Guía de Okayama: Los encantos de la ciudad de ‘Momotaro’, el niño melocotón

La historia de Momotaro (el ‘niño melocotón) es una de las leyendas populares más famosas y queridas de todo Japón. Una historia vinculada tradicionalmente a la prefectura de Okayama famosa en todo el país por la calidad de sus melocotones. Si llegas a la ciudad en tren una de las primeras cosas que tienes que hacer es caminar unos metros hacia el sur y visitar la estatua que rinde homenaje a este héroe que fue encontrado por una pareja de ancianos dentro de un melocotón gigante y que se convirtió en un héroe tras vencer a los ogros que secuestraban a los aldeanos del lugar. Esta no es la única sorpresa de esta pequeña ciudad situada en la costa al sur de Osaka (apenas a 40 minutos en tren bala Shinkasen -56 minutos hasta Kioto-).

Todo lo que hay que ver en Okayama se encuentra en un radio de 1.500 metros en torno a esta estación ferroviaria que comunica la ciudad con el resto de la costa uniéndola con poblaciones como Hiroshima que apenas dista 34 minutos en el Shinkasen. El eje que articula la ciudad histórica es el cauce del Río Asahi, que comunica el germen de la población con un mar que dista apenas ocho kilómetros. Las calles que dan al río concentran la inmensa mayoría de los rastros de la vieja Okayama: como Sakura no Baba o las pequeñas cuadras de casas de madera con patios preciosos que se encuentran justo después de la avenida Ujo Michi (barrio de Ishizeki).

En este pequeño universo de cultura tradicional japonesa nos encontramos con varios puntos de interés de entre los que destaca el Santuario de Okayama Jinja (2-33 Ishizekichō), un bonito templo sintoísta que está íntimamente ligado a la historia del Castillo y los señores feudales de la ciudad. El edificio que vemos hoy data de finales del siglo XVI aunque tuvo que ser reconstruido en profundidad tras la Segunda Guerra Mundial. Su puerta sí es original y data del Periodo Edo siendo una de las más antiguas de la costa sur de la isla de HonshÅ« (siglo XVII).

Dos museos en el barrio.- En el entorno de Ishizeki podemos encontrar dos de los grandes museos de la ciudad. SI vas con tiempo y pasas la noche aquí puedes visitar alguno de ellos. El Museo de Bellas Artes (8-48, Tenjinchō) ocupa un vanguardista edificio que está dedicado a dar a conocer a artistas relacionados con la región. Por su parte, el Museo Oriental de Okayama (9-31, Tenjinchō), una verdadera rareza que exhibe colecciones arqueológicas de todo el continente desde el Imperio Persa a los orígenes de las civilizaciones locales. Es un museo muy interesante para ver pese a su eclecticismo.

El Museo Hayashibara (2-chōme-7-15 Marunouchi).- Este es el gran museo histórico de la ciudad. Este edificio formaba parte de las dependencias exteriores del castillo y funcionaba como casa de recepción de huéspedes del señor feudal. Hoy alberga una de las colecciones de armamento medieval japonés más grandes e interesantes del país junto a una buena cantidad de piezas artísticas .

El castillo del Cuervo (2-chōme-3-1 Marunouchi).- El gran Castillo Negro (o Castillo del Cuervo) es el gran monumento histórico de la ciudad y uno de los mejores castillos feudales de todo Japón (que ya es decir). Esta fortaleza está vinculada al clan Ukita, uno de los más poderosos del Periodo Senguku (siglos XV y XVI) en el que el país quedó fracturado en pequeños estados feudales que frecuentemente estaban en guerra entre sí. Esta era la casa del célebre Naoie Ukita, un poderoso damiyo (señor feudal) conocido por integrar el dudoso club de los ‘tres villanos de Japón’ (junto a Matsunaga Hisahide y Saitō Dōsan) por su crueldad y su forma de gobernar despótica y violenta.

Este Mizujiro (o castillo de agua por su situación junto a un río navegable con acceso al mar) es un ejemplo paradigmático de las estructuras defensivas de la época Senguku. Se alza sobre un enorme talud fortificado con gruesos muros de piedra (algunas de carácter ciclópeo) y un gran número de edificios y pabellones que incluyen viviendas, santuarios y salones ceremoniales. Y como colofón la increíble ‘Torre del Homenaje’, el Tenshu que servía de centro ceremonial, palacio del señor y, en caso de asedio, torre de mando y último foco de resistencia. Este castillo es totalmente visitable y cuenta con exposiciones y un curioso taller de cerámica tradicional en el que te enseñan a moldear un par de piezas.

