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Condenados al traslado

LA MASIFICACIÓN DE SALTO DEL NEGRO OBLIGA A ENVIAR A PRESOS A LA PENÍNSULA

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La falta de espacio en las cárceles de Canarias obliga, desde hace ya 13 años, al traslado de presos a prisiones de la Península. En el caso concreto de Salto del Negro, entre 2000 y 2006 la cifra de reclusos que han sido llevados a otras cárceles del territorio supera las 4.900 personas. Actualmente existen cerca de 800 cumpliendo condena en la Península. Una situación nada extraña si se tiene en cuenta que hoy por hoy la prisión provincial acoge a unas 1.400 personas pese a que sólo consta de 640 celdas con capacidad para no más de 750 personas.

Aunque la actual no es la mayor de las sobrecargas que ha soportado Salto del Negro ?ha llegado a contabilizarse casi 1.500 presos-, las cifras no engañan y "físicamente los presos no caben", denuncia Juan Manuel Alacid, subdelegado de la Agrupación del Cuerpo de Ayudantes de Instituciones Penitenciarias (Acaip) en Las Palmas.

De este modo, y mientras se materialice el futuro proyecto de una segunda cárcel en la isla, las conducciones (como así se llaman a los traslados) siguen siendo parte de la normalidad de Salto del Negro.

En cada conducción suelen trasladarse a 72 presos penados, es decir, cuando el juez ya ha dictado condena. Sólo entre 10 y 15 realizan el viaje a la Península de manera voluntaria.

Pero la masificación dentro de este centro penitenciario supone mucho más que cientos de personas trasladadas. Si bien es cierto que la mayoría de las celdas acogen a dos personas ?pese a que la Ley establece un solo recluso por celda-, en Salto del Negro existen 4 habitáculos para seis presos, e incluso otro espacio de 35 metros cuadrados en el que conviven ocho personas.

La cifra de funcionarios encargados de garantizar la seguridad en el interior de la cárcel tampoco deja a la prisión provincial en muy buen lugar: la plantilla suma un total de 380 trabajadores, aunque sólo 200 se dedican a la vigilancia. Estas 200 personas están repartidas en ocho grupos que, lógicamente, ejercen su labor por turnos. Con todo, cada día un total de 42 funcionarios se encargan de custodiar a los 1.400 reclusos.

En primera persona

Herminia Mejías cuenta las horas. Su hijo Jonathan forma parte del próximo grupo de presos de Salto del Negro que será trasladado a la Península. Jonathan, de 25 años, cumplirá los tres que le restan de condena en Lugo. Herminia se hace mil y una preguntas, pero no obtiene respuestas: "Nadie te dice nada, ni el día que se va, ni cuánto tiempo va a estar allí, ni cuándo podremos volver a verle,?nada". Esta madre no comprende por qué su hijo ha sido uno de los elegidos cuando tiene una gran familia, una novia y muchos amigos "que nunca han dejado de ir a visitarlo ni un solo domingo" en los tres años que lleva en prisión. En este sentido, Herminia reclama a la Administración pública un poco de coherencia a la hora de decidir quién se va y quién no. "No entiendo cómo alguien sin papeles o sin familia sigue aquí y a mi hijo, que tiene un hogar y gente que le quiere, se lo llevan", dice. Sabe que pasará mucho tiempo antes de que pueda volver a ver a su hijo -"mi trabajo y mi sueldo no me permiten hacer el viaje, con mucho esfuerzo podré ir a visitarlo una vez al año"-. "Se me rompe el alma".

Criterios y perfil

Para que un preso pueda ser llevado a otra cárcel debe existir previamente una condena en firme. A partir de ahí, se da prioridad a los que se presten voluntarios -entre 10 y 15 personas en cada conducción-. A continuación, se designarán los internos sin vínculo familiar -entre 20 y 30 presos en cada traslado- (aquí tienen preferencia los extranjeros y, luego, los canarios). El resto de los elegidos serán todos aquellos reclusos que, pese a tener vinculación familiar -es decir, que van a visitarlo-, no tengan hijos en la Isla. En cada conducción viajan 72 reos.

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