Un viaje por Matarraña, la Toscana aragonesa: El camino de Calaceite y los túmulos ibéricos

La llamada Toscana Aragonesa se articula en torno al cauce del Río Matarraña, caudal de aguas que da nombre a la comarca y riega alguna de sus poblaciones más importantes (encabezadas por Beceite y Valderrobres que visitaremos durante la tercera de las rutas propuestas). Si has tomado la villa medieval de Alcañiz como base de operaciones (algo muy recomendable) la zona más cercana de la comarca se sitúa en el extremo norte del territorio. Las distancias son pequeñas, pero una de las características de este pedazo del Sistema Ibérico es que está lleno de rincones y lugares que ver.

Nos acercamos al Matarraña por la carretera N-420 en un paisaje marcado por la omnipresencia del olivo en un paisaje donde se destacan algunas ‘islas’ donde se mezclan las encinas y los pinos. El paisaje se parece mucho a esa Toscana italiana que no queda tan lejos en línea recta. El aceite de oliva es aquí el gran elemento que define la historia y la cultura del lugar. El primer pueblo que se nos presenta en esta ruta (ver iconos violetas en el mapa) es Valdetormo, un pueblecito de casas de piedra que se apiña en torno a su bonita Iglesia de Santa María (barroca del siglo XVII con un retablo interesante). Otros puntos de interés de Valdetormo es su antigua Balsa de San Roque (un estanque que servía para retener agua de lluvia) y las casas que se encuentran en las inmediaciones de la Plaza de España.

Aquí nos encontramos con un viejo palacete que alberga el Centro de Interpretación Íbero (José Antonio, 7). Otra vez los íberos. El museo alberga una colección de ajuares funerarios que nos adelanta lo que nos vamos a encontrar en torno al cauce del Matarraña. A través de lo que dejaron aquellas mujeres y hombres en las tumbas de sus aristócratas nos podemos acercar a cómo vivían las élites de esta civilización tan fascinante. Uno de los aspectos que más sorprenden de este pequeño museo (con muy buenas maquetas y material audiovisual) es la calidad de las piezas de ‘importación’ que ponen de manifiesto el contacto de estas élites con comerciantes que mantenían contactos con las grandes civilizaciones mediterráneas.

Calaceite y el gran poblado ibérico de San Antonio.- El gran pueblo del norte de la Comarca de Matarraña es una verdadera joya de la arquitectura medieval. En lugares como éste es donde eso de la Toscana aragonesa cobra todo el sentido del mundo. EL pueblo es una maravilla de casonas, soportales, iglesias monumentales y pasadizos que te transporta de manera inmediata al siglo XVI y XVII. El gran monumento de la cuidad es la Iglesia de la Asunción (Iglesia, 6) una verdadera joya del barroco que podría estar en cualquier gran capital del país y que preside un conjunto abigarrado de callejuelas donde las casonas de origen medieval conviven con pequeños detalles preciosos en forma de arcos, portadas y pasadizos: algunos pequeños grandes monumentos como el Portalet de Maella (Maella y Tosal); la antigua Lonja o el Ayuntamiento (ambos en la porticada y bellísima Plaza de España) o la ermita que corona el Arco de San Antonio.

Calaceite fue la cuna de una de las personalidades más importantes de la arqueología española. Y visto lo que hay aquí y en los alrededores no es de extrañar que este lugar haya despertado este tipo de vocaciones: la Casa Museo Juan Cabré (Juan Cabre, 7) ocupa una casona tradicional del pueblo y guarda buena parte de las colecciones de este precursor de la arqueología moderna en nuestro país. Como no podía ser de otra manera, los objetos íberos ocupan buena parte de las exposiciones que se completan con piezas etnográficas y una pequeña muestra de arte contemporáneo.

Junto al precioso casco histórico, el otro gran aliciente de acercarse hasta Calaceite es visitar uno de los poblados íberos mejor conservados y grandes de toda la Península Ibérica. El Oppidum de San Antonio (acceso por A-1413) se alza sobre un espolón rocoso que domina una gran parte de la campiña de Matarraña. Estamos ante un gran poblado de casi media hectárea de superficie en el que podemos ver los restos de una veintena de casas (algunas de más de 100 metros cuadrados), murallas, torres y grandes albercas para recoger agua de lluvia. Antes de llegar al yacimiento haz una parada en la Ermita de San Cristóbal (Vía Crucis, sn). El edificio (barroco del siglo XVIII) es bonito, pero aún lo son más las vistas.

La Ruta de los Túmulos Íberos.- Esta segunda jornada de visita culmina a medio camino entre las localidades de Calaceite y Cretas (carretera A-1413). Aquí nos vamos a encontrar con uno de los conjuntos patrimoniales más singulares del levante peninsular: una colección única de túmulos funerarios íberos vinculados a otro de los numerosos poblados que se reparten por toda la zona. En una caminata de tres kilómetros (ida y vuelta) nos topamos con una docena de monumentos funerarios (los más destacados son el Túmulo de Más de Toribio y los de Pedrafita) y una curiosa estación de grabados rupestres (Más d’en Jerra).

Fin de jornada en Cretas.- Otra joya de la arquitectura de los siglos XVI y XVII. En este pequeño pueblo de apenas 500 habitantes nos encontramos con una colección de edificios renacentistas y barrocos alucinante. Al igual que sucede en Calacetite, los elementos más curiosos del pueblo son sus portales con ermitas (Portal de San Antonio, Portal de Sapera y Puerta de San Roque) y su gran edificio es la Iglesia de la Asunción (Iglesia, sn), que es una pequeña joya renacentista del siglo XV. La Plaza de España y la Calle San Antonio de Padua son los grandes ejes patrimoniales del pueblo, donde podemos encontrar viejos palacios como la Casa Turull y curiosidades como el Rollo de la Justicia, que actuaba como picota de reos y ajusticiados.

Fotos bajo Licencia CC: José Luis Mieza; José María Andrés; Jorge Franganillo; Joan Grífols; Angela Llop