Primeras tiranteces en la plataforma CC-Prica
La convocatoria sobrevenida de elecciones generales el 29 de noviembre no ha cogido con el paso cambiado a Fernando Clavijo. Hace meses que ha logrado encaminar algunas de las soluciones que su partido, Coalición Canaria, ha decidido aplicar para combatir el natural desgaste de más de tres décadas de ejercicio de poder y el ascenso de otras fuerzas políticas que puedan laminar su respaldo electoral. Desde que lidera CC, Clavijo ha visto cómo el proyecto se ha estancado y ha empezado a retroceder, por lo que él y su equipo saben que esa tendencia es imparable y que hay que adoptar algunas medidas atípicas para invertirla porque no se pueden permitir otro cuatrienio en la oposición como el que sufrieron con el Pacto de las Flores. Al fin y al cabo, CC es un partido creado desde el poder y sin poder corre el peligro cierto de desintegrarse.
Tres décadas de historia parece un plazo suficiente para renovar el proyecto nacionalista, para abandonar viejos discursos heredados del insularismo original ensolerado al calor del tardofranquismo de la UCD a la que pertenecían sus más señeros fundadores, a los que hay que reconocerles la ocurrencia del invento y que haya terminado calando entre la ciudadanía que Coalición Canaria es un partido nacionalista. Y progresista.
La leve renovación del discurso y de algunas caras ha venido acompañada de una nueva estrategia de confluencia con partidos que puedan suplir las carencias allí donde se detectan. Bajo el paraguas de “confluencia nacionalista” o “confluencia soberanista”, CC destá abriendo brechas en los partidos más directamente concernidos en su espacio o en alternativas a la gobernabilidad de Canarias.
En el primer caso, el de la confluencia nacionalista, que no es la primera vez que se intenta, CC ha conseguido hacerle un siete a Nueva Canarias en su núcleo mismo alentando de todas las maneras que se alientan estas cosas en política la creación de un partido que remede a los de Román Rodríguez con el que hacer a continuación una alianza electoral.
Gran Canaria es uno de los agujeros negros de Coalición Canaria. Una de esas plazas donde hace tiempo que están encendidas todas las alarmas, donde han flaqueado las fuerzas de tal manera que ya van cuatro legislaturas autonómicas con tan solo un diputado en esa circunscripción, en la que se eligen nada menos que quince.
En Gran Canaria, CC ha intentado de todo, desde coaligarse con Unidos por Gran Canaria, el partido de los Bravo de Laguna, que no puede pasar precisamente ni por nacionalista ni por progresista, con quien concurrió en 2019, hasta atraerse a la alcaldesa de Mogán, Onalia Bueno, que tampoco es lo más progre de la huerta y con la que el idilio duró apenas unos meses
Así que había que seguir intentándolo.
De ese modo fue como dieron con Municipalistas Primero Canarias, que surge al calor de la ruptura interna de esa bestia parda de CC, Nueva Canarias, ruptura que es convenientemente canalizada aprovechando los egos y la ambición del poder siempre tan presentes en la política.
Pero llegado el primer rubicón, el de las elecciones generales del 29-N, ya han surgido las primeras tiranteces. La cabeza visible de Primero Canarias, Teodoro Sosa, alcalde de Gáldar, ha sido inmediatamente catapultado al puesto número uno de la lista al Congreso de los Diputados por Las Palmas. Pero no ha sido catapultado por su partido sino por Fernando Clavijo, que, sin que nadie se lo pidiera, se lanzó públicamente a elogiar la figura de Sosa como si estuviera todo acordado entre ambas fuerzas políticas.
Cierto es que ya estaba decidido concurrir juntos, que esa es la filosofía y el propósito por el que se crea una marca blanca, pero sin que estuviera formalmente decidido el cabeza de cartel, el presidente del Gobierno da el paso y genera la primera crisis.
No hay una sola encuesta, salvo que Perfiles le haya hecho una específica a Clavijo, que otorgue un diputado seguro a la confluencia CC-Prica en la provincia de Las Palmas. Teodoro Sosa es muy conocido en Gran Canaria, pero no tiene predicamento alguno en las otras dos islas de la provincia, Lanzarote y Fuerteventura.
