Qué ver en Braga, la capital espiritual de Portugal

Hay un dicho muy famoso en el norte de Portugal que dice ‘Braga reza, Oporto trabaja, Coímbra estudia y Lisboa se divierte’. A Braga se la conoce como la Roma lusa por varias razones. La más obvia tiene que ver con la propia historia de la que es la población más antigua del país. El origen de esta ciudad del norte de Portugal es la Bracara Augusta que fundaron los romanos en el 16 de nuestra Era y que llegó a ser capital de la provincia de la Gallaecia como el núcleo urbano más importante del noroeste de la Península Ibérica. La segunda tiene que ver con uno de los grandes monumentos de la ciudad: la Sé, o catedral, que se convirtió en uno de los núcleos espirituales de la construcción de una nueva identidad nacional con el nacimiento de Portugal en el siglo XI.

La historia tiene mucho peso en ciudades como ésta. El mejor acceso a la vieja Braga se hace desde la Rua Andrade Corvo junto a la coqueta Praça del Campo das Hortas (aquí puedes ver la Casa Grande do Campo das Hortas, un magnífico palacete del siglo XVIII). A esta placita se abre el hueco del Arco da Porta Nova (Dom Diogo de Sousa), un bonito arco triunfal de estilo barroco que adornaba una de las salidas del antiguo anillo de muros que protegía Braga desde tiempos de los romanos. Las murallas han quedado sepultadas por las casas que han crecido junto a las piedras romanas y medievales, pero su trazado se intuye en calles como Biscaínhos o Capelistas, que rodean el pequeño pero intenso centro histórico. Hay mucho que ver en Braga, pero nosotros encaminamos nuestros pasos hacia la Se para entender el lugar.

Si has pasado antes por el bonito Castillo de Guimaraes (a escasos 25 kilómetros del centro de Braga) te habrás metido de lleno en la historia del nacimiento del país. La Catedral de Santa María -o Se- (Dom Paio Mendes) empezó a tomar su forma actual en el siglo XI cuando esta ciudad formaba parte de los territorios del antiguo Reino de León. En 1070 empezaron las obras de un templo que tuvo que ser reconstruido un siglo después en un purísimo estilo románico tras un terremoto. El edificio es bellísimo alternando ese románico primitivo con el gótico en el edificio y las líneas neoclásicas en su precioso claustro. Pero esto es Portugal. Y el exceso aparece hasta en los edificios más antiguos y sobrios a través de enormes retablos barrocos como el que decora la Capilla de San Geraldo. Pero desde el punto de vista histórico, el eje central de la catedral es la Capilla de los reyes. Aquí se encuentra la tumba de Enrique de Borgoña y Teresa de León, padres del rey Alfonso I de Portugal, el artífice de la independencia del país. Para dar más solemnidad fundacional al espacio, aquí también se enterraron varios arzobispos consagrando el templo como el eje espiritual de la nueva nación. Otras joyas interesantes de ver son el órgano y el carrillón (el más grande de Portugal).

Esta condición sagrada de Braga como capital religiosa de Portugal se refuerza en el magnífico Palacio Episcopal (Largo do Pazo), un enorme complejo de edificios, claustros y jardines que resumen la arquitectura lusa entre los siglos XIV y XVIII siendo uno de los edificios del gótico civil más grande de toda la Península Ibérica. El lugar es magnífico y hoy es la sede de la Universidad de Minho; así que podemos entrar en lugares emblemáticos como la Biblioteca Pública (acceso desde Plaza Municipal frente al bonito Ayuntamiento), la sala de exposiciones del rectorado y, sobre todo, el espectacular Jardín de Santa Bárbara, desde donde tendrás una vista panorámica a la parte más antigua del palacio de los arzobispos portugueses.

El Castelo y la Plaza de la República.- La cruz por todas partes. Para ver lo que queda del poder de la espada hay que irse hasta la elegantísima Plaza de la República y rebuscar entre los callejones escondidos tras los campanarios de las bonitas iglesias de La Lapa (Praça da República, 27) y de La Orden Tercera (Largo de São Francisco) para encontrarnos la mole de granito de la Torre del Homenaje (Largo Terreiro do Castelo) que es lo único que queda del antiguo castillo que protegía la ciudad de las malas intenciones del vecino de siempre. No hay registros escritos sobre la existencia del Castelo ante del siglo XIV por lo que debe ser de este siglo o el anterior. Del resto de la fortaleza quedan algunos muros y torres que se han aprovechado para levantar otras estructuras como el campanario de la Iglesia de La Lapa o los muros que podemos ver en la plazuela de Largo Barão de São Martinho. El Museo Nogueira da Silva (Av. Central 61).- Este museo ecléctico es el resultado del afán coleccionista de una de las familias más importantes del norte de Portugal. Pero más interesante que el contenido es el continente: un precioso palacete modernista de principios del XX con unos jardines espectaculares.

