Calor, exceso de oferta y bajo consumo llevan al plátano de Canarias a recordar los precios de la crisis de 2023
El mercado del plátano de Canarias se ha prendido fuego, como por desgracia está ocurriendo en parte del territorio continental español este verano, en su casi único mercado exterior de venta: el de la Península y Baleares (ahí va algo más del 90% de la producción total de las islas).
El tremendo calor, el exceso de corte de fruta o de oferta en las islas, la nula adopción de medidas eficaces en busca de mejores equilibrios oferta-demanda, la dependencia extrema y casi única del mercado del resto del país y el retraimiento conocido de la demanda en los meses del verano, junto con la competencia cada vez más potente de la banana, ya dominadora en la Península (quién lo iba a decir), restan, y mucho, en el objetivo siempre perseguido de conseguir una venta remunerativa de la principal fruta que se produce en Canarias en su principal destino: el resto de España.
Una semana más, el precio en origen, el que recibirá el cosechero isleño por la fruta que haya vendido en ese destino (descontados todos los costes de comercialización) durante la semana 29, la del 13 al 19 de julio, ha sufrido un duro revés, y todo apunta a que no será el último ni quizá el peor de ellos. Pintan bastos y ya este año empieza a rememorar lo ocurrido en el verano lastimoso y dramático de 2023.
En esa semana, la última con datos oficiales del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) y su Informe Semanal de Coyuntura, publicados en la web corporativa de ese organismo estatal, la fruta isleña alcanza un precio medio en origen, para la venta manillas de calidad superior, de 0,41 euros por kilo, lo que viene a significar otro descenso notable respecto a la semana precedente, la 28, con una caída relativa de casi el 20% (19,55%).
Este nuevo derrumbe lleva el ingreso final que perciba el agricultor canario cuando se le liquide la fruta comercializada durante esa semana a un promedio de pago de 0,41 euros por kilo, 0,10 euros menos que esa misma variable de la semana 28, entonces en 0,51.
Con ese precio final percibido (cuando se le abone, que suele ser un mes o mes y medio después de realizada la venta en destino), con el que todavía el productor debe asumir los costes de producción en finca, los agrícolas (rondan entre los 0,70 y los 0,80 euros por kilo), las pérdidas son grandiosas, la venta, está nítidamente claro, no es remunerativa, y quizá esto sea lo peor: cada vez resulta más difícil, al menos en tiempos estivales, obtener beneficio alguno de la actividad platanera, incluso sumando la ayuda directa que paga la UE, la del programa Posei, que es un máximo anual de 0,34 euros por kilo.
Se ha dibujado una coyuntura de mercado, o igual un escenario estructural para los veranos, que obliga a estar muy pero que muy preocupados, pese a que las posibles soluciones, que deben tener origen en la organización Asprocan, en el mejor de los casos, no trascienden, y en el peor, no existen.
El precio en origen de la semana 29 de este año, los 0,41 euros por kilo, es casi el mismo que el obtenido en idéntico periodo de cálculo del año 2023 (en este caso, 0,42 euros por kilo), la peor campaña que ha sufrido el productor local, en lo que concierne a precios percibidos, en los últimos seis años, desde el pasado ejercicio de 2021.
En ese año 2023, el precio en origen alcanzó en verano, en la segunda quincena de agosto, valores entre 0,25 y 0,20 euros por kilo. En 2025, el suelo de valor medio pagado al agricultor fue de más o menos 0,40 euros por kilo, también en el estío central.
Según información recabada de fuentes del sector productor de Canarias, la marca prevista de embarque a la Península la semana 31, del 27 de julio al 2 de agosto (la que viene), se mantiene en parámetros similares a los de las semanas 28, 29 y 30, en torno a 5,5 millones de kilos. Solo hay desahogo de oferta con envíos al vecino país de Marruecos.
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