Los niños, de un mes confinados a salir al banco o a la compra... y, ahora, a dar paseos
Después de más de 40 días en confinamiento, los niños y niñas volverán a pisar la calle a partir del próximo domingo. A pesar de que, en un primer momento, el Gobierno de España planteó que los menores de 14 años solo podrían salir para acompañar a un adulto en los desplazamientos permitidos desde que se declaró el estado de alarma, como ir al supermercado, al banco y a las farmacias, el Ejecutivo ha rectificado y ahora asegura que podrán dar paseos sin necesidad de ir a ningún establecimiento. “La primera, era una medida que no cubría ni de lejos sus necesidades mínimas y, para colmo, ponía en riesgo la salud de los más vulnerables”, subraya María Eugenia, madre de un niño de dos años y medio. “Si salir es una aventura por la cantidad de cosas que hay que tener en cuenta para protegerse y proteger a los demás, meterse en un establecimiento con un niño es una locura. Esperábamos simplemente poder salir a dar una vuelta a la manzana, a caminar”, añade.
Para que este contacto con el exterior después de más de un mes en casa se desarrolle de la forma más efectiva y responsable posible, su único móvil tiene que ser “el bienestar real de los menores”. Para ello, de acuerdo con la psicóloga clínica experta en infancia Dolores Merlino, debe apelarse a la responsabilidad de las familias y confiar en la sabiduría de los menores. “Los padres y madres no pueden utilizarlos como excusa para saltarse ellos el confinamiento. Hay que escuchar a los pequeños, preguntarles qué saben del coronavirus o cómo deben protegerse. Que ellos mismos respondan a estas cuestiones les hace interiorizar para qué salen o cómo lo hacen”, explica la profesional.
María Eugenia considera que hay que dar a las familias herramientas para entender y saber acompañar a los menores en esta situación sin precedentes. En su caso, la asimilación de las circunstancias que ha seguido el niño ha pasado por distintas fases: primero tristeza, luego resignación y últimamente enfado y decaimiento. “El estado anímico es muy cambiante y la gestión de sus emociones especialmente complicada”, explica. “Unos tres días después de empezar la cuarentena empezó a expresar tristeza por no poder salir. Decía que quería ir a la calle y fue entonces cuando le contamos lo que pasaba”, recuerda.
Con el paso de los días, el menor empezó a sentir frustración, expresada en rabietas y llantos más frecuentes de lo habitual. “Como ahora no tiene que madrugar para ir a la escuela, no mantenemos el mismo ritmo. Sí tratamos de mantener las secuencias de actividades diarias como cenar y después bañarse, lavarse los dientes y acostarse”. A la dificultad del contexto se suman los obstáculos para compatibilizar el teletrabajo con las necesidades del niño: “Nuestra energía y estado anímico no pueden seguir el ritmo de sus demandas. Está acumulando mucha energía que necesita liberar de algún modo y no tiene cómo”.
La psicóloga Dolores Merlino sostiene que la recepción de luz natural incide directamente en el humor y mitiga los sentimientos de tristeza o soledad. Además, moverse favorece el desgaste de energía y permite regular los horarios de sueño. Sin embargo, apunta que ante la decisión del Gobierno existe miedo a que el virus se propague entre los menores, a que las familias incumplan las normas y acaben visitando familiares, o que las salidas y la forma en la que se realizan terminen generando frustración en ellos por no querer volver a casa o por no entender para qué es esa salida. La psicóloga subraya que esta puede ser una oportunidad para educar a los menores y hacerles partícipes de la responsabilidad social que comparte la población para combatir al virus. “Los adultos no pueden hacerles cómplices de trucos para saltarse la norma y decirles: ”vamos a decir una mentira piadosa y nos vamos a ir a una playa escondida“.
La edad, las condiciones de la vivienda y la propia personalidad del menor son factores a tener en cuenta para enfrentar este desconfinamiento. “Hay niños que viven en casas con espacios exteriores y que por su forma de ser o por ser más grandes lo llevan bien”, matiza. Si en estos casos, además, viven con personas en riesgo, deben ponerse en una balanza los beneficios y los peligros. “Puede incluso ser más agobiante la fase previa de ponerse mascarillas, guantes y toda la protección posible para salir que quedarse en casa”, indica.
La profesional sostiene que merecen una especial consideración los niños con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) o con Trastorno del Espectro Autista. El hijo de Julia, una madre lanzaroteña, tiene siete años y TDAH. El confinamiento le ha hecho perder su rutina. “Es como si hubiéramos perdido todo lo que hemos trabajado este año con la pedagoga respecto al control de sus impulsos y sus nervios. Ahora se le han pronunciado un poco los síntomas, pestañea mucho y está más nervioso de lo normal cuando nos sentamos a hacer los deberes”, explica Julia.
La pedagoga sigue en contacto con ellos por videollamada, pero no es suficiente. “Las sesiones a las que iba eran individualizadas, duraban 45 minutos dos días en semana, y eso ahora es imposible”. El menor tiene un permiso médico para salir. Julia y el pequeño viven en una casa junto a la playa, entonces aprovechan para dar pequeños paseos en el mar, pero no todos los días.
Dolores Merlino apela a la necesidad de generar ambientes cómodos en el hogar en estas circunstancias. “Si en casa hay gritos constantes, los niños gritará y querrán salir porque no aguantan más la situación”, explica. “Según cómo estén los adultos, estarán los niños. Somos responsables de sus comportamientos, por ello debemos hacernos cargo de nuestro estado anímico en este encierro para transmitírselo a ellos”, señala.
Una de las recomendaciones que traslada es evitar la sobreinformación. “Tienen que estar informados, pero de forma adecuada. No podemos tener todo el día en casa puesto el telediario”, aclara. Otra de las propuestas que plantea es crear distintos ambientes dentro de la casa. “Si el menor tiene clase de danza, cambiar la distribución del salón para esa actividad, por ejemplo”.