eldiario.es

9

Síguenos:

Boletines

Boletines

Federico Utrera

El periodista, escritor y profesor de Comunicación, Federico Utrera (Almería, 1963) vuelve a Canarias Ahora. Lo hace con su columna bajo el brazo, aquella que titulaba Entre Gando y Barajas. Y como corresponsal parlamentario en Madrid ante el Congreso, Senado, Gobierno y demás instituciones, pero también en la calle y en el resto de la Península, para traernos todo lo que de Canarias y lo canario encuentre noticioso. Hace 6 años desempeñó su última etapa en este grupo de comunicación, al que se incorporó tras más de dos décadas como corresponsal en Canarias 7. Es autor de una docena de libros, entre ellos aquel Canarias, Secreto de Estado. Más reciente son Los leones del Congreso.

  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 35

Juan Goytisolo: premiado por unos, fusilado por todos

Siguen aflorando necrológicas y obituarios en todo el mundo por la muerte del escritor Juan Goytisolo. Esto evidencia que a veces el Premio Nobel de la estima literaria lo otorgan los lectores, no los académicos. Aún sobrecogido por el descarnado artículo con que el periodista Francisco Peregil describe su amargo final, no tanto económico como parece desprender el reportaje, sino emocional, existen igualmente otras anécdotas reveladoras que me tocó vivir con él y que afloran su singular personalidad. Justificaba Luis Buñuel su soledad diciendo que para él tres eran multitud y a Juan Goytisolo, que nunca fue un ídolo de masas, le pasaba lo mismo cuando estaba fuera de su tribu marroquí. Haciendo un repaso a la inmensa minoría juanrramoniana que lo admiraba –y que estos días emerge multitud de citas secretas que casan poco con su fama de huraño–, me ha llamado la atención que, como el Cid Campeador, Juan Goytisolo sigue ganando paisajes después de la batalla, incluso muerto. Y sus adversarios, que tanto lo honraban con sus furibundos ataques, no reparan en que ya no puede escribir. Por fortuna, sus escritos son imborrables y aunque las críticas a los enemigos son un regalo que no merecen porque o bien los hace célebres o los hace rectificar, merece la pena contraponer algunas de soslayo.

Me escribe el dramaturgo Fernando Arrabal: “…arrebatado y estremecido por su ocultación (Sartre, PC, loa… lo contaré con más detalle. Y también Festival Arquitecto Babilonia, Sadam H. querido FU). …generosamente Goytisolo dijo: “si no existiera Arrabal habría que inventarlo” y yo reconocí siempre: “felizmente Pan inventó a Goytisolo”. [Généreux Goytisolo a dit /  “si Arrabal n’existerait pas il faudrait l’inventer” / et moi j’ai toujours  reconnu  / ‘heureusement Pan a inventé Goytisolo]. Sí que recuerdo la versión de ambos sobre todos estos sucesos, porque a los dos se los pregunté, pero esperamos todos esa memoria patafísica sobre los detalles de la admirada relación entre los que juzgo dos de los mayores genios literarios españoles de finales del siglo XX junto con Rafael Sánchez Ferlosio y el poeta Valente.

Seguir leyendo »

El entierro de Juan Goytisolo

Haber tenido el privilegio de conocer la vida y sobre todo la obra de Juan Goytisolo en los últimos 15 años es uno de esos acontecimientos que marcan una biografía a los que carecemos de ella. De ahí que sus cartas –con las célebres “tiritas” que usaba para sus correcciones y que parecía que venían de una guerra– sean para mí un fetiche que algún día legaré a quien lo merezca. Juan Goytisolo me brindó en vida tantos gestos de reconocimiento público que, incapaz de devolverlos, jamás presumí de ellos. Y ya una vez presencié como eran reprendidos por él mismo quienes lo hacían. Por eso, cuando el periodista Pedro Manuel de la Cruz me avisó de su muerte y me pidió un obituario, le advertí que había muchas más personas en Almería con una cercanía más estrecha que la mía. Apenas habían transcurrido cinco minutos del óbito –estamos en la era instantánea de internet– y Manuel Ramos me había informado solo dos minutos antes que desde su domicilio en Marraquech su amigo Ricard Parise había confirmado la noticia a la agencia Efe. Aún con los ojos encharcados, Pedro Manuel no cejó en su deber e insistió. La sorpresa ha sido que esta necrológica haya adquirido una notoriedad inesperada, al ser reproducida después por varios periódicos en Madrid y en las Islas por Canarias Ahora.

