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El regreso

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Pero lo más paradójico es que esa ruina ha sido de los países, de las economías, de las familias y de los trabajadores, pero no de los banqueros, que han ganado y gastado más que nunca en esta última década (1998-2008). Por eso se reúne el G-20 en Pittsburgh, porque es tal la escandalera mundial que hay montada contra los banqueros (menos en España, claro, donde idolatramos a la banca como un becerro de oro) que hasta Sarkozy, que no es un peligroso romántico de la izquierda, ha declarado que si no se mete mano al sueldo y los "bonus" de los financieros, se va del G-20. Lean estos días las páginas color salmón (va sin segundas) y entenderán porque el presidente de la banca Goldman Sachs declara: "la ira de la gente es razonable".

Y ahora pongámosle el cascabel al gato. ¿Quienes han sido los banqueros que en Canarias han dejado pufos pero han gozado de sueldos multimillonarios, dejando a sus sustitutos la papa caliente de esta crisis? Yo no voy a decir nombres, alguno de ellos en la mente de todos por su gran poder mediático, porque Carlos Sosa me riñe y porque además sobrevuela sobre él una leyenda de maledicencias e incurias. Por ejemplo, se destaca de él su avaricia y yo debo decir que conmigo fue extremadamente generoso: cuando le reclamé un finiquito por mis dos décadas trabajando para él, olvidándose el director, creo que previa consulta al gran jefe, de ese engorro de la ley laboral que obliga a que los despidos se formalicen por escrito, tuve que recurrir a un juez para que comprobara cual era el tamaño de su indulgencia. Y a fe que mis vacaciones de todos estos meses por Europa y el cambio de coche se lo debo a este prócer de la banca canaria, que haciendo bueno ese aforismo de que la generosidad empieza por uno mismo se autoaplicó una indemnización de 271 millones de las antiguas pesetas, más 80 millones de pesetas por un fondo de pensiones interno de la caja y otros 307 millones por otro fondo, en este caso externo. Casi 4 millones de euros tras dejar un pufo cercano a los 50 millones tras ser acusado de "importantes desviaciones" en el acondicionamiento de su nueva sede social, pérdidas por 1,2 millones de euros en mercados financieros en 1998 y 1999, "créditos de dudoso cobro" contabilizados "como créditos corrientes", índice de morosidad del 2,6% frente a 1,6% de media y 15 créditos por casi 30 millones de euros que presentaban "debilidades, que de acentuarse obligarían a reclasificarlos como dudosos", lo que forzó a sus sucesores a realizar ajustes por 46 millones y reclasificar créditos por 9 millones. Como ven, todo un paladín de las finanzas al que el consejero de Economía y vicepresidente, José Manuel Soria, sigue además como un perrito faldero.

Estén atentos a Pittsburgh esta semana, aunque no vean ni una línea en la prensa canaria de papel y no se crean que los culpables del pufo de los 100 millones en Tebeto son los socialistas Santiago Pérez y López Aguilar, por denunciar con pelos y señales las relaciones del juez, el hermano y el tío de Soria con este asunto tan volcánico. El culpable, claro está, se llama Zapatero y en Pittsburgh asistiremos a su decapitación mundial, mientras los banqueros abusadores y malos gestores ?que por fortuna para nosotros son sólo una minoría- tendrán a la salida de la reunión una estatua como la de la Libertad pues, al fin y al cabo, son los más liberales del mundo mundial.

Federico Utrera

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