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Delirios tremebundos

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Me toca hoy recoger velas ya que, por último, la Ejecutiva federal asumió la querella. Me llené de balón, rematé sobre la marcha, lo que es tan arriesgado como el directo televisivo, y se me fue por fuera. Pero el caso es que al intervenir la instancia psocialista que corresponde, se le impide a Soria practicar su deporte favorito: el levantamiento de columnas de humo para ocultar responsabilidades. Su irresponsabilidad, quiero decir. En lugar de probar con aspirinas contra el delirio, se lanzó el hombre a las mortales con gran indignación de los psocialistas y no menor regocijo de los que asistimos al circo de espectadores y apreciamos el histrionismo esperpéntico del macho, que es muy entretenido; sobre todo si atraviesa un nuevo episodio de soriasis. El delirio soriano arranca de su forma todopoderosa de gobernar al PP, donde nadie se atreve a rechistarle. Con el resultado de que ya son mogollón los imputados que le deben a él sus cargos; lo que legitima la sospecha de que no puso cuidado al designar a sus favoritos: lo dejaré en negligencia, que es el supuesto menos grave para no recargar al Cabildo con más pagos de abogados y procuradores. Estoy convencido de que las actuaciones de Soria y de su corte (cohorte, más bien) de implicados tienen que ver con la sensación de impunidad que reforzara, recuerden, Jesús Cardenal en sus días de Fiscal del Estado, cuando desactivó la Fiscalía Anticorrupción. Hizo creer que todo el monte era orégano y al echar a andar de repente la Fiscalía, los cogió tan de sorpresa que le parece a Mario Rodríguez, presidente de la CCE, que estamos bajo una dictadura de los tribunales; lo que, ya ven, se llamaba en lo antiguo el “imperio de la ley”, recuerden. La impunidad perdida explica la reacción ática en lo concerniente a Miguel Zerolo. Los agarró mal sentados y tan sin renovarse que recurrieron al viejo mito del ataque a Tenerife toda de los malvados canariones para hacerse con la capitalidad única. Como no les es posible manipular la bien fundamentada querella de la fiscal Farnés al estar sus 63 folios colgados en Internet, a disposición de quienes quieran enterarse sin intermediarios, entraron en la misma espiral delirante de Soria; con quien piensan, por cierto, gobernar la próxima legislatura en plan camarote de los hermanos Marx, pero sin gracia. Por eso se quejan tanto de filtraciones, porque quedan en evidencia.

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