Cuando el domingo 25 de junio de 2006 leí en El País su texto “Almería en el recuerdo”, incorporado por él a sus Obras Completas, me sobrecogió: “Por mi amistad con Federico Utrera, el arquitecto Ramón de Torres, el educador Juan José Ceba y Pepe el Barbero de La Traíña, algún día -¡antes de que se cumpla el nuevo ciclo de catorce años que pauta mis encuentros y desencuentros con Almería!-, me animaré a volver”. Por fortuna no se cumplió el pronóstico y aunque el poeta es siempre un visionario, Juan Goytisolo era muy mal profeta de sí mismo y un verdadero arúspice para su tiempo, para la historia y para los demás: regresó a los 3 años. 

Seguir leyendo »

“Me encuentro razonablemente mal”: conversaciones, episodios y fotografías entre Juan Goytisolo y Federico Utrera

Pertenezco a esa inmensa minoría de admiradores literarios junto al bibliotecario ya jubilado del Ministerio de Asuntos Exteriores y arabista Fernando de Agreda, que desde Majadahonda, Almería, Barcelona o Madrid (unos 300 en España, 3.000 en todo el mundo según las cifras de venta de sus libros) poseía el escritor Juan Goytisolo (1931-2017), Premio Cervantes, Europalia y La Chanca, los únicos lauros que aceptó y llevaba personalmente a gala. Eterno candidato al Premio Nobel y el español vivo más traducido en todo el planeta, Juan Goytisolo falleció este domingo en Marraquech (Marruecos).

Autor de numerosos libros, en el prólogo de uno ellos, concretamente en el tomo dedicado al Periodismo, tuvo la generosidad de dedicarme varias citas, que en mi curriculum incluyo en el apartado de “Premios”. Rodó varias películas documentales con el cineasta Nonio Parejo y en una de ellas participé como asesor literario llevando los bártulos –porque si había oportunidad de viajar con Juan había que hacerlo hasta de maletero–. Además de galardonarme con su amistad y editarle un libro, coordiné un suplemento literario que rememoraba su regreso a Almería y su relación con otros artistas como el cineasta Vicente Aranda (entrevistado por el escritor almeriense José Miguel Naveros), el novelista norteamericano Nelson Algren (del que traduje sus vivencias con Juan), la literata francesa Simone de Beauvoir, –con quienes visitó la Alcazaba– entonces pareja de Jean Paul Sartre, y su poco conocida relación con su esposa Monique Lange, guionista y actriz francesa, con la que también viajó por la costa almeriense.

Seguir leyendo »

Enrique Martinón: el empresario que invitó a Soria expande sus hoteles apoyándose en políticos

La relación turística en República Dominicana desvelada por Canarias Ahora sobre las vacaciones del entonces ministro, José Manuel Soria (PP), en uno de los hoteles del empresario grancanario Enrique Martinón, que posee también establecimientos en Cuba, no ha sido original. Varios medios mexicanos relacionan también a Martinón con otros políticos locales a propósito de un megaproyecto turístico: Soto Lindo, en Isla Mujeres. Están en juego 1.400 millones de dólares para construir 9.600 camas de hotel en 221 hectáreas, dos marinas, un campo de golf, casinos y residencias exclusivas en los terrenos de Isla Blanca, ubicadas en la parte continental del municipio de Isla Mujeres, en el Estado de Quintana Roo.

Piratas sobre el Caribe tituló la revista mexicana Proceso a propósito de las andanzas de Martinón en México. Lo llaman así porque el “pirata” vasco Fermín Mundaca, que se hacía llamar “fomentador”, compró la mitad de esta isla mexicana en el siglo XIX y construyó una finca -La Hacienda del Pirata Mundaca– cuyos vestigios aún se conservan. Con 50 años se enamoró de una jovencita mexicana de 16 años conocida como La Trigueña, a quien consagró todas sus construcciones pero de quien no logró su amor. Y desde entonces, la maldición de Isla Mujeres radica en que en esta ínsula el dinero no todo lo consigue.

Seguir leyendo »

Soria baja 99 escalones en Madrid

La diferencia entre un sainete y un drama es que el primero es un tema jocoso y normalmente de carácter popular que difícilmente subirá algún escalón en la historia del teatro, mientras que el drama es una síntesis de la comedia y la tragedia. Esta última, según Milan Kundera, un nobel sin premio, se produce cuando dos verdades chocan. El caso Soria en la política española comenzó como un drama (caso Eolo, caso Favorita), continuó con una tragedia (caso Chalet), degeneró en comedia (caso Salmón), continuó con un thriller que le costó el puesto (papeles de Panamá) y ha concluido con un sainete: el caso Punta Cana. En este último, el Juzgado 99 de Madrid verifica si es cierto o no que el ex ministro se hospedó en sus vacaciones de la República Dominicana a precio de ganga. Lo que va del 99 al 1 para caer de nuevo en la casilla 99 es el recorrido de Soria en las últimas tres décadas: asesor del ministro socialista Solchaga (1989), alcalde con el PP (1995), presidente del Cabildo (2003), vicepresidente del Gobierno canario (2007), ministro (2011) y… ciudadano de a pie (2016). 

