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Cinco años del Museo Poeta Domingo Rivero

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En estos días se acaba de cumplir cinco ininterrumpidos años de plena actividad cultural del Museo Poeta Domingo Rivero. Este Museo fue ideado en honor al poeta modernista grancanario, quien fue coetáneo y amigo de los célebres modernistas canarios Tomás Morales, Saulo Torón y Alonso Quesada; del pintor, también modernista y simbolista Néstor Martín Fernández de la Torre. Como de otros escritores locales de la ciudad e isla. El museo fue creado por su nieto, el periodista José Rivero Gómez, que una vez cumplido el trabajo contractual que le ligó a varios medios impresos locales de información, dedicó su jubilación a la noble tarea de íntegra dedicación a la cultura. Propósito e idea que pululaba en su mente desde hacía tiempo. Y muy especialmente para ensalzar la obra poética y al creador literario que fue su abuelo, quien también tenía idéntico pensamiento para los creadores isleños.

La encomiable labor que ha llevado a la práctica este joven y altruista museo es digna de todo elogio en favor de la cultura canaria. Sin declinar en ningún momento de este quinquenal periodo, dio cobijo a tantos intelectuales que en ese foro presentaron sus obras recién horneadas, jóvenes poetas y escritores, pintores, escultores, conferenciantes y otras celebraciones de entes privados no venales, de intelectuales que ocuparon las tardes-noches con sus disertaciones de palabras y obras en el local de la calle Torres, 10, del vetusto barrio de Triana.

Sin embargo, en esta celebración se ha enlutado, no pudiendo apagar las cinco velas culturales ni alzar su copa intelectual para brindar por los éxitos del museo por su amor por la cultura y el loable servicio y bien hacer hacia los demás intelectuales, porque a su filántropo fundador Pepe Rivero, la guadaña de la odiosa e innombrable, que le acechaba desde hacía algunos años, le venció en su lucha cuerpo a cuerpo –como casi siempre que se lo propone– en un perseguido hostigamiento hacia su noble cuerpo y sano espíritu. Era admirable el tesón y la abnegación que demostró día a día nuestro amigo Pepe, dedicando todo su tiempo, a pesar de su delicada salud, en favor de la cultura de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

Digno de los mejores encomios, Pepe Rivero fue todo un ejemplo de mecenas de la cultura y se ganó la admiración de sus amigos e intelectuales de la cultura, y la afectación de sus hijos y esposa, aún más, por tan encomiable y desinteresado servicio a la sociedad. Aunque sé perfectamente que este artículo no le gustará nada (allá donde esté), por el simple hecho de elogiar su persona y su obra. Las alusiones a él y su trabajo eran denostadas por su nobleza e incluso aludía en su disgusto el autor del texto. Con todos mis perdones, Pepe, a cada uno sus méritos.

No sé qué extrañas alineaciones o confluencias astrales han tenido lugar en estas fechas para que se produjera esta incomprensible paradoja. En la celebración de este quinto cumpleaños del Museo Poeta Domingo Rivero, ha coincidido con llorado fallecimiento y el día de su santo, San José (que a la postre, Día del Padre).  

El director del Museo negó todo apoyo crematístico o pragmático de todos los partidos políticos o afiliaciones doctrinales. El día de su inauguración no invitó a los correspondientes cargos culturales y prebostes de los entes públicos de la ciudad laspalmense a que asistieran para arropar con su presencia y cargo público, a este pequeño, pero grandioso aforo cultural. Ni tampoco permitió a los intelectuales que tomaran la palabra en el estrado a que hicieran prosélitos de sus proclamas, ideas o propagandas políticas o partidos equis. Se negaba con rotundidad porque el objetivo del museo era exclusivamente promover la cultura en todos sus ámbitos.

Es el Museo Poeta Domingo Rivero un espacio de cultura viva y activa, en el que se acoge y oye a todos los intelectuales de todo género (y en genérico, tanto mujeres como hombres), a que usen este espacio, tanto paredes para exponer, como el salón para todo tipo de actos de cultura. Los jóvenes y noveles; los viejos intelectuales –y los ya idos–, han tenido y tienen en este ágora el rincón deseado para llegar a todos con sus mensajes intelectuales. Es el Museo Poeta Domingo Rivero un parangón para sus conciudadanos y un educado reproche a la oficialía centralista, elitista y arbitraria en sus propuestas culturales.

Este Museo es hogar de poesía y de absoluto apoyo a la cultura isleña, privado y carente de costes para los intelectuales que en él llaman a su puerta buscando una oportunidad para sus discursos. Y en este espacio cultural han encontrado la llama viva  que les da el calor necesario para presentar sus obras creativas. Este ágora cultural isleño en su ininterrumpida labor cultural de apoyo a todos los creadores, contabiliza sus actos por centenares, y próximo a llegar a los cuatrocientos eventos.

Celebremos este aniversario, aunque nos invade la pena por la ausencia a su director, que con su prestancia altruista, nacida en la ilustre persona de Pepe Rivero Gómez, dejó su legado para que se continúe por el mismo proyecto y propósito cultural, a favor de la creación intelectual. Gracias, noble amigo Pepe.       

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