Guía breve de Cuenca: El casco histórico entre rascacielos medievales, casas colgadas y viejas leyendas

Las hoces del Júcar y el Huécar recorren dos profundos cañones justo antes de encontrarse. La roca caliza ha aguantado aquí el trabajo paciente del agua para crear un espolón de piedra casi inaccesible. “Vaya lugar para construir una ciudad”. No es broma. Es lo primero que se nos ocurrió la primera vez que la vimos. “El mejor”, nos contestaron. No hace falta ni construir murallas. Y es verdad. Cuando los musulmanes llegaron a este lugar allá a mediados del VIII para fundar su ‘QÅ«nka’ apenas tuvieron que excavar unos fosos en la roca viva y un par de tapiales para convertir el lugar en una plaza casi inexpugnable. Una ciudad colgada del abismo en la que algunas casas superan los diez pisos de altura creando un verdadero paisaje urbano de ‘rascacielos’ medievales. Aunque con trampa, ya que estas casas imposibles se aferran al riscal siendo, al mismo tiempo, edificio y casi cueva.

La mesa de piedra que queda entre los dos ríos crea un espacio sinuoso de 900 metros de longitud y un máximo de 200 metros de anchura donde se apelotonan una catedral gótica, varias iglesias y conventos, un castillo, viejas fortificaciones, casas, ermitas, plazas… Un verdadero Tetris urbano donde los edificios se encajan unos con otros creando uno de los paisajes urbanos más singulares y atractivos de España. En lo tiempos de aquella ‘QÅ«nka’ árabe o de la posterior Cuenca cristinana de la Edad Media accederíamos a la ciudad a través del Arco del Bezudo (Trabuco, 4), pequeña puerta fortificada que da acceso al burgo por su extremo norte. Pero hoy vamos a empezar justo al otro lado de la Hoz del Huécar para explorar las callejuelas de la ciudad histórica (iconos azules en el mapa).

El Convento de San Pablo (Subida a San Pablo, sn).- El antiguo convento del siglo XVI es un muy buen ejemplo de la arquitectura conventual de su tiempo: los últimos estertores del gótico se combinan aquí con los primeros momentos del renacimiento en el país. Eso se deja ver en la iglesia del antiguo cenobio y en los claustros de un edificio hermoso que hoy alberga el Parador de Turismo de Cuenca. Si puedes dormir aquí hazlo. Aquí vas a encontrar las mejores vistas sobre la ciudad. Y por eso empezamos aquí. Cruzamos sobre el pequeño Huécar a través del Puente de San Pablo mirando de frente al muro de casas medievales que forman el flanco oriental de la ciudad.

Cuenca nos da la bienvenida a través de su imagen más paradigmática: las Casas Colgadas (Canónigos, sn). Estas tres casas con grandes balcones que, literalmente, cuelgan sobre la Hoz del Huécar, son probablemente coetáneas a la conquista cristiana de la ciudad (siglo XII) y forman un conjunto hermosísimo que ha sido inmortalizado en pinturas y grabados desde el siglo XV. Hoy, estas casas forman parte del Museo Nacional de Arte Abstracto, lo que permite verlas por dentro. Estos rascacielos medievales adelantan un paisaje urbano marcado por la verticalidad. Cuando pasamos junto a las casas nos metemos de lleno en el Barrio de San Martín (Plaza de la Ciudad de Ronda) donde podemos ver otros ejemplos de este urbanismo del abismo. Aquí puedes ver grandes edificios de hasta doce plantas adosados a las paredes verticales de la hoz. Una maravilla de cal, piedra y trama de madera que forman, a nuestro juicio, el paradigma del urbanismo medieval cristiano de esta Iberia nuestra.

En este entorno maravilloso nos encontramos con otro hito interesante de ver. El Museo de Cuenca (Obispo Valero, 12) ocupa un antiguo pósito (almacén donde se guardaban los granos y los impuestos reales) y muestra una preciosa colección de objetos arqueológicos, históricos y artísticos que muestran la biografía de la ciudad y su provincia. Hay de todo. Pero nos quedamos con las romanas e islámicas. En esta ciudad se elaboraban los mejores trabajos en marfil de toda Al Ándalus.