Personaje de extremos, su ascenso político fue progresivo y consecuente mediante parecidos escalones a los que ordenó subir su sillón en el Cabildo que presidía para aparentar más autoridad con su mando en plaza. La brusca caída del 1 (Ministerio) al 99 (Juzgado) se produce ya este mismo año 2016. Daba pena ver en la Plaza de los Cubos de Madrid al que fue amo y señor de las Islas Canarias, aquel que contaba entre exabruptos y carcajadas las cabezas de los periodistas que había decapitado. Ahora huye de las cámaras de televisión, repitiendo un triste soniquete –“no lo recuerdo, no lo recuerdo”– mientras sus adversarios posan ante esas mismas televisiones –Antena 3, La Sexta– porque creyó que en la península podía imponer sus disparates con la misma arbitrariedad que en el archipiélago. Y ahora resulta que en su primera vista contra un periodista nacional –Ignacio Escolar– sorprende a jueces, fiscales y abogados –“no lo recuerdo, no lo recuerdo”– con facturas autógrafas –siempre el chapucero manuscrito en la era digital– que salen a la luz por arte de birlibirloque y que sonrojan a quienes vieron a este antaño poderoso arrastrarse ahora en el fango del juzgado 99, junto a timadores y trileros de la Plaza de España, carteristas del “metro” y rateros de poca monta detenidos en Lavapiés. 

Seguir leyendo »

De Wikileaks a Panamá pasando por Canarias

Cuatro redactores se reunieron ante los alumnos del master del catedrático Víctor Sampedro (URJC) para conformar una mesa redonda titulada De Wikileaks a los Papeles de Panamá. Pertenecían al Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), Infolibre, eldiario.es y 20 Minutos. Uno de ellos, Ángel Calleja, hizo esta reflexión: “Para que se produzca el cambio a nivel social y periodístico hay que cambiar nuestra cultura como país y la educación desde la escuela. Una asignatura de ciudadanía pública que nos enseñe, o como lo queráis llamar. Por otro lado, ¿cuánto podemos soportar?. Todo lo que nos echen y más. Nos da igual. A cada filtración que pasa solo nos percatamos de algo que ya sabíamos. Pero hasta que no nos golpean con los documentos no nos damos en las narices. Si leéis a Henry Kissinger os vais a escandalizar. Carlos Sosa ya publicó en su día todos los documentos que probaban los casos de corrupción de Soria desde que entró en política. Nadie le hizo caso. The Guardian publicó con los Papeles de Panamá un titular que era: “Los ricos evaden impuestos”. Tirando del típico humor inglés, imagino”. Ángel Calleja lo palpa a tientas, no conoce a Carlos Sosa, aunque probablemente sí que lo ha leído, como han hecho muchos de los que han tenido que seguir el “caso Soria” estos días. Los “cabezas cortadas” nos hemos convertido ahora en “cabezas pensantes”. Siempre es preferible a ser cabeza de chorlito o cabeza de turco. Pero sería bueno recordar qué cosas han ocurrido previamente porque explican lo que sucede después, que no es por arte de magia ni de birlibirloque. Si alguien hubiese profetizado la caída de Soria antes de la repetición de las elecciones –cuando él se jactaba de acariciar la vicepresidencia económica bajo un Gobierno tecnócrata presidido por Luis de Guindos, que es lo que se perfila ahora con otros nombres– hubiese sido tachado de loco o iluso. Las tropelías de Soria eran conocidas por aquellos que leían Canarias Ahora o eldiario.es pero eso no provocaba su pérdida de credibilidad y con ella su dimisión. Sus desmanes además seguían siendo los mismos en sus nuevos episodios (Repsol, Castor, Energía Solar). Entonces ¿Qué cambió? Lo explica precisamente el profesor Sampedro en su libro El Cuarto Poder en Red: ha cambiado el periodismo porque se han modificado sus normas, sus referentes y sus códigos. Vuelve a sus orígenes. El futuro es la historia. La tecnología es el atrezzo. Víctor Sampedro fue compañero mío en las aulas de la Universidad Rey Juan Carlos. El era un catedrático respetado, yo un modesto profesor asociado. No tuvimos el gusto de intimar, pero supe más de él por una web de contrapoder que le entrevistó y publicó profusamente cuando nadie lo hacía. Su libro era como la Biblia de Lutero en época de contrarreformas, su mera lectura, herejía. Esa web innombrable que él sí elogiaba rompió el tabú –y otros muchos que no vienen al caso– y Sampedro se convirtió en referente “contramediático” porque lo habíamos perdido todo, hasta el miedo. La paradoja es que ese profesor nunca ha ejercido de periodista aunque sea docente universitario en Comunicación. Esto aflora como la experiencia está vedada en la academia, que sí cultiva con generosidad la teoría y la ciencia. La cojera que ya vislumbró Alberto Jiménez Fraud en su Universidad española: Ocaso y Restauración y que dio lugar a la Residencia de Estudiantes de Dalí, Lorca y Buñuel.