Braga puertas adentro.- En muchas ocasiones las ciudades se nos presentan como escenarios de fachadas y calles en el que hay que rebuscar mucho para poder ver como son las casas por dentro. En Braga, la mejor opción para ver los viejos palacetes y casonas es el Museo dos Biscainhos (R. dos Biscaínhos, sn). Esta casona se construyó entre los siglos XVII y XVIII y presenta los elementos de las casonas de clase alta de la época: incluyendo la moda del azulejo que transformó la arquitectura portuguesa a principios del XIX. La exposición refuerza la identidad del edificio ya que se centra en el estilo de vida de las familias ricas del norte de Portugal con una colección de artes decorativas y utilería más importantes de la región. Los jardines, del siglo XVIII, son los más bonitos del norte del país.

El otro patrimonio que hay que ver por dentro es el eclesiástico. Ya hemos visto la Sé y la cantidad de iglesias y capillas de la ciudad hace inasumible verlo todo en una excursión breve. Así que nos iremos hasta la Plaza del Largo de Carlos Amarante para ver dos verdaderas joyas: la Iglesia conventual de San Marcos (que aúna interiores barrocos cuajados de azulejos y preciosos claustros) y la Iglesia de la Santa Cruz, una verdadera maravilla con retablos y añadidos barrocos que son una auténtica pasada. A dos pasos de la plaza nos encontramos con otros dos edificios emblemáticos de la ciudad: la Casa de los Coímbra (Largo de Santa Cruz, 506) y el espectacular Palacio de Raio (Braga Norte, 920), una de las casas barrocas más bonitas de la ciudad. Su fachada que combina filigranas de piedra con azulejos es una de las imágenes más características de la cuidad.

Explorando el pasado más antiguo de Braga.- La huella romana en Braga apenas se deja ver en un par de lugares donde emerge esa Bacara Augusta que sirvió de base a la ciudad que podemos ver hoy. Para acceder a aquel próspero municipio imperial hay que bajar al subsuelo en lugares como la casa del Restaurante Frigideiras del Cantinho (Largo de São João do Souto, 1). Aquí la visita es doble, porque se juntan una de las casas de comidas más antiguas de Europa (siglo XVIII) dónde se sirven las famosas frigideiras, unos buñuelos de hojaldre rellenos de carne que son una delicia. Otro rastro romano de gran importancia es la Fuente del Ídolo (Rua do Raio, 379), un lugar de honda significación que pone de manifiesto el sincretismo religioso del Imperio. Esta fuente era un santuario dedicado a una deidad indígena que se integró en el panteón romano de la ciudad: los grabados son de época imperial.

Otros restos que se pueden ver en el subsuelo de la ciudad son las murallas que pueden verse en los sótanos del Restaurante Atípica (Rua Frei Caetano Brandão, 142); la Domus da Escola Velha da Sé (R. Dom Afonso Henriques, 1), o el espectacular balneario prerromano que se encontró en la Estación de Braga (União das freguesias de Braga). Hay otros restos que no se pueden visitar aún así que el gran yacimiento sigue siendo las Termas de Maximinos (R. Dr. Rocha Peixoto, 13), un complejo de baños bastante bien conservados que han servido de base para ir excavando y sacando a la luz otros restos como el Teatro o lo que parece ser el foro. Las termas son un complemento ideal al Museo Arqueológico D. Diogo de Sousa (Bombeiros Voluntarios, sn) donde se custodia el impresionante ‘ajuar arqueológico’ que han dejado en la ciudad todos los que han pasado por aquí. Si quedan ganas y tiempo, en el Museo Pio XII (Largo de Santiago, 47) hay un buen número de piezas arqueológicas mezcladas con el patrimonio artístico de la iglesia.

La Basílica de Bom Jesus do Monte, las escaleras más famosas de Portugal (Estrada do Bom Jesus).- Esta basílica de finales del siglo XVIII es una de las imágenes más paradigmáticas del patrimonio artístico del norte de Portugal. Para llegar hasta aquí desde el centro de Braga puedes tomar la línea 2 de los autobuses locales que te deja a los pies de la escalera más famosa de todo el país. La escalinata, que sirve de modelo para muchísimos monumentos del país es un camino alegórico hacia los cielos que combina tramos de escalinata y fuentes que representan a los sentidos y las principales virtudes de la fe cristiana. Esta escalera divina en el sentido estético y simbólico culmina en un precioso templo de estilo neoclásico (uno de los primeros de este estilo en el país).

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