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De la dana a proteger del fuego a los vecinos: las 'voluntarias de la guarda' que evacúan la sierra en Villamanta

Algunas de las personas evacuadas por los incendios de la Comunidad de Madrid junto a miembros de Protección Civil este viernes en el polideportivo de Villamanta.

David Vázquez Baciero

Villamanta —

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Son las voluntarias de Protección Civil de Villamanta. Son una veintena y, sobre todo, son importantes. Así lo revela, por ejemplo, el hecho de que figuren en el plan de emergencias del pueblo y que sean consideradas un valioso recurso por parte de Protección Civil. El motivo es que conocen la localidad y a los vecinos y están preparadas para desplegarse en cuestión de horas, cuando no minutos. En los últimos dos días, se han dedicado, entre otras tareas, a repartir comida, estar pendientes de los vecinos y tratar de levantar el ánimo del personal. Todo, por compromiso con la gente. Puro afán de ayudar.

Para entender quiénes son hay que irse a una fecha que todos los vecinos del pueblo de Villamanta, en el suroeste de la Comunidad de Madrid, tienen grabada a fuego en la mente. En la madrugada del 3 al 4 de septiembre de 2023, una gran masa de nubes negras descargó con furia 190 litros por metro cuadrado.

En cuestión de minutos, los ríos Alberche, Perales y Arroyo Grande se desbordan. En Aldea del Fresno, caen los tres puentes que dan acceso al municipio; y en El Álamo, la lluvia torrencial obliga a cancelar las fiestas. La peor parte, sin embargo, se la lleva Villamanta: coches arrastrados, árboles arrancados por la fuerza del agua y buena parte del pueblo enfangado. Finalmente, como un preludio de la que habría de asolar la Comunitat Valenciana tan solo un año después, aquella dana del suroeste de Madrid deja un balance desolador: casi 60 millones de euros en daños y dos víctimas mortales.

“El Ayuntamiento pidió ayuda y la gente ayudó”, resume Ignacia Serrano, de 69 años. “El río crujía”, describe Alejandra Fuenlabrada, una estudiante de Filología Hispánica de 20 años que apenas era una adolescente cuando todo ocurrió. Sin embargo, en su memoria permanece nítido el recuerdo de aquellas horas: “Nos repartimos por zonas y nos pusimos a limpiar. Veíamos ambulancias, luces linternas…”. Tras la tragedia, cuentan, llegó una respuesta en forma de ola de solidaridad que no solo unió a las generaciones de Villamanta, sino que dejó para las catástrofes venideras un grupo que está siempre listo para ayudar en caso de necesidad acuciante.

“Son mi mano derecha”, dice, orgulloso, a elDiario.es Fernando Madrid, trabajador de Protección Civil de 55 años que no dudó en acudir a ellas en la tarde del jueves, cuando se supo que los incendios que tienen en vilo el centro peninsular, los mismos que han obligado ya a evacuar a 60.000 personas en Madrid y Ávila, estaban afectando a los pueblos cercanos. Tras acudir solícitas al polideportivo de Villamanta en cuanto fueron convocadas, se han encargado durante todo el viernes, entre otras tareas, de repartir desayunos, comidas y cenas. Y lo seguirán haciendo mientras haga falta. Además, han mantenido durante todas estas horas un contagioso buen ánimo que proviene del recuerdo de las duras experiencias compartidas.

“En 2023, erais más barro que niñas”, recuerdan, como forma de poner en valor su trabajo en aquel episodio, las veteranas a las más jóvenes. Los villamanteños, que tienen muy presente el modo en que niños y adolescentes arrimaron el hombro en la dana, no quieren ni oír hablar de guerra generacional: “A nuestros jóvenes que no nos los toquen”, resumen las voluntarias, que subrayan que durante estos días de fuego y angustia los vecinos de menor edad también están sabiendo estar a la altura.

Forman parte de esta comprometida juventud y del grupo de voluntarias Marina González-Mohíno, estudiante de Trabajo Social de 20 años. También Daniela Núñez, estudiante de Artes Escénicas de la misma edad. Durante estos días, tratan de aplicar algo de lo aprendido en 2023: “En una situación así es importante mantener la calma”, explican. “También aprendimos que, por muchas ganas que tengas de ayudar, lo primero que hay que hacer es preguntar, porque puede pasar que en realidad termines estorbando”.

Buena parte de este aprendizaje lo tuvieron que poner en práctica especialmente en la noche del jueves al viernes, con la gente recién salida de sus hogares y recién llegada a La Chopera, el polideportivo de Villamanta que está dando cobijo a las personas desplazadas de pueblos aledaños como Aldea del Fresno. Entre aquellos a quienes hubo que atender más urgentemente figuran los usuarios de tres residencias y las personas dependientes del centro ocupacional Amam.

“En momentos así sientes mucha impotencia, porque quieres ayudar más y no puedes”, explica Paloma León, de 63 años. Este viernes, aunque las noticias que llegan de los incendios no dan respiro, el panorama en el polideportivo de Villamanta pinta algo mejor: muchos de quienes salieron de sus casas con lo puesto han podido ir a descansar a domicilios de familiares o amigos, y quienes lo necesitaban con más urgencia han sido reubicados por la Comunidad de Madrid. Pero las voluntarias de Protección Civil de Villamanta no aflojan: a eso de las 21.00, empiezan a repartir las cenas, y no pasará mucho tiempo antes de que empiecen a ayudar con los preparativos para que todos duerman lo mejor posible. Tras la catástrofe, llegan siempre ellas.

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