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Las crisis de Europa

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Distintos acontecimientos que se han producido en los últimos años están dañando el sueño de una Europa social, de los pueblos, democrática y solidaria. Las actuaciones frente a la crisis económica, la injusta resolución del drama que padecen las personas refugiadas, el resurgimiento de populismos extremistas y el enorme golpe que ha supuesto la decisión de la ciudadanía británica de salir de la Unión Europea (UE) en el referéndum celebrado el jueves 23 de junio, dibujan una Unión Europea cada día más cuestionada, más dividida y débil.

Aunque se han producido avances formales en el plano político y democrático, como la elección del presidente de la Comisión por el Parlamento Europeo, en la práctica las grandes decisiones están condicionadas por los organismos financieros internacionales y por los estados más fuertes de la UE, en especial Alemania.

Lo hemos visto en la profunda crisis económica vivida desde 2008. Las decisiones adoptadas por la Troika y capitaneadas por la señora Merkel han fracturado aún más la incipiente unidad europea, consolidando una Europa de dos velocidades que condena a los países del sur, cada día más empobrecidos y con mayores desigualdades sociales.

Las impuestas políticas de ajuste fiscal han supuesto un aumento de impuestos a las clases medias y trabajadoras, recortes en el gasto público, rescate a los bancos y endeudamiento privado y público con intereses abusivos. Destruyendo empresas, generando desempleo y elevando las cifras de trabajadores pobres.

Unas políticas, las de la austeridad, los recortes y las imposiciones del sistema financiero, que están influyendo mucho en un caldo de cultivo que favorece la creciente desafección hacia la Unión Europea. Se habría atenuado el enorme impacto económico y social de la crisis económica si se hubiesen adoptado antes medidas de estímulo, que han mostrado su eficacia en Estados Unidos (EEUU) y Japón.

Populismo y xenofobia

Otro gran fracaso ha sido la política frente a las personas que huyen de la guerra o del hambre. En la crisis de los refugiados se pasó de una primera respuesta, en la que se cuantificó el número de personas a acoger e incluso se establecieron las cuotas que le correspondían a cada país, con Alemania manteniendo la posición más solidaria, a la más absoluta inacción, al mayor fracaso. Y a la decisión de acordar mercantilmente con Turquía un acuerdo sobre el destino de los miles de refugiados.

Las actuaciones en este asunto han estado muy condicionadas por el crecimiento de los partidos populistas, de corte claramente xenófobo, en Francia, Holanda, Noruega, Alemania y Austria. Curiosamente, menos en los países del sur pese a sus mayores problemas económicos y de paro.

Frente a ese aumento del populismo, los partidos políticos tradicionales, conservadores o socialdemócratas, han endurecido su lenguaje y sus actuaciones ante los fenómenos migratorios. Lo que no ha impedido el crecimiento de las expectativas electorales de los populistas que a punto estuvieron de triunfar en las presidenciales austriacas y aparecen en Francia como primera fuerza en todas las encuestas.

La victoria de los partidarios de salir de la Unión en el referéndum británico supone un golpe para la UE. Las consecuencias de su salida, pese a su estatus diferenciado y su no pertenencia a la moneda única, serán graves para Europa, España y Canarias, generando incertidumbre e inestabilidad.

El Brexit confirma el rechazo de la mayoría de la población británica al modelo europeo, así como el significativo ascenso de las conservadoras ideas antiinmigración. Supone un fracaso de los dos grandes partidos. Especialmente de los derechistas del irresponsable Cameron, divididos sobre la relación con la Unión, y también de los laboristas, poco comprometidos, que tampoco consiguieron convencer a todo su electorado sobre la permanencia, lo que colocó en un lugar relevante de los actores políticos al UKIP. Un partido populista, xenófobo y antieuropeo que ya, en las elecciones europeas de 2014, alcanzó 12 escaños y se situó en segundo lugar.

El Brexit tendrá consecuencias importantes sobre la movilidad de las personas entre la UE y el Reino Unido, así como las relaciones económicas. Canarias puede verse también perjudicada por la devaluación de la libra y el peso que tiene el turismo británico en nuestra tierra. 

La crisis económica y social está favoreciendo al populismo y alimentando sentimientos excluyentes en el conjunto de Europa, del que estamos viviendo el primer paso relevante, algo muy preocupante. Refuerza a las derechas ultranacionalistas y antieuropeas. De lo que ocurre, del aumento del rechazo a la Unión, tienen una gran responsabilidad las derechas europeas, lideradas por Merkel, y del Partido Popular Europeo del que forma parte el PP. 

Otra Europa

Las fuerzas políticas y las personas progresistas pueden y deben apostar por otra Europa. La de la cultura, las libertades y la pluralidad. La del espacio económico y fiscal único. La de los derechos de los trabajadores. La de la igualdad entre mujeres y hombres. La de la solidaridad y el cumplimiento estricto de los derechos humanos, también del derecho de asilo. La del rechazo a cualquier forma de marginación por sexo, religión o cultura.

Una Europa que no sea sólo un inmenso mercado sino, sobre todo, una comunidad de valores. Una Europa plural, diversa, tolerante, integradora y acogedora, que consolide sus avances en el estado social y sea un muro de contención frente a cualquier tentación de totalitarismo. Los trágicos errores del siglo XX no pueden volver a repetirse. La salida del Reino Unido es un grave retroceso en la construcción de una Europa que, si no da un giro a sus actuales políticas, se puede desvanecer en los próximos años.

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