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Un inmigrante sin contrato queda impotente tras un accidente laboral

TRABAJABA EN GRAN CANARIA DE MANERA IRREGULAR A CAMBIO DE COMIDA Y ALOJAMIENTO

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Un joven inmigrante sin papeles arrastra desde hace más de un año graves secuelas físicas -entre ellas una disfunción erectil- y psíquicas a raíz de un accidente sufrido mientras realizaba labores de construcción en una finca de las medianías de Gran Canaria propiedad de su empleador. El joven de origen marroquí, Mohamed A., además de trabajar en la referida finca, también realizaba tareas de todo tipo -sin contrato ni seguridad social- en el negocio de su jefe, quien a cambio le proporcionaba comida y cobijo.

Los hechos fueron denunciados y puestos a disposición judicial y, en estos momentos, el caso se halla en fase de instrucción. En la causa, también se ha personado un letrado de la Seguridad Social ante el presunto delito de fraude por parte del empleador de la víctima.

Según el relato del abogado de Mohamed A., los hechos se remontan a un fin de semana del año 2007, cuando el joven inmigrante -de 27 años-, acompañado de otro colombiano que también trabajaba de manera irregular para el mismo empresario, estaban ocupados picando piedra y amasando cemento en el interior de una casa-cueva ubicada en la citada finca, en la Vega de San Mateo. Mientras tanto, otro grupo de personas -entre ellos el jefe de ambos- disfrutaba de un asadero al aire libre.

La mala fortuna quiso que una de las paredes y el techo de tierra y piedra de la casa-cueva se le viniesen encima a Mohamed, quien prácticamente quedó sepultado por los escombros tras caer del frágil andamio -compuesto por dos bidones vacíos y una tabla- sobre el que trabajaba. A causa del fuerte impacto, al joven sufrió aplastamiento de pelvis con fractura de la uretra y de una lumbar, además de sufrir lesiones en el bazo, genitales y otros órganos.

Debido a que la zona donde se produjo el accidente era de difícil acceso, Mohamed A. fue trasladado en una camilla improvisada con una puerta de madera hasta el lugar donde una ambulancia les esperaba para proceder al traslado al hospital -primero la Clínica Santa Catalina, desde la que fue enviado al Hospital Doctor Negrín-.

Durante el traslado -y siempre según el relato del denunciante-, a Mohamed se le cambió la ropa que llevaba puesta en el momento del accidente por un simulado equipaje de fútbol, con el objetivo de hacer creer que el joven había sufrido una caída mientras practicaba este deporte en la finca.

Ha pasado el tiempo y Mohamed A. se ha sometido ya a cuatro intervenciones quirúrgicas que, sin embargo, no han logrado acabar con una evidente cojera y una traumática disfunción erectil. Está cansado, frustrado, se siente -literalmente- impotente, y no quiere volver a pasar por quirófano. Cree que ya no servirá de nada.

Abandonado a su suerte

Este joven marroquí llegó al Archipiélago, como muchos otros miles de inmigrantes, en patera. Gracias al contacto de un paisano, logró que este empresario le diese alimento y le dejase un pequeño cuarto donde poder dormir. A cambio, de lunes y a viernes Mohamed realizaba labores de todo tipo en la pastelería de su patrón -también situada en la Vega de San Mateo- y, los fines de semana, trabajos relacionados con la construcción y albañilería en la finca donde se produjo el fatal desenlace.

El abogado de Mohamed reconoce que al principio del ingreso, el empresario iba a visitarlo al hospital, visitas que cada vez fueron espaciándose más en el tiempo hasta que, finalmente, desaparecieron. El chico se vio "solo, abandonado, tanto económica, como afectivamente", explica el letrado José Miguel Ibáñez Santana.

No obstante, mientras Mohamed estaba en el hospital y gracias a la intermediación de otro letrado, Ibáñez Santana consiguió que el empresario firmase un documento, tanto él como su esposa -copropietaria de la pastelería-, en el que asumía su condición de empleador, a la vez que admitía que el accidente se produjo mientras trabajaba -y no jugando al fútbol-. Con la firma, también se comprometía a correr con todos los gastos sanitarios que pudieran derivarse de los diferentes tratamientos a los que tuviese que someterse el joven extranjero.

Pese a todo, este joven sigue abandonado a su suerte, ya no sólo por su ex jefe, sino por el resto de sus compañeros de la pastelería. Todos siguen trabajando en la empresa y ahora alegan que Mohamed A. sólo pasaba por allí esporádicamente. Incluso el colombiano que estaba junto a él el día del accidente, tras admitir los hechos, ahora se ha retractado y se niega a acusar a su todavía patrón.

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