Sampedro también fue un visionario como Fraud: supo ver que el papel del periodista había cambiado. Y que los iconos del nuevo periodismo no eran Tom Wolfe, Gay Talese o Vargas Llosa, que pertenecen al siglo XX, sino Assange, Snowden y Manning, que además no son periodistas sino informáticos. En su libro cuestiona el periodismo de mesa redonda y cabeza cuadrada porque no lee teoría ni ciencia y además está apesebrado. Y viene a decir que la seminal transgresión del periodista –que también paradójicamente Juan Luis Cebrián dibujó desde el régimen mejor que nadie con bellos e interesantes perfiles históricos en su libro El pianista en el burdel– ya no se encuentra en las redacciones sino en los hackers. Solo si el periodista admite la supremacía del tecnólogo, el interés del ciudadano (redes sociales) y cruzan todos juntos el Missisipi con el agua al cuello volverá a recuperar su crédito. Y con ello, su estima social y su salario digno. Por contra, arracimado con el poder será la carne de cañón en la que actualmente se ha convertido, despreciada por los poderosos que responden a las adulaciones y caprichos con las migajas que caen de su opulenta mesa. El periodista siempre fue un superviviente y por ello se moverá siempre entre el idealismo y activismo de estos pioneros y heroicos hackers y el rezo diario a ese padre poderoso que está en los cielos, santificando su nombre, ansiando su reino, haciendo su voluntad en la tierra y en el cielo a cambio del pan nuestro de cada día y del perdón de las deudas (bancarias, por supuesto) para no caer en la tentación de la política o la corrupción. Y esa quijotesca ambivalencia es la que ha encontrado en el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, donde un centenar de medios de comunicación de todo el mundo se han mancomunado para cambiar una de las normas del periodismo del siglo XX: si un poderoso esconde una ilegalidad, hipocresía o inmoralidad, el periodista está legitimado para publicarla sin que importe el origen espúreo de la fuente, solo su veracidad. Es el “cuarto poder en red”, origen de las filtraciones que están asomando en este nuevo siglo: Wikileaks, la Lista Falciani, antes la Lista Kieber o los emails de Blesa y ahora los Panamá Papers. Y los que vendrán. En el siglo XX jamás se hubieran publicado. Hoy han hecho dimitir a medio centenar de dirigentes y famosos corruptos en todo el mundo que ocultaban su realidad financiera, empresarial o tributaria. Hasta Almodóvar ha visto disminuir su taquilla. Por eso el régimen se esfuerza en apuntalar su cuento de hadas de la transición y su Cuéntame cómo pasó de Imanol Arias, otro actor “panameño” como lo era el entrañable Antonio Garisa en la época de Franco. Con los cánones del periodismo clásico un tipo como Soria hubiese durado siglos embalsamado en formol. Con el “cuarto poder en red” se ha esfumado en cuestión de segundos, confirmando lo que en efecto los periodistas más veteranos venían publicando durante años con grave riesgo de su patrimonio y hasta de su libertad: en España no hay primera enmienda como en Estados Unidos y vamos tirando con una Constitución que castiga hasta a los títeres y cachiporras, prohibe reinar a las mujeres y obliga a hacer el servicio militar a los hombres aunque este haya desaparecido. De ahí que los periodistas hayamos dejado atrás los viejos esquemas de competitividad y corporativismo que nos han llevado a la ruina –“perro no come carne de perro” o “entre bomberos no se pisa uno la manguera”– y estemos abonando terrenos más feraces de cooperación e inteligencia común en red. La doble identidad, el espía detectivesco o el anonimato han venido a sustituir aquellos ingeniosos pseudónimos con los que Larra podía contar magistralmente la verdad impronunciable. Aún antes Cervantes o Shakespeare ejercían de periodistas “anonymous” camuflando o desvirtuando hasta su propio nombre.  La época de los Soria ha terminado, lo cual no significa que no haya más “Sorias” que desenmascarar ni que no vayan a surgir otros nuevos. Alrededor del poder siempre se genera ocultamiento y corrupción independientemente de las ideologías, y están más más extendidas de lo que creemos. Observen el argumento de Mariano Rajoy en su defensa: Soria le explicó a él “exactamente lo mismo” que decía en las ruedas de prensa (es decir, sus mentiras), pero “las he respetado y lo único que puedo decir es que, además de ser un buen amigo, ha servido muy bien a este Gobierno”. Amistad y servilismo fueron sus valores. Los mismos que los de la ley de la omertá. De ahí su epitafio: “Soria ha demostrado un nivel de exigencia como no han demostrado otros dirigentes políticos”. Era el más amigo y el más servil. Por eso al ser cazado con las manos en la masa, dimitió, se entregó. ¿Cabe mayor prueba de amistad y lealtad al capo? Esto último es cierto, pero no en exclusiva: hoy la mentira en política se castiga en España como desde hace muchos años se hace ya en las democracias anglosajonas y protestantes. Con la ruptura del bipartidismo ha entrado el erasmismo. De ahí que el portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando, haya preferido otra necrológica: “Soria ha dinamitado su credibilidad como persona y como cargo público”. Al engaño lo define así: "cayó en numerosas contradicciones día tras día". Y lo explica sin necesidad de saber latín: ”Se ha ido porque el lunes salieron unos papeles y fue a dar unas explicaciones que finalmente no eran reales. El martes fue al Congreso a dar otras explicaciones que finalmente pudimos comprobar que no se adecuaban a la realidad y el miércoles volvió a dar otras explicaciones en la misma situación. Dio explicaciones incoherentes". No es del todo cierto: sus argumentos hubiesen sido perfectamente coherentes en un régimen de opinión pública del siglo XX, donde el político habla y el plumilla transcribe sin reparar en las “contradicciones”. Hoy maneja documentos, información privilgiada y privada, fuentes muy cercanas y personales. El relato y la información han dejado de ser barreras infranqueables. Canarias, ahora, se apoya en Wikileaks.

