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Europa y África escenifican una nueva relación sin resolver su litigio comercial

LOS ACUERDOS ABARCAN DESDE EL CLIMA A LA INMIGRACIÓN

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Los líderes de la Unión Europea y África proclamaron este domingo el inicio de una nueva relación en pie de igualdad, cuyos objetivos formales abarcan desde el cambio climático a la gestión de los flujos de inmigración, pero no consiguieron resolver sus diferencias en materia comercial. Las críticas europeas al presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, y, en dirección inversa, los reproches del líder libio, Muanmar Gadafi, por el colonialismo, acapararon gran parte de la atención de la II cumbre UE-África.

La cita, que reunió en Lisboa a líderes de 80 países, fue, según resaltó en la clausura el anfitrión, el primer ministro portugués, José Sócrates, un éxito "histórico" que ha "pasado página" en el bloqueo que arrastraban las relaciones entre los dos continentes desde su primera cumbre, hace siete años en El Cairo. El documento de conclusiones anuncia una nueva "relación estratégica", con planes de acción a tres años vista en ocho áreas, incluidas las de seguridad, desarrollo, comercio, energía, cambio climático o inmigración.

Las conclusiones no hablan de financiación, si bien la Comisión Europea aspira a encauzar hacia estos nuevos objetivos el montante de la ayuda al desarrollo que la UE y sus Estados miembros dedican al continente africano, unos 36.000 millones de euros anuales. La ambición de los objetivos a largo plazo pactados por los mandatarios contrasta con la falta de avances en la cuestión más inmediata de sus relaciones, los acuerdos de libre comercio que la Comisión Europea trata de suscribir con las regiones africanas.

Régimen arancelario

El presidente de Senegal, Abdulayé Wade, lideró durante la cumbre la oposición a una iniciativa que considera perjudicial para África y, en rueda de prensa, llegó a instar a los africanos, "desde Casablanca hasta Ciudad del Cabo", a manifestar su rechazo. La posición africana no es tan unitaria como pidió Wade, pues 13 países -Botsuana, Kenia, Mozambique o Zimbabue, entre ellos- ya han accedido a firmar los nuevos acuerdos para no perder su acceso privilegiado al mercado europeo cuando expire el actual régimen arancelario que les asigna la Unión, el próximo 31 de enero.

Éste riesgo fue el principal argumento empleado por el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso. "Costa de Marfil, por ejemplo, perdería unos 700 millones de euros en comercio de bienes", alertó Barroso, que recordó que los nuevos convenios son un imperativo de la Organización Mundial de Comercio y que la UE ya ha accedido a aplazar a 2008 la negociación sobre servicios e inversiones, la más favorable a sus intereses.

Pese a la falta de avances en el capítulo comercial, Barroso, Sócrates y sus homólogos africanos -el presidente de la comisión de la Unión Africana, Alfa Omara Konaré, y el mandatario ghanés, John Kufuor, que ejerce la presidencia de turno de esta organización- coincidieron en elogiar el tono y los resultados de la reunión.

Críticas de Mugabe

Robert Mugabe no participó en ese espíritu de consenso. El presidente zimbabuense aprovechó la sesión de clausura para salir al paso de las críticas que recibió el sábado por parte de la canciller alemana, Angela Merkel.

Tras censurar la "arrogancia" europea, y calificar a Merkel de "portavoz" del primer ministro británico, Gordon Brown -ausente en la cumbre a raíz de la presencia de Mugabe-, llegó a afirmar que los zimbabuenses "enseñaron democracia a los británicos" durante el proceso de descolonización. El alto representante para la Política Exterior de la UE, Javier Solana, le respondió que son los propios zimbabuenses quienes sufren "la degradación de la situación económica, humanitaria y política" derivada del régimen de Mugabe y recordar que Europa sigue siendo "de lejos" la principal donante de ayuda a su país.

El líder libio, Muanmar Gadafi, no intervino el domingo pero el sábado recabó parte de la atención mediática al pedir a Europa una compensación por el colonialismo y asegurar que con 1.000 millones de euros resolvería el problema de la inmigración.

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