Un viaje al norte de Los Cárpatos: Maramures, las iglesias de madera y el único cementerio alegre de Europa
La región de Maramures marca el extremo nororiental de la República de Rumanía, justo en un lugar donde las cimas de Los Cárpatos se aproximan al Río Tisza dejando apenas una franja de un par de kilómetros de campos de cereal previos a la frontera con la vecina Ucrania. Este lugar marcado por la proximidad de la montaña forma una gran depresión de tierras bajas que comparten características históricas y culturales a ambos lados de la raya entre los dos países. Esta zona del país fue una de las plazas fuertes de los pueblos dacios que resistieron el empuje de Roma y que después recibió la influencia directa de las tribus germánicas (ver iconos naranja en el mapa). Este es un lugar con una marcada identidad cultural que se manifiesta de manera material en el uso magistral de la madera como material de construcción lo que convierte cualquier construcción tradicional en un espectáculo. Las iglesias de madera (cuajadas de pinturas y madera labrada) son la máxima expresión de esta cultura. Pero hay mucho más.
Primera parada en Baia Mare.- La ‘Mina Grande’ (Baia Mare en rumano) es la capital de la región y desde el siglo XIV es una de las principales ciudades del norte del país desde el punto de vista cultural y económico. La plaza, que ha estado más tiempo en manos húngaras que rumanas, fue desde la Edad Media un importante enclave comercial gracias a las minas de oro y plata que hay en sus alrededores. Para explorar la ciudad hay que situarse en el eje que forman la Plaza de la Libertad y la Plaza de la Fortaleza, un espacio que ejerce de corazón urbano y que atesora algunos de sus monumentos más importantes. El que más llama la atención es la Torre de San Esteban, un altísimo campanario del siglo XV que quedó exenta al desaparecer su iglesia. En la plaza podemos ver dos de los edificios religiosos más importantes de Baia Mare: la Iglesia Ortodoxa de San Nicolás y la de la Santísima Trinidad (de culto católico).
Del esplendor medieval de la cuidad queda muy poco, aunque muy bueno. En el extremo sur del casco histórico puedes ver la Torre de los Carniceros (PiaÈa Izvoarelor, 2) un soberbio torreón que formaba parte de las murallas de la vieja Baia Mare y que hoy sirve de museo sobre los diferentes gremios que formaban parte de la plaza durante la Edad Media. El otro gran rastro de las fortificaciones está justo en el extremo norte. Aquí puedes ver la Puerta Podolui (Puerta del Puente) desde donde tienes acceso al sector mejor conservado de las murallas. En este complejo de muros, torres y antiguos pabellones militares se ha instalado la sede del Museo de Arqueología e Historia de Maramures (Strada MonetÄriei, 1-3).
El otro gran punto de interés de la ciudad está al otro lado del Río Sasar. Aquí se encuentra el Museo de Etnografía de Maramures (Strada Dealul Florilor, 1), uno de los mejores centros de estas características que hemos visto en Europa. El museo se divide en dos partes: una gran exposición de objetos en un gran museo y la reproducción de un pueblo típico de la región con sus características casas de madera. Obviamente se incluye una de esas impresionantes iglesias de madera de la región y otras instalaciones como talleres, lagares y granjas. Otros centros de interés en Baia Mare.- Si tienes tiempo y pasas alguna noche en la ciudad puedes ir a ver otros monumentos destacados como la Catedral de la Asunción (Vasile Lucaciu, 59) o el Museo de Arte del Condado (Strada 1 Mai, 8), donde se custodian obras de la escuela local, una de las más destacadas del país.
Una ruta para descubrir las famosas iglesias de madera de Maramures.- La particular cultura de la madera de esta zona del norte de Rumanía tiene una de sus máximas expresiones en la construcción de iglesias de madera. Estos templos se caracterizan por sus altísimos campanarios y sus interiores cuajados de pinturas que representan escenas bíblicas. Muchas de estas iglesias predominantemente rurales han sido incluidas en el listado del Patrimonio Mundial de la UNESCO y con razón. Las más cercanas a Baia mare son también dos de las más famosas y espectaculares: la Iglesia de los Santos Arcángeles Miguel y Gabriel en Surdeci destaca por su espectacular campanario considerado la construcción de madera más alta del mundo (72 metros) mientras que la Iglesia de los Santos Arcángeles de Plopis destaca por su conjunto arquitectónico y sus pinturas interiores.
Ver todas las iglesias de la zona es imposible (ver mapa). Casi en cada pueblo puedes ver una de estas obras de arte que son aún más bonitas por dentro que por fuera. Si buscas las mejores pinturas no te puedes perder la Iglesia de la Natividad de la Virgen de Leud mientras que el conjunto más grande y espectacular de todos, a nuestro juicio, es el Monasterio de Barsana y su Iglesia de la Presentación de María. Ir saltando de pueblo en pueblo para ver sus famosos templos te va a descubrir un paisaje alucinante y un paisanaje aún más interesante. Aquí te vas a encontrar a uno de los pueblos más amables y hospitalarios de toda Europa.
Sapanta, el pueblo donde se ríen de la muerte.- Este pequeño pueblo situado a pocos kilómetros de la frontera con Ucrania es uno de los puntos fuertes de la visita a esta región. Aquí se repiten esos paisajes rurales de la región de Maramures y esa manera de entender la vida pausada que sólo se rompe cuando los y las rumanas se ponen a los mandos de sus coches. En Sapanta nos encontramos con una de esas iglesias de madera preciosas que son seña de identidad de la zona (Basílica de la Natividad de la Virgen), pero lo que convierte en muy especial este pueblo es su curiosa relación con la muerte. El Cementerio Alegre es una de las atracciones culturales y etnográficas más interesantes de esta zona del país. El camposanto tiene la particularidad de representar mediante dibujos (muchos de ellos humorísticos) y poemas satíricos a los difuntos. Para representar a los muertos se usa la iconografía y colores de la tradición pictórica medieval y el resultado es una especie de revista satírica a cielo abierto donde se representan muertes absurdas (un atropello, una electrocución) o trágicas (asesinatos o, incluso, ejecuciones). Es un lugar muy curioso.
Muy cerca del cementerio puedes ver la Casa Memorial Stan Ioan Patras (Strada Ion Patras), donde puedes conocer la historia y el taller del artesano responsable de esas cruces conmemorativas que han convertido al cementerio local en un fenómeno cultural. Desde Sapanta puedes tomar la carretera que conduce a las alturas de cordillera a través de un bonito camino de montaña donde han algunas curiosidades de carácter etnográfico e histórico. Uno de estos lugares que merecen una parada es el Lavadero tradicional, un curioso ingenio de madera que conduce y acelera el agua como si fuera una lavadora moderna. Siguiendo la carretera que lleva hasta un aserradero puedes tomar un sendero que va río arriba (lleno de truchas) hasta los cantiles de La Piedra del Halcón (Piatra Åoimului), un lugar precioso.
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