El exconsejero de Cultura y Patrimonio Histórico del Cabildo de Gran Canaria Pedro Luis Rosales ha anunciado este jueves su baja del Partido Popular a través de una carta en tono socarrón en la que lamenta, entre otras cosas, que su formación haya abandonado “el pensamiento conservador” o que en la organización insular “en quince años apenas hay tiempo de otra cosa que de acomodar a los amigos en listas electorales”.
A pesar de este desasosiego con su partido, les avisa de que siempre permanecerá “en el mismo sitio de siempre: doblando a mano derecha”. A continuación reproducimos la epístola que publicó en su perfil de Facebook:
Sra. Dña. María Australia Navarro de Paz
Presidenta Insular de Gran Canaria
Partido Popular
En el domicilio en que me hallo, a 10 de mayo de 2018
Distinguida Presidenta, querida María Australia,
Te ruego que tramites mi renuncia a la condición de afiliado del Partido Popular y que disculpes este disgusto, del que te deseo olvido pronto.
Pensé en remitir mi solicitud a nuestro presidente regional, pero enseguida reparé en sus celebrados despistes y temí que, en desliz espacio-temporal, le entregara esta carta a Bravo y acabase yo causando baja en ATI. Aunque, bien mirado, lo cierto es que no soy alguien apto para censurar a quien no le ofrece curiosidad su DNI: yo mismo no lo miro nunca y siempre digo que soy de Arucas, cuando ello sólo constituye un anhelo, vocación frustrada, apenas la pintoresca manía que nos distingue a los aruquenses. Además, uno es más afín a Soria y la nueva presidencia regional deviene tan extraña, tan (buscar en mejor momento un adjetivo que no resulte peyorativo ni diminutivo, ni ofensivo; alguno habrá).
Imagino que estarás ansiosa por conocer mis motivos para esto y te confieso que desde hace algunos años ando un poco a disgusto. Pondría el comienzo en la tesitura de España cuando, con riesgo de ser gobernada por comunistas y socialistas de consuno, ni un solo líder relevante del PP – particularmente el que más debiera – se fijó en la manera de almorzar de los peones en el ajedrez, y se hizo a un lado. Pero en esto, como siempre que puedo, aplico mi máxima predilecta: pelillos a la mar.
A lo anterior se suma que en política prefiero el pensamiento conservador (uno cuyos preceptos pueden buscar en algún portal de confianza) y no hallarlo debidamente ya en el Partido me trae a resolver una relación que, en lo formal, se inició hace treinta años, afiliándome en Génova. Por aquella época la informática no estaba tan avanzada y aún se usaba el papel, por lo que quizás conserven la ficha, salva de martillazos certeros, pociones de ácido sulfúrico y acetona y brincos en corro sobre ella.
Durante muchos de esos años (la mayoría), me sentí extraordinariamente orgulloso del PP y honrado por ser parte del mismo, y sinceramente agradecido (esto me dura hoy; fecha en la que discrepo de quienes insisten en que el Partido está por encima de cualquiera de sus afiliados, pues ello no sólo constituye un error conceptual, sino que – disculpando el potaje histórico, la ucronía, como siempre hemos hecho – contradice el presunto postulado humanista que se le atribuye. Un partido es casi nada, sólo vale como contenedor de personas, de ideas; cuando deja de contenerlas bien, de apreciar lo que contiene, mejor es venderlo para acopio de millo y alfalfa al primer ganadero que pase).
En cuanto a la organización insular, concedo que en quince años apenas hay tiempo de otra cosa que de acomodar a los amigos en listas electorales, después – por supuesto - de que la caridad comience por uno mismo (tómenlo como expresión coloquial y, en absoluto, como ataque velado a la sagrada laicidad de España), y que en los quince próximos asombrarán al mundo, o a la Isla, o al menos a la calle Albareda. Anuncio de ello fue el congreso frente a Paulino, en que llegó – acompañada de Antonio, creo – toda aquella gente tan desconocida y rara a votarte con entusiasmo. Aprovecho para declarar que la política canaria – a mi juicio, claro; ¿cómo hablar por pensamiento ajeno? - con el distanciamiento de Paulino y de Enrique perdió mucho, siquiera sea por el momento.
Si los seres humanos tuviésemos seis dedos en cada mano, es probable que la historia universal del piano habría sido notablemente distinta, pero las cosas son como son y no como quisiéramos. Estaré tan cerca o lejos de ustedes como del lugar al que lleven al Partido, pues permaneceré en el mismo sitio de siempre: doblando a mano derecha.
No sé, quizás debiera quedarme (que nooo, es broma).
Recibe un abrazo y mis recuerdos para todos por ahí,
Pedro Luis Rosales Pedrero