Seguir leyendo »

Soria usó dos testaferros y tampoco presentó las cuentas de sus empresas en Jersey y Londres

Continúan las revelaciones de la prensa sobre el caso Soria. Al hallazgo de los “papeles de Panamá” publicados por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) en España, se sumaron este domingo más novedades: el ya ex ministro canario utilizó dos testaferros y no presentó las cuentas de sus empresas en Jersey y Londres. Además, ninguno de los depósitos contables presentados en España por sus empresas recoge de forma clara la participación del 20% que su sociedad tiene sobre su filial en Reino Unido, la misma que deriva después en la isla de Jersey, en cuya documentación aparece la firma del ya ex ministro.

Los periodistas Carlos Segovia, Joaquín Manso y Víctor Martínez (El Mundo) tuvieron oportunidad de verse este fin de semana con Soria y le preguntaron a bocajarro: “En la constitución de la empresa de Jersey no figura su nombre, ni su hermano, y tampoco en las actas anuales. Figura sólo en la disolución. Hay 12 acciones de dos testaferros del BBVA que los encubren”. Y el ministro lo negó: “Nosotros constituimos la sociedad con nuestro nombre, eso es lo que nos han dicho los abogados”. Sin embargo, el ex ministro no se esperaba la réplica porque los tres periodistas le mostraron entonces un documento: “No, mire, éste es el acta de la constitución [se le muestra]. Soria examinó entonces la documentación largamente y respondió: “Mire, los abogados el jueves pasado me dijeron que nosotros teníamos nuestro nombre en la constitución de la empresa”. Pero los tres informadores no se lo tragan: “Pues su nombre no aparece, no sólo ahí, tampoco en actas sucesivas”. Nueva respuesta del ex ministro: “Pues desde luego ésta no es la información que nos dieron el jueves desde el despacho que montó esto”. Y nueva contrarréplica de los periodistas: “Hasta disolver, están ocultos”.

Seguir leyendo »

Soria se vuelve a liar con su IRPF

"Usted dice que en los últimos 21 años se ha dedicado por completo a la actividad política. ¿Desde el año 1995 deja de cobrar nada fuera de la actividad política?" "Ahí están todas las declaraciones de Hacienda y verá que todos mis ingresos a lo largo de 21 años se corresponden con ingresos de las administraciones donde he estado. Cuestión distinta son los ingresos percibidos por la herencia de mi padre (año 1990) y mi madre (año 2010), aunque eso figura como ingreso, lógicamente". Soria ha retado en 13 TV a Hacienda y a los periodistas a que le investiguen porque "yo dejé la empresa [Consignataria Oceanic] y todo tipo de actividad empresarial desde que entré en política". Y ante la pregunta de si tiene la conciencia y los datos limpios con Hacienda, responde: "Yo tengo, y las tiene todo el mundo, mis declaraciones de Hacienda, de los últimos años y de todos los años, para saber lo que he ingresado y lo que he tributado por ello. Esas están totalmente disponibles. Yo tengo la declaración de la renta y la liquidación del Impuesto de Sucesiones y Donaciones de cuando fallecieron mi padre y mi madre. La tengo yo y la tenemos todos los hermanos, por tanto eso está totalmente disponible. Y yo cobraba de la empresa radicada en Las Palmas Oceanic Lines. Esa era la empresa que a mí me pagaba mi sueldo. La otra sociedad [UK Lines Limited] generaba ingresos y gastos, pero esa era una sociedad inglesa y en Reino Unido está la contabilidad de esa empresa. Esas obligaciones contables y tributarias se han cumplido absolutamente en Reino Unido".

