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Un club de pacotilla

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O sea, no se aboga por una auténtica unidad de la docena de pandillas y pandas autodenominadas nacionalistas, sino de la fundación de un club provisional para engañar descaradamente al electorado, que no votaría a un proyecto definido, serio y responsable, sino a una asociación de personas con intereses muy particulares conchabadas para llevar a cabo una maniobra electoral cuyo único beneficiario posible sería CC. ¿O cree el muy astuto Nacho –a quien le agradecerán sin duda y políticamente los servicios prestados, porque económicamente no lo necesita- que los coalicioneros dejarán que otros copen los puestos en las listas con posibilidades de lograr un escaño en Madrid?... A mí me gustaría pertenecer al club de los alquimistas, un suponer. Pero, me enfrento a una dificultad: no sé nada de alquimia y me importa un carajo la piedra filosofal. No soy alquimista. Si crease ese club o, si estando ya creado, tratara de pertenecer a él, incurriría en un fraude. El problema del nacionalismo del que escribía ayer Nacho estriba, precisamente, en su inexistencia, por no decir en su carácter fraudulento. Es imposible unir lo que no existe: el nacionalismo canario. Al menos se puede afirmar tajantemente que ninguna de las formaciones que el dirigente del CCN mencionó es nacionalista de verdad. ¿Cómo es posible autodefinirse nacionalista y no exigir siquiera que se considere a la tierra que se ama y defiende –dicen- una nación?... Nos guste o no (y por eso unos lo son y a otros ni se les ocurre) la meta de un nacionalista siempre será la independencia de lo que considera su patria. Son nacionalistas –dejémonos de cuentos- Esquerra Republicana, el PNV y, no se me solivianten, el partido de Cubillo y Batasuna. Coalición Canaria, Nueva Canarias o el Centro Canario de Nacho no llegan ni a regionalistas (una opción respetabilísima), porque no es ya que no crean en el Archipiélago como nación. No creen en el Archipiélago ni como unidad. Tampoco son federalistas, que es otra posibilidad a tener en cuenta. No son nada, políticamente hablando, sino unos listillos que han sabido aprovechar unas circunstancias históricas y manipular durante años unos difusos y confusos sentimientos populares. Ahora pretenden vendernos la moto de un club de pacotilla. Lo lograrán si la visceralidad sigue primando sobre la objetividad crítica.

José H. Chela

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