El Jardín Okayama Korakuen (1-5 Kōrakuen).- Estamos ante el tercer jardín tradicional más grande de todo el país y uno de los más característicos del estilo paisajístico vinculados a los damiyo del periodo Edo. El diseño de este espacio ‘artificial’ lleno de colinas, lagos y pequeños bosques data de finales del siglo XVII y cuenta con uno de los En'yotei (un pequeño palacete que servía de residencia al señor) más bonitos de todo el país. Estos jardines eran espacio para la distracción y símbolo de poder de los señores feudales. Lo mejor de este jardín es que conserva buena parte de sus pabellones. En este tipo de jardines había salas de té, pequeños teatros y santuarios que completaban esa función residencial.

Los templos del Santuario Okayama-ken Gokoku (3-21 Okuichi).- A pocos kilómetros del centro de la ciudad nos encontramos con esta colina densamente arbolada (Monte Misao) que cuenta con un interesante complejo de templos, santuarios, pabellones y lugares de enterramiento. Este santuario es muy especial para los ciudadanos de Okayama porque aquí se rinde homenaje a las personas que han perdido la vida durante las guerras y crisis que se han producido desde la Restauración Meiji (1868). Este templo se erigió para rendir homenaje a los caídos durante la Guerra ‘Boshin’ (1868-1869), el conflicto civil que acabó con el feudalismo Edo. Pero en la actualidad rinde homenaje a las deidades ‘Eirei’, esto es, las relacionadas con los comportamientos heroicos. Es un lugar muy emotivo y muy bonito.

Que ver en Kurashiki, la pequeña Venecia de Japón.- Uno de los imprescindibles de cualquier parada en Okayama es aprovechar la cercanía de la pequeña ciudad de Kurashiki para ver su centro histórico atravesado por el Río que le da nombre a la población (apenas 20 minutos en tren). Aquí vamos a encontrar un conjunto pequeño pero continuo de casas tradicionales con paredes blancas y tejas grises en un paisaje marcado por el agua y los sauces llorones. Este lugar fue uno de los puertos fluviales más importantes del sur del Japón y eso se deja ver en la monumentalidad de sus templos y santuarios y en la riqueza de las casas. Esta riqueza se debió al control del puerto por el sogunato (periodo Edo) lo que salvó a la ciudad de las habituales destrucciones de las guerras feudales.

El canal del Río Kurashiki conforma la arteria principal del barrio de Bikán, centro histórico de la población. El propio canal y la calle Honmachi Dori forman el eje principal de la ciudad histórica donde se alternan viejos almacenes comerciales, casas tradicionales y algunos palacetes como la Casa Ohara (de principios del siglo XX) o la Casa de la familia Ohashi (del siglo XVII), Esta zona del río está plagada de museos, tiendas y alojamientos tradicionales (aquí se encuentra el hostal U-Rin-An que es famoso en todo el país y una especie de templo para mochileros que se mueven por el país).

Los dos grandes monumentos de la ciudad son el Templo budista de Honei (1-41 Honmachi) un precioso complejo de salones y pabellones con 800 años a cuestas; el Templo budista de Kanryu (2-chōme-25-22 Achi), otro edificio histórico notable que data del siglo XVI y, sobre todo, el Santuario de Achi (12 Honmachi), que es el templo sintoísta más importante de toda la ciudad. Este complejo de templos se construyó a principios del siglo XVI y está dedicado a las tres diosas Munakata, encargadas de proteger a los viajeros y peregrinos. El edificio es una pasada.

La mayor colección de arte occidental de Japón.- Una de las grandes sorpresas de Kurashiki es el Museo Ohara (1-chōme-1-15 Chūō), que cuenta con una colección centrada en el arte occidental contemporáneo que cuenta con obras de grandes maestros de los siglos XIX y XX como Monet, Picasso o Gauguin. También cuenta con algunos maestros menores del Renacimiento italiano y hasta un Greco. El museo tiene otro centro dedicado al pintor japonés Torajiro Kojima y un par de centros culturales con arte japonés antiguo.

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