La Catedral de Cuenca y los alrededores de la Plaza Mayor.-  Desde el entorno del Barrio de San Martín accedemos a la Plaza Mayor de la ciudad. Una plaza mayor marcada por las estrecheces de la meseta y aplastada por la presencia apabullante de la Catedral de Santa María y San Julián, una de esas obras de arte del gótico castellano de los siglos XII y XIII. ¿Castellano? No tanto. Esta hermosa catedral de piedra caliza blanquísima y líneas elegantes fue construida por canteros franceses traídos exprofeso para convertir la antigua Mezquita Mayor en sede episcopal en lo que es la primera de las grandes damas góticas de Castilla. El resultado es una iglesia a la francesa: elegante, de grandes ventanales y espacios limpios. Junto al Palacio Episcopal forma un conjunto monumental brutal que, entre otros tesoros, custodia varias obras de El Greco (incluyendo una de sus obras maestras: ‘La oración del huerto de Getsemaní’).

El entorno de la Plaza Mayor cuenta con otros puntos de interés más allá de la Catedral. Vamos hacia la Plaza de San Nicolás y la llamada Cruz del Diablo, para conocer una de las leyendas de la vieja Cuenca: la de un mujeriego engañado por el mismísimo diablo que acudió a una cita amorosa justo en frente de la Ermita de las Angustias (Bajada de las Angustias, 2) para encontrarse, sin saberlo, con el mismísimo diablo. Aprovecha para ver los arañazos del diablo en la cruz y, de paso, las impresionantes vistas sobre la Hoz del Júcar.

Las Murallas y la Puerta de Bezudo.- La Calle San Pedro asciende desde la Plaza Mayor hacia el extremo norte de la ciudad en una ligera cuesta de apenas 450 metros flanqueados de grandes edificios históricos y con un par de aperturas hacia callejones que dan acceso a impresionantes miradores a ambos lados de la meseta. En este tramo podemos visitar el Colegio de los Jesuitas (San Pedro, 33); el Palacio de Los Mayorga (San Pedro, 48); la Iglesia de San Pedro (Trabuco, sn) y el Convento de Las Carmelitas (Julián Romero, 14). Y así hasta llegar a los viejos muros que cubrían la ciudad por su flanco norte. Aquí, las hoces se acercan hasta unos escuetos 126 metros que facilitan muchísimo la defensa. Las Murallas de Bezudo cierran el paso desde el norte y quedaban custodiadas a través de una gran fortaleza de la que ahora apenas quedan algunos restos. Del Castillo de Cuenca apenas quedan dos torres mochadas y algunos muros adosados al actual Archivo Histórico Provincial (Trabuco, 4), antigua cárcel y sede de la Inquisición en la ciudad hasta 1808.

Para darnos cuenta de lo efectivo de estas antiguas fortificaciones hay que salir por la Puerta de Bezudo y alejarse unos buenos metros por los alrededores del Mirador del Rey.  El lugar se llama así porque aquí se instaló el campamento cristiano que sitió la ciudad durante casi diez meses para rendirla por hambre y enfermedad. Anda hasta el Mirador de Cuenca para darte cuenta de la fortificación natural que suponen las hoces. Desde aquí puedes ver, también, parte de los viejos acueductos históricos de la plaza. La tirolina urbana más grande de Europa (Barrio del Castillo, sn).- Casi 450 metros de longitud y 120 de altura para cruzar la hoz del Huécar desde el entorno del Castillo hasta las alturas del Convento de San Pablo. La verdad es que tiene muy buena pinta. Una buena manera de volver a San pablo si te alojas en el parador o has dejado el coche allí.

Fotos bajo Licencia CC: Sergei Gussev; Javier Losa; Federico Jordá; Santiago López Pastor; Txemari; Rens Kokke; M.Peinado