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Capitalismo y Medio Ambiente

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Hace unos días, el Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF), una de las organizaciones independientes de conservación de la Naturaleza más importantes del mundo, con una presencia activa en más de cien países, ha hecho público su informe Planeta Vivo 2008 donde aporta datos espeluznantes sobre el deterioro de La Tierra. Para WWF, solamente en los últimos 35 años, hemos perdido un tercio de la vida silvestre. Nuestra huella global ahora excede en casi un 30% su capacidad de regeneración, lo que hace que "si nuestras demandas al Planeta continúan a este ritmo, a mediados de la década de 2030 necesitaremos el equivalente a dos planetas para mantener nuestro estilo de vida". El informe analiza con profusión diversos aspectos del deterioro de nuestro ecosistema e insta a los gobiernos a fomentar y recompensar la sostenibilidad.

El Fondo viene a aportar nuevos datos a una situación que se agrava cada día y que ya en 1972 puso sobre la mesa el Club de Roma en un documento extraordinario al que denominó "Los límites del crecimiento" y que actualizó tres décadas más tarde en un trabajo imprescindible llamado "Los limites del crecimiento. 30 años después", donde dejaba constancia de que algunas de sus proyecciones se habían cumplido y que, si se mantenía la tendencia al crecimiento de la industrialización, la producción de alimentos y la contaminación ambiental, las consecuencias podían ser irreversibles para la vida en la Tierra.

Fíjense que no estoy hablando de lo que dice Greenpeace ó Ecologistas en Acción, por ejemplo, a los que algunos podrían tachar de extremistas o izquierdosos. No, les estoy citando primero a un Fondo presidido por el Príncipe Felipe de Inglaterra, duque de Edimburgo y a un Club que está formado por científicos, ecologistas, hombres de negocios, funcionarios y Jefes de Estado.

Pero es que lo mismo certifican más de 1.600 científicos, entre ellos 102 premios Nobel de 70 países: "los seres humanos y el mundo natural siguen un rumbo de colisión. Las actividades humanas menoscaban violentamente y a menudo de modo irreversible el medio ambiente. Si no se retiran, muchas de las practicas actuales puede que alteren el mundo vivo hasta el punto de que no sea capaz ya de sostener la vida del modo que conocemos".

Y así podría seguir escribiendo miles de líneas citando los ejemplos del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPPC) que considera que "el mundo debe reducir urgentemente sus emisiones entre un 50% y un 75% para poder mantener el calentamiento del planeta en unos niveles controlables"; de Kevin Warkins, director del Programa de la ONU para el Desarrollo, que dice que "el calentamiento global nos empuja hacia la mayor tragedia del siglo XXI, así que hacen falta respuestas políticas urgentes"; de Yvo de Boel, secretario ejecutivo de la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático (UNFCCC) que pide "medidas urgentes para hacer frente a este enorme desafío"; de James Lovelock, el padre de "Gaia", que afirma que "se acerca el final de la civilización humana tal y como la conocemos"; de Mercedes Pardo, presidenta del Comité Español de Investigación en Cambio Ambiental Global que asegura que "la sociedad y la política española deben asumir cuanto antes que el cambio climático es real y serio, y actuar en consecuencia"; de Al Gore, Jeremy Rifkin, la cumbre de Nairobi, Barak Obama y un largo etcétera sin fin.

Pues bien, al tiempo, al menos diez países de la Unión Europea, entre ellos Italia, Alemania, Reino Unido y Polonia, ponían contra las cuerdas a Sarkozy al cuestionar el 20-20-20 de la UE, por el que se comprometieron a reducir un 20% de sus emisiones de CO2, aumentar un 20% el uso de energías renovables y mejorar en la eficiencia energética antes del año 2020.

Sin ningún tipo de escrúpulos, de manera suicida, sus dirigentes se intentan agarrar a la crisis económica actual para aplazar un acuerdo irrenunciable para este planeta. Son los fieles escuderos de un sistema podrido que no duda en utilizar a estos títeres, fácilmente comprables, para seguir profundizando en un modelo que pretende salvarse sólo a costa de todo y de todos. Por lo visto consideran que no han hecho el daño suficiente. No se contentan con haber abierto abismos de desigualdad que someten a millones de seres humanos a la más terrible de las hambrunas; no se contentan con haber puesto este planeta al borde del caos; no se contentan con habernos avocado a esta profunda crisis producto del robo y el despilfarro?

Y como no hay corte sin bufón, el halcón de las Azores y la guerra de Irak, José María Aznar, que nos ciega con la enorme credibilidad que desprende después de llevarnos a una guerra suicida con el argumento de las armas de destrucción masiva, nos anuncia que "la ecología es el nuevo comunismo" y pone en duda el calentamiento global para arremeter seguidamente contra la "nueva religión" de los "abanderados del cambio climático", todo esto en la presentación del libro "Planeta azul (no verde)", del presidente checo Václav Klaus, editado por FAES, en el que se niega el cambio climático.

Por lo visto toca ahora el negacionismo y salvar al capital. A costa de lo que nos da la vida. A costa de La Tierra. No se puede ser más mentecato, que como señala el diccionario de la RAE, es un término que define a un individuo tonto, fatuo y de escaso juicio o entendimiento.

*Alcalde de Agüimes.

Antonio Morales Méndez*

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