Según se desprende de su declaración de bienes en el Congreso de los Diputados fechada el 7 de enero de 2016, Soria declara un sueldo de ministro de 73.000 euros y otros 18.000 por acciones, intereses y fondos, por lo que pagó un IRPF de 24.000 euros. Sin embargo, el periodista Carlos Segovia sostiene que "en su declaración de bienes al inicio de la legislatura, Soria reconocía en 2012 un patrimonio de 1,23 millones de euros entre bienes inmuebles (417.805 euros) y otros bienes (820.492), incluidos fondos de inversión". Y ahora, cuatro años más tarde, "esa cifra ha aumentado hasta superar los 1,5 millones". Quiere esto decir que Soria ha incrementado sus bienes en cuatro años como ministro en 330.000 euros, a razón de 82.500 euros anuales. Pero sus ingresos de +73.000 (salario) +18.000 (financieros) -24% (IRPF) arrojan un saldo neto de 67.000 euros, con los que además debe pagar su alto nivel de vida, de él y de su familia. ¿Cómo se pueden ahorrar 82.500 euros anuales ganando sólo 67.000?

Seguir leyendo »

Españoles: Soria ha muerto

He recibido esta mañana casi una decena de llamadas de teléfono felicitándome por la “muerte” política y civil de José Manuel Soria como si yo hubiera sido co-autor del garrote vil. Todavía perplejo por la reacción ciudadana, parecida a la que suscitó aquel “Españoles: Franco ha muerto” de Arias Navarro entre la sociedad antifranquista de la época, nada más lejos de la realidad. Yo soy más bien otra víctima de Soria, no su verdugo. Forzó a dos editores a despedirme de sendos medios de comunicación en los que trabajaba si querían seguir contando con sus generosos patrocinios publicitarios y a punto estuvo de borrarme del mapa del periodismo parlamentario tras más de dos décadas de ejercicio profesional en este país. Entenderán por ello mi lealtad y admiración a Carlos Sosa: solo él recogió mis restos apaleados que arribaron a las playas canarias, ahora y entonces. Las víctimas son solidarias por experiencia propia con quienes padecieron abusos deshonestos desde el poder.Tiempo habrá de contarlo todo con la precisión de un cirujano pero retengan mientras en la memoria aquellas largas colas que circundaban la Plaza de Oriente y como España se tornó demócrata de la noche a la mañana en cuanto el dictador estiró la pata. Hoy aquellos nostálgicos de la vela y el incienso son extraparlamentarios y ahora todos somos modernos. Es ley de vida. Mentiría si dijera que no me alegro de la dimisión de Soria –como de cualquier otro dirigente que haya usado su cargo en beneficio propio– pero aún más si alguien atisbara animadversión alguna hacia el personaje o su partido. De hecho, una buena parte de mi familia los ha votado en estos últimos años –y no es menos verdad que otra tanta los ha combatido– pero sin perder nunca la cordialidad, deportividad y tolerancia de la que la sociedad civil hace gala muy por encima de la que aún no ha entrado en la clase política. Y por culpa de la cual aún no hay Gobierno ni lo habrá. Pero nunca hubo inquina ni visceralidad contra ese atropello, muy entendible en clave de poder. Una vez leído a Shakespeare y sus tragedias de corte, contrastadas con la experiencia que supone haber conocido a más de 5.000 políticos de primer nivel durante 20 años, nada de lo humano me es ajeno, que diría Terencio, comediante romano. Los árbitros que estamos convencidos de nuestro papel somos así. No nos dejamos influir ni por quienes nos detestan, no digamos por aquellos que dicen admirarnos.De toda la torrentera de artículos, a cual más lúcido, sobre la dimisión de Soria y su renuncia pública a la política, me han impactado especialmente tres. Los firman tres directores de diarios con los que he trabajado y creo que arrojan algo más de luz sobre un político que vino alumbrado por la madre esperanza y concluyó sus días como siniestro hijo de las tinieblas y la mentira.Jesús Cacho: “La agonía de un ministro”: “Y yo trato de calmarle, de animarle porque es mi amigo, y de analizar el problema con cierta frialdad, lo que ha salido en los medios, las explicaciones que ha dado, lo que se puede hacer, pero en un momento determinado le lanzo a la cara la pregunta del millón, porque sus amigos necesitamos también saber el terreno que pisamos, más que nada para no hacer el ridículo, de modo que le pregunto a cara de perro, pero vamos a ver, José Manuel, respóndeme a una cosa, que hace muchos años que nos conocemos y soy tu amigo: ¿tú has tenido alguna vez firma en alguna empresa offshore tuya o de tu familia?" -¡No!, respuesta contundente”.Cuenta Mateo Alemán en su célebre “Guzmán de Alfarache” que “Quien quiere mentir, engaña, y el que quiere engañar, miente”. Es el admirable capítulo en el que Guzmán describe lo que aconteció con un capitán y un letrado en un banquete que hizo el embajador y en el que narra la terrible cosa y el mal que sufre quien supone que a pesar del tiempo y su desengaño, puede darse a entender lo contrario de la verdad. Y que tintas, emplastos y escabeches nos desmientan y hagan trampantojos. Supe que Soria mentía cuando investigué el origen y ubicación de su famoso chalet en Santa Brígida por encargo de la revista “Interviú” –la misma cuyo director luego me despediría por orden de su editor al lograr documentar tamaño desaguisado– y ahí comprobé que quien no había leído a Mateo Alemán había sido yo: no me ataban la lengua prisiones, ni enmudecían destierros, ni atemorizaban amenazas, ni enmendaban castigos. Y así me fue como me fue. Al igual que a Jesús