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De la Luna a Maspalomas

ARMSTRONG ESTUVO EN GRAN CANARIA EN 1969

El primer hombre que pisó la Luna pasó varios días junto a sus compañeros del Apolo XI en el Hotel Oasis.

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Tal vez para Neil Armstrong, Edwin Aldrin y Michael Collins fue tan sólo una escala más en su periplo por todos los lugares del mundo donde se había hecho un seguimiento del primer vuelo espacial tripulado por humanos que llegó a la luna, pero para Maspalomas supuso todo un hito histórico en un enclave que buscaba por aquellas fechas situarse en el mapa de los grandes destinos turísticos internacionales. La llegada de los astronautas del Apolo XI tuvo lugar unas pocas semanas después de regresar del vuelo espacial y es recordado en estos días tras la reciente muerte de Armstrong, el primer hombre que pisó la luna. Los nuevos héroes junto con sus esposas dedicaron varias semanas a realizar un periplo por distintos puntos del mundo en los que se habían situado las estaciones de seguimiento espacial, entre ellas el INTA de Maspalomas.

Lance Armstrong. (EP)

Lance Armstrong. (EP)

Armstrong y Collins llegaron al Hotel Oasis el día 4 de octubre de 1969 rodeados de una enorme nube de periodistas, medidas de seguridad y expectación, mientras que Aldrin lo había hecho por sorpresa un día antes. El entonces director del establecimiento hotelero, Alberto Isasi, recordaba hace algunos años que el séquito reservó un total de 40 habitaciones, lo que supuso toda una prueba de fuego para la organización del que entonces era prácticamente el primer hotel de importancia en el sur de Gran Canaria. En aquella, este establecimiento era, junto con el de Santa Catalina, los únicos de cinco estrellas de toda la isla. Isasi y el conde de la Vega Grande, Alejandro del Castillo y Bravo de Laguna, propietario del Hotel Oasis, fueron invitados el día que se llevó a cabo el histórico alunizaje para presenciarlo en la base del INTA, con lo cual estaban al tanto de toda la epopeya espacial.

Poco después los astronautas llegaron a la isla atrayendo consigo periodistas de todo el mundo. El primero en acercarse al hotel fue Aldrin, quien se presentó por sorpresa un día antes que sus compañeros. Por ello, Isasi pudo conocerlo con más profundidad e incluso lo invitó a una excursión por la costa del sur de Gran Canaria en el barco que era propiedad del empresario canario Virgilio Suárez. Durante esta travesía lógicamente parte de la conversación giró en torno a su viaje a la luna. "Nos contó algo que causó un profundo silencio que fue difícil de romper. Nos dijo que el momento más emocionante fue cuando antes de separarse del módulo para alunizar, tomó la comunión que llevaba en un estuche".

Al día siguiente llegaron el resto de los astronautas con sus esposas, a quienes también pudieron ir conociendo más estrechamente según se relajaba el protocolo y las medidas de seguridad. También le hicieron entrega de regalos como un timple, puros o una mantelería que ellos aceptaban encantados y con una corrección y buenas formas que han vuelto a ser rememoradas por estos días.

En otra de las jornadas Isasi pidió permiso al jefe de seguridad que estaba al mando de toda la comitiva para dar otro paseo por la costa con todos los astronautas. Al final, al entonces delegado de Turismo, Eduardo López, que sin saber por qué había sido vetado por el jefe de seguridad, pudo participar en la excursión, pero como marinero con camisa de rayas incluida. Recuerda Isasi que los más de doscientas periodistas que siguieron la visita tuvieron que conformarse durante todos aquellos días con sacar fotos lejanas a través de teleobjetivos, lo que da idea de la obsesión que existía por garantizar la seguridad de los héroes espaciales.

Isasi, quien nunca ha escondido su afiliación a la masonería, evoca que por aquella época sabía que Aldrin también practicaba las mismas creencias e incluso durante un viaje en 1977 a Texas visitó la logia a la que pertenecía el astronauta. En 1970 llegaría también al Hotel Oasis Maspalomas la tripulación del Apolo XII, la segunda y útima que puso pie en la luna. Las diferencias, sin embargo, fueron notables, ya que en este caso los astronautas no estuvieron rodeados de la misma expectación ni medidas de seguridad que los anteriores, lo que seguramente supuso un alivio para los responsables del hotel.

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