Así las cosas, lanzarlo a darse un talegazo en el primer intento de la alianza electoral parecería bastante arriesgado si no fuera porque en realidad está todo bien medido.
Está en el manual de Coalición Canaria poner a los enemigos en su sitio. Y a los amigos también. Mandar a Teodoro Sosa a las elecciones generales tiene dos objetivos. Si se diera el milagro y saliera elegido diputado por Las Palmas, impresionante resultado y la confirmación de que la fórmula funciona. Pero a su vez, costaría mucho a Prica imponerlo también de número uno al Cabildo de Gran Canaria en las elecciones de mayo de 2027 dada la necesidad de alimentar tantas bocas hambrientas. Pero en el caso de que fracasara en su intento, en función del tamaño del patinazo, quedaría debilitada su figura como valor electoral, lo que también habría de ser aprovechado por su querido y dilecto socio.
Porque lo que pretende CC no es ocupar plaza de diputado o diputada por Las Palmas, que sabe que es un imposible. Lo que pretende es que María Fernández sea respaldada por Primero Canarias al Cabildo de Gran Canaria. Al fin y al cabo, ya tienen la candidatura a la alcaldía de Las Palmas de Gran Canaria, en la figura del majorero Marcial Morales, y algo hay que dejarle a los pobres de CC.
Ante esta pirueta de Clavijo, los de Teodoro Sosa se han revuelto provocando la primera tirantez en la marca blanca. Quieren madurar mejor el nombre de la persona que vaya al Congreso por Las Palmas. Y la reacción de CC ha sido convocar este mismo lunes, Día de la Hispanidad, para este mismo martes a su Consejo Político Insular de Gran Canaria “para abordar el escenario político ante la convocatoria de elecciones generales, previstas para el próximo 29 de noviembre”, según la convocatoria enviada a la prensa. Como si no hubiera pasado nada, como si Clavijo no hubiera dado ya el pistoletazo de salida ungiendo a Teodoro Sosa como el candidato.
Drago cumple con su cometido
Mientras, del lado de la alternativa soberanista, Drago Canarias ya ha hecho pública su posición ante las elecciones generales del 29-N. Irá en solitario tras haber desechado la oferta del frente amplio, que en Canarias se promovió mucho antes que en el resto del país de la mano precisamente de Nueva Canarias. Los de Alberto Rodríguez no quieren saber nada de confluir con las demás izquierdas (Sumar, Podemos, Izquierda Unida, Sí se Puede…) porque no las considera de pura raza y porque ir junto a ellas no contribuiría al encargo que tiene encomendado desde la casa madre del soberanismo: que la izquierda no sume para que Coalición Canaria con el PP puedan seguir gobernando.
Ya resulta incluso patético el esfuerzo del clavijismo por promocionar al líder de Drago Canarias en Televisión Canaria. Es el único “analista” (así lo presentan) que tiene silla fija en el programa de debate político de la cadena, La Retranca, donde la semana pasada estuvo acompañado por otra analista sin medio de comunicación, Melisa Rodríguez, que llegara a ser dirigente nacional de Ciudadanos cuando ese partido -otro invento para otra causa- ocupó espacios políticos de mucha influencia. Completaban el plantel tres periodistas, estos sí: uno de la Cope, el otro de la cadena Ser (la cadena Ser que no falle nunca) y un tercero de Libertad Digital, el digital de Jiménez Losantos, para que no faltara de nada.
Esa fórmula tan sectaria no termina de cuajar porque el programa, que presenta Mayer Trujillo, no tiene apenas audiencia. La semana pasada solo alcanzó un 2% de media.
Hablando de Televisión Canaria. Otra de las sonadas jugadas de Clavijo de la semana pasada fue promover a la condición de candidato al Senado nada menos que a su viceconsejero de Presidencia, Alfonso Cabello, el director general de RTVC en la sombra. Cabello y Clavijo saben que esa plaza en el Senado es imposible, lo que conduce automáticamente a abonar la tesis de que alguien está pensando en promocionar a este viceconsejero a otros menesteres, para lo cual habría que darlo a conocer más de lo que ya es conocido, incluso en el resto de España, porque fue el interlocutor más conciliador en aquella famosa crisis del hantavirus, la de las ratas abandonando el barco y contagiándonos a todos de manera fulminante.