Cacho, que tanto me enseñó en “El Confidencial” y que terminó igualmente traicionado por aquellos a quienes creía servir.Francisco Suárez Álamo: “Lo hicimos entre todos”. “Soria se irá por la puerta trasera. Sin fiestas, sin homenajes y sin haber tocado esa gloria que él mismo creyó que tenía al alcance, cuando filtró en la segunda mitad de la legislatura que estaba a punto de ser nombrado vicepresidente económico porque Sáenz de Santamaría caía en desgracia, o más recientemente, cuando utilizó a su equipo de comunicación -uno de sus muchos errores, ciertamente- para extender el rumor de que él sería el futuro presidente del Partido Popular y que su amigo Luis de Guindos sería elegido presidente tecnócrata a última hora en un intento de evitar a la desesperada nuevas elecciones generales y salvar al país de la quiebra. Seguramente Soria se lo creía, pero es otra más de las historias que fabricó en sus sueños, que acabó haciendo suyas y que vendía con ese verbo contundente con que le dotó la naturaleza”.Supe que Soria jamás comparecería en el Congreso para explicar sus tropelías cuando alguien me susurró que Soraya anidaba venganzas escondidas contra quien creía que había engañado con falsos embelesos al propio Rajoy. De ahí la importancia que inesperadamente cobró la casi inocente noticia del fact check de Ana Pastor en El Objetivo y que, según me dicen, fue el detonante de esta meteórica caída de quien todo ases en la mano tenía: Soria había engañado al de Pontevedra haciéndole creer que todo lo que rodeaba sus continuas causas políticas, civiles y penales era fruto de la inquina de un periodista canario, que para más desgracia, se había unido sentimentalmente a una jueza ahora diputada de Podemos. Ellos dos fabricaban pruebas, instruían sumarios, difundían maledicencias, publicaban falsedades… El presidente se lo creyó –o hizo como que lo creía, o le interesaba creérselo– hasta que una cándida periodista llamada Natalia Hernández telefoneó al TSJC y descubrió el ardid: Vicky Rosell nunca había instruido nada contra Soria, ni antes ni después de conocer a Sosa. “Mariano, no lo repitas más, creo que José Manuel te ha engañado”, fue la frase lapidaria. Espero que no me desmientan si, cuando vislumbré el posible alcance del “hallazgo”, el ya harto periodista canario apenas reparó en la noticia y me costó persuadirle de su novedad y publicación. El efecto “nacional” fue demoledor: era la primera vez que Soraya podía ir al “jefe” y contarle con pruebas que todo lo que Soria argumentaba eran cuentos de hadas. Y sus supuestos enemigos mediáticos en realidad quijotes contra gigantes disfrazados de molinos de viento, si acertamos a ver la antífrasis. Cuando al poco afloraron los “papeles de Panamá”, que Soraya ya conocía, el aludido volvió a usar sus viejas prácticas, pero esta vez no había periodista ni jueza de por medio, la excusa era más complicada. Entró entonces en ese laberinto borgiano de contradicciones que el dédalo de Ovidio señaló: las alas de cera se le derritieron por acercarse demasiado al sol y Soria se dio el batacazo de su vida. La época de la impunidad había terminado.Carlos Sosa: “Soria siempre mintió así”: “Esta misma semana nos hemos enterado en Canarias Ahora cómo se redactó y cómo se sometió a un proceso forzado de envejecimiento el falso contrato de alquiler que fue presentado ante un juzgado para desmentir nuestras informaciones del caso chalet, aquellos 21 meses que la familia de Soria vivió de gorra en un lujoso chalet de Santa Brígida mientras le construían su actual mansión. Una empleada del empresario Javier Esquivel, propietario del chalet, lo pegó primero con cinta adhesiva a una ventana de las oficinas de OPCSA, y al comprobar que el proceso de envejecimiento era demasiado lento, optó por extender los papeles en el suelo de una terraza y sujetarlos con unas piedras para que el sol le diera de lleno y aquella falsificación adquiriera rasgos de antiguo”.Aunque los métodos de manipulación y alteración de la verdad sean dignos de una película de Cantinflas, que ahora regresa con el actor español Oscar Jaenada –el eterno retorno de Poincaré en la ciencia, de Nietzsche en la filosofía o de Kundera y Madame Bovary en la literatura–, ese maldito chalet fue el origen y final de mis desdichas: cuando localicé el plano, la casa, las fotografías y hasta los compañeros de pupitre de quienes antes lo adoraban y luego fueron sus víctimas eólicas, nuestro ministro en funciones que ya no funcionan me juró odio eterno y vaticinó ante testigos mi fatal destrucción. Como lo consiguió forma parte de otra historia, pero baste apuntar que en sus delirios él deseaba que en ese imaginario partido donde él pretendía jugar con un equipo de champion y los demás con otro de segunda, yo estorbaba. Mientras todo fueran antagonismos insulares del típico “pueblo chico, infierno grande” nada habría que temer. Pero ocurrió que la UD Las Palmas subió a primera y el Real Madrid perdió la champion y la liga, entrando en liza un tercero llamado At. Madrid, que rompía el ancestral bipartidismo. Eso no entraba en las quinielas del aprendiz de brujo. Y hoy tenemos que, tras la inesperada derrota en casa con el modesto equipo amarillo, los socios y directivos del palco blanco han condenado a su presidente a galeras. Ojalá descanse en paz porque el destino, sin las herramientas de coacción que proporciona el poder, suele ser muy cruel con quienes lo desafían. Y la segunda transición, mucho me temo, acaba de comenzar.  

