Un fin de semana en Mérida: el Museo Nacional de Arte Romano y los grandes edificios públicos de la capital de la Hispania Ulterior

La Emerita Augusta de los tiempos del Imperio Romano era una gran metrópolis que ejercía de capital de más de la mitad de la Península Ibérica. Y eso se notaba en sus calles y foros. En la primera jornada de este paseo por la imbricada trama urbana de la ciudad nos hemos detenido en torno a la Plaza de España y la zona sur de la antigua Emérita Augusta. Para empezar este nuevo día de paseo (ver iconos violetas en el mapa) nos vamos a situar junto al Templo de Diana (Romero Leal, sn) para embocar la Calle Sagasta buscando la ‘zona noble’ de la colonia romana. A dos pasos de la magnífica columnata de ‘Diana’ nos vamos a topar con el pórtico del segundo foro de la colonia. Dos foros. ¿Por qué? Por su condición de capital provincial. En cada uno de ellos se acumulaban las instituciones territoriales (políticas, religiosas y judiciales) de cada realidad: la provincial y la municipal.

Ahí en la propia calle Sagasta nos topamos con el Pórtico del Foro Municipal, la gran plaza pública construida en el siglo I de nuestra era usando como modelo del Foro de Augusto de la mismísima Roma. Ahí junto al foro nos topamos con una curiosidad: el Museo Erótico Romano (Sagasta, 22), un antiguo sex shop que se ha convertido en un pequeño museo sobre la sexualidad en tiempos de roma con una pequeña colección de piezas arqueológicas y reproducciones. No es una mala idea para internarse en los barrios del extremo norte de la ciudad, el lugar dónde nos vamos a encontrar con los grandes edificios públicos de la capital de la Hispania Ulterior.

El Museo Nacional de Arte Romano (José Ramón Mélida, sn).- Este impresionante centro es uno de los mejores y más grandes museos del país y el más importante dedicado a la presencia de Roma en la Península Ibérica. Aquí nos vamos a encontrar una gigantesca colección de objetos que explican la importancia de Emérita Augusta en el contexto de la Hispania latina. Destacan las esculturas y los mosaicos, pero también se puede explorar la vida cotidiana de aquellos tiempos a través de cerámicas, monedas, amuletos, utensilios… Y todo ello en un continente brutal: otro de los atractivos del museo es su espectacular arquitectura.

Antes de meternos de lleno en la gran área monumental nos vamos a perder un poco por las calles traseras del museo para ver otros restos romanos de interés. Estamos en la zona monumental de la vieja Emérita Augusta y aquí se con centraban los grandes edificios públicos. Antes de ir hacia la joya de la corona nos vamos a detener en dos pequeños ejemplos: las Termas de Fuentezuelas (Plaza de Fuentezuelas, sn) y las Termas de la Nieve (Huertas, 1). Las termas emeritenses no son muy grandes pero si permiten ver casi en su integridad las diferentes estructuras y salas: la natatio (piscina), las diferentes salas calientes y frías (caldarium y frigidarium) y hasta la zona de vestuarios y la palestra (lugar para hacer ejercicios gimnásticos).

El gran teatro de Hispania.- Sin duda alguna, el gran hito monumental de Mérida es su enorme Teatro Romano (Margarita Xirgú, sn). Estamos hablando de uno de los teatros más grandes y mejor conservados de todo el ‘orbe romano’, un lujo que de por sí justifica la visita a la ciudad. Lo realmente singular de este enorme complejo capaz de albergar unas 6.000 personas no es su espectacular graderío; tenemos la suerte de contar con una de las escenas mejor conservadas de toda Europa (data del siglo I de nuestra era), lo que nos permite ver como era un teatro de aquellos tiempos sin tener que usar mucho la imaginación. El teatro contaba con túnel de acceso para autoridades, palcos, camerinos y hasta un pequeño templo dedicado al culto imperial.

Junto al Teatro podemos ver el segundo de los grandes monumentos romanos de la ciudad: el Anfiteatro. La gigantesca estructura (126 metros en su eje principal y 102 en el menor) es coetánea a la construcción del Teatro y data de finales del siglo I antes de Cristo. Esto no es un dato menor ya que demuestra que Mérida se fundó con la idea de que fuera una gran ciudad desde que se pusieron las primeras piedras: aquí cabían más de 15.000 personas siendo el tercero más grande de Hispania tras los de Itálica y Corduba. Junto al anfiteatro puedes ver otros dos importantes yacimientos de la época: la Domus del Anfieatro (José Ramón Mélida, 49), un conjunto de viviendas y basílicas donde puedes ver mosaicos y restos de las murallas y del acueducto, y el Mausoleo del Dintel de los Ríos (Manuel Guerrero, 10), un monumento funerario que se encontraba ya fuera de las murallas.

Uno de los mejores circos de Europa.- La triada de los grandes edificios destinados a los espectáculos de masas se completa con el Circo de Mérida (Juan Carlos I, sn). Lo truculento de la sangre y el morbo mandan y en el imaginario popular, lo que llama más la atención es el Anfiteatro. Pero la gran pasión del pueblo romano era el circo: las carreras de caballos. Y el Circo de Mérida no sólo es enorme, sino que puede verse mejor que otros grandes circuitos de la época. Mide 440 metros de largo y 110 de ancho y aún puede verse buena parte de un graderío que podía acoger unos 35.000 espectadores: aquí cabía toda la ciudad. En la Arena aún puede verse la espina y un poco más allá las cuadras. Aquí competían las bigas (carros tirados por dos caballos) y las famosas cuadrigas, que con sus cuatro caballos eran el punto fuerte del programa de carreras.

Para terminar con las grandes estructuras públicas de la ciudad romana hay que detenerse ante los arcos del Acueducto de San Lázaro (Santa Julia). Lo que queda a la vista del acueducto original romano son apenas tres pilares y un par de arcos junto a la avenida de Juan Carlos I (lo llaman Acueducto del Rabo de Buey) siendo el resto una reconstrucción del siglo XVI. Aún así, el lugar impresiona.

El acueducto de los Milagros (Vía de la Plata, sn).- Éste sí. El Acueducto de los Milagros es el que mejor se ha conservado de los cuatros que abastecían de agua corriente a la ciudad. Aún pueden verse sus arcadas gigantescas que se elevan hasta 27 metros del suelo. Una maravilla que recibe su nombre del asombro que causaba entre los peregrinos que viajaban hacia Santiago por la Vía de la Plata. Junto a este acueducto puedes ver el Puente de Albarregas (Huerta de Velázquez, sn) una pasarela genuinamente romana del siglo I que ahí lleva en pie más de 2.000 años.

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