El CEO de Audi justifica su polémica aparición en un mitin de Trump: “Si te invita, aceptas”
El consejero delegado de Audi, Gernot Döllner, ha defendido su polémica aparición junto a Donald Trump en un acto de campaña electoral del presidente estadounidense para anunciar la construcción de una nueva fábrica de la marca alemana en Estados Unidos. “Si el presidente estadounidense te invita, aceptas la invitación. Eso es lo que exige el respeto al cargo y al país en el que invertimos”, ha afirmado el directivo tras las críticas recibidas desde Alemania.
Döllner ha justificado así su participación en un mitin de Trump en Perry, cerca de Macon, en el que el presidente estadounidense anunció por sorpresa la inversión prevista de 4.000 millones de dólares (unos 3.600 millones de euros) para levantar la primera planta de ensamblaje de Audi en el país. El directivo ha explicado que la decisión es el resultado de meses de planificación y negociaciones, aunque admitió que la inversión todavía debe recibir la aprobación definitiva del consejo de supervisión de Volkswagen, el grupo al que pertenece la marca.
La intervención del máximo responsable de Audi ha desatado una fuerte polémica en Alemania, donde los sindicatos y representantes políticos han cuestionado que un alto directivo de una compañía industrial europea participe en un acto electoral de Trump. Las críticas se producen, además, en un momento de creciente tensión entre la dirección de Volkswagen y los trabajadores por los planes de reducción de costes, los recortes de 100.000 empleos y la incertidumbre sobre el futuro de las fábricas alemanas.
La presidenta del sindicato IG Metall, Christiane Benner, ha calificado de “sumamente vergonzosa, políticamente inaceptable” la forma en que Döllner se presentó junto al presidente estadounidense, y ha considerado que su comportamiento es indigno de la empresa y de sus trabajadores. Benner también ha acusado al directivo de vulnerar las normas internas de Volkswagen, que exigen mantener la neutralidad política durante los procesos electorales.
La dirigente sindical no cuestiona la necesidad de reforzar la presencia de Audi en Estados Unidos, pero reclama garantías para las instalaciones europeas. “Es fundamental definir y establecer claramente las perspectivas laborales para los trabajadores en todas las plantas, especialmente en Alemania”, ha señalado. La decisión definitiva sobre la nueva fábrica estadounidense deberá pasar por el consejo de supervisión de Volkswagen, del que Benner es vicepresidenta.
También ha criticado la aparición de Döllner la presidenta del comité de empresa del grupo Volkswagen, Daniela Cavallo, quien ha reprochado que uno de los máximos representantes de la compañía subiera al escenario después de varios minutos de discurso de Trump que, según ha denunciado, estuvieron marcados por el racismo, el sexismo, la xenofobia y el desprecio por la democracia.
Cavallo admite, no obstante, que existen argumentos empresariales para ampliar la producción en Estados Unidos. El mercado norteamericano es uno de los mayores y más lucrativos del mundo para los vehículos prémium, mientras que la cuota de Volkswagen sigue siendo reducida y los aranceles impuestos por la Administración Trump encarecen las importaciones.
Una inversión estratégica en plena guerra arancelaria
Döllner ha defendido que el proyecto estadounidense responde a una necesidad estratégica y no supone dar la espalda a Alemania. “Un mayor peso del negocio en EEUU no supone una decisión en contra de Alemania, sino una contribución importante a la competitividad global de Audi”, ha asegurado.
El directivo ha reconocido que el contexto del anuncio se ha interpretado como una señal política, aunque ha insistido en que la decisión de aceptar la invitación se tomó en interés de la compañía. Tanto él como el director de Producción de Audi, Gerd Walker, se encontraban en Georgia para avanzar en las negociaciones sobre la futura planta cuando recibieron la petición de presentar públicamente los planes junto a Trump.
La inversión llega en un momento especialmente delicado para la industria automovilística alemana. Audi ha cifrado en unos 1.200 millones de euros el coste que tuvieron para la compañía durante el pasado año los aranceles estadounidenses aplicados a los automóviles, el acero, el aluminio y los componentes, ya que la marca importa desde Europa o México todos los vehículos que comercializa en Estados Unidos.
La nueva fábrica de Georgia permitirá producir hasta 200.000 vehículos al año y, según Audi, generará alrededor de 4.500 puestos de trabajo. Las obras comenzarán en 2027 y la producción arrancará a principios de la próxima década, con todocaminos de gran tamaño adaptados a las preferencias de los clientes estadounidenses. Entre los modelos previstos figuran los Audi Q7, Q8 y Q9, según una fuente oficial estadounidense citada por Reuters.
El presidente de Baja Sajonia, Olaf Lies, segundo mayor accionista de Volkswagen a través del estado federado y miembro de su consejo de supervisión, también ha defendido que el crecimiento en Estados Unidos puede representar una oportunidad para el grupo, siempre que contribuya a preservar la actividad industrial en Alemania. “El crecimiento en Estados Unidos debe garantizar los empleos y la creación de valor aquí, y no debe desplazarlos”, ha advertido.
La apuesta por Georgia se enmarca en la estrategia de Audi para reforzar su presencia en Norteamérica, junto con Europa y China, como uno de los tres pilares de su red global de producción. Volkswagen también prevé fabricar unos 25.000 vehículos anuales en Carolina del Sur, en las instalaciones de Scout Motors, su marca de todoterrenos, que se encuentran en construcción.