Seguir leyendo »

La prensa internacional recoge el escándalo de la sociedad opaca de Soria

La prensa internacional recoge el “caso Soria” de presunta evasión fiscal y en el Reino Unido llegan a compararlo incluso con el de David Cameron por sus paralelismos. La agencia Reuters, que distribuye desde Londres sus noticias por todo el mundo anglosajón, difunde una noticia firmada por los periodistas Blanca Rodriguez, Paul Day, Julien Toyer y Richard Balmforth en la que tras describir el suceso, concluye que “el gobernante del Partido Popular (PP) Soria se ha visto afectado por una serie de escándalos de corrupción, elevando estos chanchullos [pushing graft] a lo más alto de la agenda política y enviando con ello a millones de votantes a la búsqueda de alternativas al sistema bipartidista tradicional”. El popular Daily Mail publica una crónica de la agencia norteamericana Associated Press en la que recoge como Soria niega tener relación con la empresa de las Bahamas UK Lines Limited y con la firma británica “del mismo nombre”, ya que ésta última era “un mero proveedor de servicios para un negocio familiar de fletes que ellos usaban para operar”, según Soria. La noticia se publicó antes de que la prensa descubriera que el ministro en funciones también tenía relación con esta firma británica.

La cadena Fox, en sus emisiones en inglés, también recoge este télex de Associated Press, así como otros medios norteamericanos como la cadena KSL y británicos como el Herald Courier. La agencia económica neoyorkina Bloomberg elabora su propia crónica del periodista Robert Hutton, que informa de la defensa que ha realizado ante la Cámara de los Comunes el primer ministro británico, David Cameron. Tras recordar que los “papeles de Panamá” han desencadenado “la renuncia del primer ministro de Islandia, una moción de confianza en Malta, protestas callejeras en Noruega y una promesa del presidente argentino, Mauricio Macri, de poner sus activos en un “blind trust” (fondo de inversión intocable), Bloomberg destaca como Cameron alegó que había tardado una semana en reaccionar porque vio “odiosamente relacionado” el nombre de su padre con la empresa familiar acusada de evasión fiscal. Y añade: “Al mismo tiempo, José Manuel Soria, ministro en funciones de Industria, Energía y Turismo de España, dijo que nunca operó o fue dueño de una empresa offshore en las Bahamas y no sabe por qué su nombre apareció en los documentos filtrados que lo identifican como director de la firma”.

Seguir leyendo »