Un viaje al norte de Los Cárpatos: Tras las huellas del Drácula literario por Bistrita y el paso del Borgo
“Descubrí que el distrito que él me había mencionado se encontraba en el extremo oriental del país, justamente en la frontera de tres estados: Transilvania, Moldavia y Bukovina, en el centro de los montes Cárpatos; una de las partes más salvajes y menos conocidas de Europa”.
Los que amamos los libros de una manera irracional no podemos evitar hojear los clásicos cuando el pasaporte nos pone en camino de algún lugar literario con mayúsculas. Y cuando uno serpentea por las carreteras que llevan a Los Cárpatos desde las enormes planicies llenas de cereal que flanquean al mítico Danubio. Entonces ahí sale uno de los mitos de las letras románticas (entiéndase en el sentido literario y estilístico del asunto) de todos los tiempos: Dráculá. Las gentes que se acercan a la mítica Transilvania identifican los escenarios de la novela en torno a la ciudad de Brasov y el famosísimo Castillo de Bran.
Y aquí es donde la literatura choca directamente con la realidad: el personaje histórico que da pie al vampiro por antonomasia de la literatura y la cultura popular, Vlad III de Valaquia, nació en SighiÈoara y atacó varias veces Brasov como resultado de las tensiones entre Valaquia y las ciudades sajonas del arco sur de Los Cárpatos. Dicen que pudo estar preso en Bran, pero no hay datos escritos al respecto. Pero Bram Stoker, el escritor que inmortalizó al ‘Empalador’ situó la historia bastante más al norte. Si seguimos el viaje en tren del abogado inglés Jonathan Harker por Centroeuropa podemos ver que desde Munich viaja a Viena; de Viena a Budapest; de Budapest a Klauserburg (Cluj-Napoca) y, finalmente hasta Bistrita (ver iconos azules en el mapa).
“Ya estaba anocheciendo cuando llegamos a Bistritz, que es una antigua localidad muy interesante. Como está prácticamente en la frontera, pues el Paso Borgo conduce desde ahí a Bukovina, ha tenido una existencia bastante agitada”.
EL Hotel Corona de Oro que se describe en la novela no existe. Bueno, ese no existe. En los años 70, ante la insistencia de los viajeros ingleses y norteamericanos, un grupo de empresarios locales lo construyó en plan moderno y hasta lujoso para los estándares locales. Pero este Grand Corona no tiene nada que ver con la posada en la que un 4 de mayo advirtieron a Harker sobre la inconveniencia de seguir el viaje… Pese a la impostura no es un mal lugar para dormir.
Qué ver en Bistrita.- La ciudad es pequeña y se visita rápido. Y la mejor manera de empezar a descubrir los encantos de esta plaza es adentrarse hasta su mismo centro y empezar el paseo desde la Plaza Central (Piata Centrala), el espacio que marca el corazón de la ciudad medieval. Aquí reina la mole blanca de la Iglesia Evangélica de Bistrita (Plaza Central), una soberbia construcción del siglo XVI en la que se pueden ver elementos del gótico centroeuropeo y detalles que ya van apuntando la penetración de las ideas del Renacimiento. Destacan su torre (una de las más altas de la región) y la taracea del coro de madera que puedes ver en su interior. Esta iglesia y su entorno nos dan una clave importante de la historia de la ciudad. La Plaza Central es un bonito espacio porticado donde puedes ver casas del XV y XVI que reciben el nombre de Portales Sajones.
Rumanía es un país mayoritariamente ortodoxo, pero en Transilvania se concentran las minorías católicas y, sobre todo protestantes. Las poblaciones de origen sajón suponen una conexión histórica real con el verdadero Vlad Tepes. El Príncipe de Valaquia era católico y aunque su fama trascendió como muralla de contención al avance turco (donde se ganó el sobrenombre de Vlad el Empalador por su crueldad con los musulmanes) también fue un azote para las ciudades sajonas (de origen alemán) de la región. Tras la reforma protestante, esta zona del país adoptó el nuevo paradigma religioso de la Cristiandad.
