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Todo queda en casa

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En la legislatura pasada colocó a su hermano Luis de consejero de Industria y Comercio. En la actual se ha colocado él mismo como vicepresidente y consejero de Economía y Hacienda. Ya en ese puesto ha dado el visto bueno para que su cuñado Héctor Benítez, un técnico de la empresa pública Proexca, siga cobrando 100.000 euros al año. Sólo en el tiempo en el que José Manuel Soria ocupa su cargo en el Gobierno, apenas tres años, su cuñado se ha embolsado 300.000 euros, cincuenta millones de las antiguas pesetas.

Soria, por si no lo recuerdan, es el mismo que pide austeridad en el gasto, el que niega dinero a los cabildos porque él ya no preside uno de ellos, el que ha prometido ahorro público reduciendo sueldos y coches oficiales.

Hasta el momento, todas sus promesas han quedado en papel mojado, como es tónica habitual en todo lo que hace y dice.

Es muy fácil llenarse la boca con promesas vanas y disparar con pólvora del rey. El hombre que administra nuestros dineros y nuestras haciendas debe ser, como mínimo, consecuente y responsable, pero él no lo es. Ha demostrado que sigue siendo el mismo cachanchán que llegó a la alcaldía de Las Palmas de Gran Canaria en 1995.

Donde pisa Soria, emulando a Atila, ya no vuelve a crecer la hierba, entre otras cosas porque cuando fue alcalde se dedicó a pintar de verde el césped en vez de revitalizarlo.

Como ciudadano no tengo ninguna confianza en este político tramposo y tahúr del Mississippi. En cambio, si fuera familiar suyo lo adoraría porque sé que jamás me dejaría tirado.

Familia que trabaja unida siempre permanecerá unida.

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