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Pepiño

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El caso, como ustedes ya saben y resumiéndolo, es que la Ejecutiva de Ferraz metió mano en la composición de la candidatura socialista para el Ayuntamiento de Santa Cruz que encabeza Gloria Rivero. Y la metió mal, imponiendo en la lista a personajes que no son siquiera bien vistos por sus correligionarios, como Florentino Guzmán -el que defendió públicamente la operación de Las Teresitas- y sus mariachis. No hay manera de entender cómo la cúpula madrileña del partido se ha cargado, sin razonamiento alguno, sin justificación de ninguna clase, una plancha que, al menos creaba ilusión. Pepiño Blanco nos saca a relucir los estatutos, pero los estatutos no se pueden o no se deben utilizar contra los propios intereses del partido. Que es exactamente lo que se ha hecho. Como si Pepiño estuviese asesorado por el enemigo o como si se hubiese dejado aconsejar por los servicios secretos de ATI. Total. Que se anunció desbandada y que algunos de los principales valores del PSOE santacrucero, como Paco Tovar, no se anduvieron con amenazas dimisionarias. Simplemente se mandaron a mudar. Las cosas –porque se hicieron mal- se presentan tan feas, tan turbias y desgraciadamente complejas que, incluso Juan Carlos Alemán, que había aplaudido, en principio, la decisión de Ferraz (a este chico le falta ojito para el cálculo) y el coordinador de la campaña autonómica Hernández Spínola se fueron el otro día a la Villa y Corte para mantener una reunión informal con Blanco y ver si podía deshacerse, aunque sólo fuese en parte, el entuerto que se había montado. Pepe, dijo que no, claro. Y que la composición de la lista chicharrera no cambiaría en absoluto, a no ser que alguno de los incluidos en ella la abandonase por decisión propia. Algo que podría suceder, no lo duden. A esto, con estatutos o sin estatutos en la mano, se le llama mantenella y no enmendalla. Lo peor de todo este tinglado, al margen de que Gloria pueda estar con la moral por los suelos y ésa no es manera de enfrentarse a una lucha electoral, es que la plancha socialista a Santa Cruz parece haber sido diseñada en base no a una cohesión de proyectos para la capital, sino todo lo contrario: se premia con el número dos a un férreo opositor al proyecto teresiano, pero se mantiene en mitad de la tala al mentado Florentino, que sigue defendiéndolo a machamartillo. Por lo menos, en petit comité como suele decirse. En fin, que Miguel Zerolo debería mostrarse agradecido e inaugurar su próximo mandato municipal, erigiendo un espectacular monumento a Pepiño Blanco. ¿Qué menos, no?... Se lo merece.

José H. Chela

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