Algunas de las casas sajonas de esta Plaza Central y las calles adyacentes se pueden visitar: la Casa Argintarului (Strada Dornei, 5), una preciosa casa renacentista del siglo XVI que perteneció a una familia de orfebres y que ahora es un pequeño museo (el nombre en español sería la Casa del Platero) o la Casa de Johannes Lapicida (Plaza Central, 30), una casa de finales del XV que según la tradición fue la primera en incorporar esos detalles que indican la transición del gótico al primer renacimiento.
Sajones, ortodoxos, turcos… En la narración de Bram Stoker el diario de Harker describe una Bistrita medieval que ha sido el objeto de destrucciones y reconstrucciones debido a su carácter fronterizo. La antigua Ciudadela de Bistrita era una de las plazas fuertes más importantes y sólidas de la región con una muralla que contó con hasta 16 torres y bastiones. En las calles KogÄlniceanu y Teodoroiu puedes ver restos de aquellas murallas y en torno a la Torre de los Toneleros (Strada Dogarilor, 14) hay un tramo intacto de aquellas murallas. Junto a la torre puedes acercarte a ver el Palacio de la Cultura (Strada Albert Berger, 10), un bonito palacete de finales del XIX con jardines impresionantes, y un poco más alejado (apenas unos minutos andando) la Iglesia Ortodoxa de los Tres Jerarcas (Strada Alexandru Odobescu, 5), moderna pero de un bonito estilo bizantino.
La Bistrita judía.- La presencia de la comunidad judía en la Transilvania de hoy poco tiene que ver con el esplendor de antaño. Aquí se implantaron muchas familias de origen Jázaro (actual Ucrania) durante la Edad Media creando importantes relaciones comerciales entre sí, un hecho que tuvo repercusión en el florecimiento de las ciudades de la región. La Sinagoga de Bistrita (General Grigore Balan, 10) y su enorme cementerio son las huellas de aquel esplendor perdido. El templo, que data de mediados del XIX compagina su función religiosa con la de centro cultural.
El Museo de BistriÈa-NÄsÄud (General Grigore Balan, 19).- La mayoría de los museos de Rumanía son un totum revolutum donde se mezclan piezas arqueológicas, obras de arte y objetos etnográficos y de artesanía. Y el Complejo de Museos de Bistrita no es una excepción. Aquí vas a encontrar un poquito de todo e, incluso, tres edificios de madera traídos desde las zonas rurales de los Cárpatos destacando una de las características iglesias de madera de la región.
Ir hasta Salva y Zagra, dos museos etnográficos a cielo abierto.- Apenas unos kilómetros al norte de Bistrita empiezan las primeras rampas de la Cordillera de Los Cárpatos. Y con estas primeras alturas también llegan pequeños pueblos y aldeas que se sitúan en los valles junto a los cauces de ríos y arroyos. Estos pueblos son muy auténticos y se caracterizan por sus construcciones tradicionales de madera y la pervivencia de oficios tradicionales y una artesanía alucinante. Si vas con coche de alquiler o propio, no dejes de ir a ver Salva (29 kilómetros) y Zagra (38 kilómetros desde Bistrita y 15 desde Salva) con sus espectaculares iglesias de madera.
Y, por fin, subir hasta El Borgo.- En la novela de Bram Stoker, el castillo del Conde Drácula se encuentra en algún lugar cercano al famoso Paso del Borgo. El diario de Jonathan Harker describe un paisaje de desfiladeros, picos nevados bañados por los últimos rayos del sol y bosques densísimos en los que domina el lobo y las tinieblas. La carretera que sube hasta El Borgo desde Bistrita (la E-58) es un cómodo camino asfaltado que permiten alcanzar el famoso paso de montaña en apenas una hora (55 kilómetros desde el centro de la ciudad). Aquí no vas a encontrar el famoso castillo. Pero sí paisajes alucinantes, aldeas con casitas de madera, solitarios monasterios ortodoxos (como el de La Natividad en la aldea de Piatra) y un ambiente de alta montaña muy bonito.
Fotos bajo Licencia CC: María Renée Batlle Castillo; Cristian Bortes; Frank Hukriede; Bogdan Pop; János Rusiczki