Cómo se establecen las fronteras? ¿Cómo se determina quién pertenece a un grupo u otro? En la práctica podría decirse que en lugares como Canarias hemos asumido que cualquier persona tiene derecho a disfrutar de “nuestro” espacio, siempre que cumpla con lo que se cree que es su obligación: gastar dinero, mucho dinero, cuanto más dinero mejor. Si alguien llega a un territorio y pretende no sólo disfrutarlo sino ganar dinero la cosa se complica, tanto en relación con los derechos como con las obligaciones. Si el Papa visita Canarias, y durante su estancia necesita asistencia médica, ¿quién lo paga? ¿Y si decidiera renunciar (como Benedicto XVI) y pasar su jubilación en la tierra de sus antepasados? 

Los cambios sociales hacen necesarios nuevos conceptos para gestionar realidades que son también nuevas. Pintadas como “Guiri Go Home”, “Digital Nomads Go Home” y “Ley de Residencia ya” surgen de lo que se percibe como una ruptura del pacto social. Hay quienes perciben que esta gente “de fuera” que gana dinero aquí, gasta nuestras calles, llena nuestras plazas y playas y quizá hasta vayan al médico, no contribuyen a pagar la sanidad, la seguridad y tantas otras cosas que hacen que esto sea como es. “Lo que los seres humanos perciben como real es real en sus consecuencias”, plantea el teorema de Thomas. Hablar de turismo y migraciones, en la actualidad, sirve, más que para entender la realidad para intentar darle forma, asignando derechos y obligaciones que vienen socialmente determinados y que son socialmente determinantes. Veamos las noticias: problemas con el alquiler vacacional, con gente que está empadronada en “apartamentos turísticos”, con gente “de fuera” que usa espacios y recursos “locales” y “locales” que hacen uso de los recursos “turísticos”. ¿Es el Papa turista o migrante? Quien se fije en que sus bisabuelos emigraron desde Canarias al Caribe, y que ahora él hace el viaje de vuelta, lo equipararán quizá con tantos “emigrantes retornados”. Quien lo conciba como un guiri, pues viene de un país rico y su lengua materna es el inglés, seguramente tienda a verlo como un turista. Es necesario una nueva perspectiva para analizar y comprender la realidad: lo que importa no es que a alguien le pongamos la etiqueta de turista, migrante o nómada digital. Lo importante es cómo concebimos las fronteras/conexiones y cómo en función de eso asignamos derechos y obligaciones.