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¿Por qué no cesa Zapatero a Fernández Bermejo?

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Como es fiscal de oficio, tiene el verbo fácil y fluido. En su condición de independiente no sólo tuvo más fácil plaza en el Consejo de Ministros sino que se dio el lujo de, sin tener ninguna experiencia política, encabezar una lista electoral con resultados mediocres pasando por encima de curtidos militantes socialistas que actuaron en las elecciones generales como figurantes del ministro.

No hay problema que haya aliviado desde que llegó al cargo. La renovación de Consejo General del Poder Judicial -en donde en honor a la verdad no le dejaron meter demasiado la cuchara- vino a ser la denuncia más directa de la falta de independencia del organismo hasta el punto que su presidente fue nominado antes de que se formara el pleno. Ni siquiera se guardaron las formas.

El asunto del caso "Mari Luz" lo condujo a medias con la vicepresidenta del Gobierno en el escaparate de la demagogia pública entendiendo que el arte del gobierno, para él, es la publicidad y la propaganda y no la resolución de los conflictos y el desarrollo de los proyectos. Ante todo salir favorecido siempre en las fotos.

Hace dos días calificó por la mañana de "inoportuna" su cacería con Baltasar Garzón y por la tarde tuvo el desparpajo de cambiar de criterio sobre la base de que quienes le escucharon por la mañana debieran ser tontos solemnes, porque por la tarde les quiso hacer creer que se refería a la inoportunidad del Partido Popular de agarrarse al clavo ardiendo que él mismo les dio con una escopeta del doce.

Eso es lo que tiene la falta de militancia política. Llega un fiscal al Consejo de Ministros y se cree que puede tratar a los españoles como si todos estuviéramos sentados en el banquillo de los acusados y pendientes de procesamiento. Él no tiene ninguna responsabilidad en hechos similares por los que otros ilustres predecesores de consejos de ministros socialistas tuvieron la dignidad de remitir. Se lo recordó sin efecto Jerónimo Saavedra.

Después de haber tenido el inmenso honor de ser el primer ministro de Justicia de la democracia que afronta una huelga de jueces sólo se le ha ocurrido recordar que en su origen, la huelga, era para el proletariado. Y las cacerías, para los señoritos. Por eso la vida va cambiando tan deprisa que incluso hay ministros de Justicia que no les da tiempo a seguir la evolución. Es difícil explicarse por qué no lo cesa de una vez el presidente de Gobierno.

* Periodista, analista político y articulista de e lplural.com

Carlos Carnicero*

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