Héctor Socas, astrofísico: “El optimismo es hoy una urgente necesidad de supervivencia”
Lo extraordinario del momento actual es que los grandes avances científicos están cambiando el mundo en menos tiempo del que tardamos en nacer y morir; “no damos abasto”, dice el astrofísico Héctor Socas, quien admite que esta velocidad en el conocimiento puede generar incertidumbre, desconfianza y cierto temor al futuro.
Pero en un momento como el de ahora la ciudadanía no puede permitirse la apatía. Los grandes cambios y peligros que puedan derivar de la inteligencia artificial (IA), la bioingeniería o la exploración espacial tienen que estar en el debate, “colarse en las casas, en los bares”, y hay que ser optimistas, aunque no desde la ingenuidad: “El optimismo es hoy una urgente necesidad de supervivencia”.
Socas, director de la Fundación del Telescopio Solar Europeo, acaba de publicar “Horizontes de la civilización” (Planeta), “una mirada optimista al futuro de nuestra especie”, escribe en la portada.
Este ensayo pretende contribuir a la reflexión de la ciudadanía, detalla en entrevista con EFE. “Debemos ser conscientes de los grandes avances en ciencia y tecnología, con profundas implicaciones en nuestra vida y en la de próximas generaciones. Tenemos que tomar el control para decidir en qué direcciones queremos ir”.
¿Máquinas pensantes e inteligentes?
“Probablemente la próxima especie inteligente y tecnológica que habite este planeta será una generación de máquinas pensantes”. Así arranca el capítulo “Mens ex machina. Orígenes de la IA”. ¿Perturbador? El autor responde que no, la idea no le “desagrada” y no la plantea como un escenario en el que las máquinas vayan a destruirnos.
Sino que la expone casi desde un punto de vista evolutivo porque “de alguna manera van a ser nuestros descendientes”. Socas argumenta que la especie humana, como todas las especies, tiene su tiempo en este planeta. “Llegará un momento, en millones de años, que no estaremos pero dejaremos un legado tecnológico que perdurará sobre nosotros”.
¿Y llegarán las máquinas inteligentes? Este científico del Instituto de Astrofísica de Canarias -ahora en excedencia- opina que ya están entre nosotros, pero señala un matiz, también para hablar de máquinas pensantes.
Por inteligencia en este contexto Socas se refiere a la facultad de razonar, inferir y llegar a conclusiones lógicas que deriven de ciertas premisas, tal y como describe en su libro.
También pensar es razonar y, al igual que con la inteligencia, aclara el investigador canario, no se refiere ni a la consciencia ni a la sintiencia -experiencias ambas del ser humano-. “Yo soy de la opinión que ya tenemos máquinas pensantes, no conscientes, no sintientes, pero sí pensantes”.
La ética
Además del optimismo, al que Socas alude como “optimismo obrero”, la ética es una constante del libro. El autor menciona que hay que decidir qué es exactamente lo que queremos que las máquinas aprendan de nosotros. Ahora mismo, la capacidad de generar los grandes modelos de lenguaje depende de unas pocas empresas o instituciones y en general, salvo Grok -la IA de Elon Musk-, “están teniendo cuidado”.
“Se puede discutir si se puede hacer mejor, pero salvo esa excepción notable, casi todas están poniendo atención y presumen de alineamiento -que la IA actúe de acuerdo con valores y objetivos humanos-”.
La bioingeniería es otro de los asuntos que desarrolla y una vez más aparece la ética. Y es que, como relata en sus páginas, esta ciencia conlleva riesgos reales; se podrían, por ejemplo, crear organismos sintéticos que escapen al control y alteren ecosistemas.
Tecnología y ciencia en general avanzan más rápido que las deliberaciones éticas. La fórmula para que el conocimiento sea correcto, menciona Socas, tiene que pasar por el respeto a la identidad y diversidad, y basarse en decisiones colectivas alejadas de presiones externas.
Una vez más entra en juego la educación y participación ciudadana. “Vivimos y aspiramos a vivir en una sociedad democrática, en la que sus habitantes tienen que estar informados de lo que hay y viene”, resume el autor, para quien la biología futura permitirá, en teoría, “redefinir qué significa ser humano”.
Colonizar el espacio
Socas también habla de los esfuerzos históricos por buscar vida y tecnología extraterrestre. “La idea de descubrir que no estamos solos en el universo es una de las más profundamente transformadoras que podemos imaginar”.
Pero más allá de esta búsqueda la colonización espacial ya es un hecho. “Estamos -dice a EFE- empezando a ocupar un poquito del espacio y tenemos que tener claro qué es ético y que no, y regular nuestras acciones”.
Ya hay ética cuando las agencias espaciales esterilizan naves para no contaminar con microorganismos terrestres otros planetas, pero hay que ir más allá. La ética de la colonización espacial no se agota en la protección de una posible vida extraterrestre, sino que “incluye la reflexión sobre cómo nos comportaremos entre nosotros fuera de la Tierra”.
Por ejemplo, la muy lucrativa explotación comercial de recursos espaciales (minería) “conviene regularla cuanto antes”. Los abusos se darán sin un marco ético-legal sólido y “lo que nos ha enseñado la historia es que debemos adelantarnos”.