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El plan anticrisis de Sarkozy choca con Londres, Praga y Bruselas

SUS RECETAS TAMPOCO CONVENCEN A LOS CIUDADANOS

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El presidente francés, Nicolas Sarkozy, no sólo no ha convencido del todo a sus conciudadanos acerca de los beneficios de su plan de estímulo económico para hacer frente a la crisis sino que ha abierto varios focos de tensión más allá de las fronteras y sus recetas anticrisis han chocado con Londres, Praga y Bruselas.

Sus comentarios sobre la inutilidad de rebajar el IVA, como ha hecho el Reino Unido, o las críticas a los constructores automovilísticos que deslocalizan sus empresas en la República Checa le han valido a Sarkozy los reproches del primer ministro británico, Gordon Brown, y del checo, Mirek Topolanek. Además, este mismo martes la Comisión Europea ha expresado sus dudas sobre la legalidad de las ayudas acordadas al sector francés del automóvil y ha pedido detalles de este plan a París.

"Cuando vemos la situación en el Reino Unido y la situación en Estados Unidos, no envidiamos parecernos a ellos", llegó a decir el jefe del Estado galo durante la entrevista televisada del pasado jueves 5 de febrero, destinada a dar respuesta a las preocupaciones sobre la gestión gubernamental de la crisis expresadas una semana antes en la calle por más de un millón de franceses.

Sarkozy también rechazó de un modo despectivo aplicar en Francia la receta del 'premier británico' de rebajar el IVA en 2,5 puntos para estimular el consumo. Simplemente lo tachó de "error". Y Downing Street se encargó al día siguiente de hacer llegar al Elíseo que el calificativo no había sido bien recibido en Londres.

Tanto es así que hoy Sarkozy ha intentado corregir el tiro y, a través de un comunicado remitido por la presidencia de la República, "lamenta" la interpretación que se ha hecho de sus palabras y deja claro que "Francia y el Reino Unido actúan en la misma dirección" y que quiere "seguir trabajando estrechamente con el primer ministro Brown".

El mandatario galo elogia de paso el papel "motor" que ha tenido su colega británico en orquestar una respuesta común frente a la crisis y le reitera toda su "estima personal". Ya la pasada semana el Elíseo contactó con el número 10 de Downing Street para aclarar que las declaraciones de Sarkozy no tenían que entenderse como una crítica de la política económica británica.

No obstante, la prensa del Reino Unido simplemente se hizo eco de lo que dijo Sarkozy, sin más. "Los ingleses han optado por un relanzamiento a través del consumo, en concreto bajando dos puntos del IVA. Ya vemos que eso no ha generado absolutamente ningún progreso", declaró. "El consumo en Inglaterra no sólo no se ha recuperado, sino que sigue bajando", añadió.

Estimular el consumo: "agua en la arena"

Enemigo acérrimo de estimular el consumo en Francia, Sarkozy cree que las medidas para aumentar el poder adquisitivo son "agua en la arena" y sigue apostando por una gran inversión pública que mantenga y genere empleo y por las ayudas estatales a sectores clave de la economía francesa.

En esa línea se enmarca la advertencia lanzada a los constructores automovilísticos franceses de que cualquier contribución del Estado estaría condicionada al mantenimiento de la actividad en Francia y a evitar deslocalizaciones.

"Si damos dinero a las industrias del automóvil para restructurarse, no es para que nos demos cuenta de que una nueva fábrica se irá a Chequia o a otro sitio", llegó a decir durante la famosa entrevista. El primer ministro checo, Mirek Topolanek, calificó estas palabras simplemente de "increíbles" y amenazó incluso con una nueva crisis institucional en la UE.

"Cualquiera que quisiera seriamente amenazar la ratificación del Tratado de Lisboa, no podría haber encontrado mejor medio ni mejor momento", subrayó Topolanek, primer ministro de uno de los tres países que todavía no han ratificado el texto.

En la misma línea, destacó que "los intentos de aprovecharse de la actual crisis económica para introducir tales formas de proteccionismo pueden ralentizar y amenazar la recuperación económica en Europa".

Pero Sarkozy fue más allá y deslizó también una sutil crítica a la actuación de la presidencia de turno de la Unión Europea, igualmente en manos checas. "No hay que tener nada en contra de ellos especialmente (los checos), hacen lo que pueden", dijo con cierta condescendencia.

En todo caso, en la opinión que Sarkozy tiene del actual presidente en ejercicio habría que situar la iniciativa franco-alemana de convocar una cumbre extraordinaria de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea para coordinar nuevamente las políticas nacionales frente a la crisis, preparar el Consejo Europeo de primavera e intentar reactivar la maquinaria del crédito bancario, que sigue paralizada.

Temores de Bruselas

Mientras, la Comisión Europea pidió este martes a Francia más información sobre su plan de ayuda al sector del automóvil -que permitirá a Renault y PSA beneficiarse de 6.000 millones de euros en créditos blandos- por considerar que algunas de las condiciones que impone a los fabricantes para recibir fondos, especialmente la obligación de mantener su centro de producción en Francia, podrían vulnerar la legislación comunitaria.

El portavoz de Competencia, Jonathan Todd, dijo que el Ejecutivo comunitario "no autorizará ayudas que socaven el mercado único, porque éste es la fuente de la prosperidad y el crecimiento en Europa".

"Si se toman medidas que ponen en cuestión el mercado único, se corre el riesgo de que la recesión empeore y se convierta en depresión como en los años 30", aseguró. Bruselas no ha recibido todavía la notificación oficial del plan francés y sus sospechas se derivan de lo que ha visto publicado en la prensa.

La comisaria de Competencia, Neelie Kroes, se reunió la semana pasada con el ministro francés de Industria, Luc Chatel, para discutir el plan francés y ya entonces le advirtió de que cualquier ayuda que discriminara por motivos de nacionalidad o vulnerara los principios de libre circulación de bienes y capitales y derecho de establecimiento sería ilegal. Chatel le prometió entonces que el plan francés no sería proteccionista.

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